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Nuestra Señora de Lourdes y la victoria final

Vitral de Nuestra Señora de Lourdes
Santuario de  Lourdes

9ª aparición – jueves, 25 de febrero

La afluencia del público alcanzó aproximadamente unas 350 personas. Bernadette obedecía en éxtasis las órdenes de la noble Señora, subiendo hasta la gruta y besando la tierra con una agilidad sorprendente.

Así narró la santa lo que sucedió aquella mañana: “la Señora me dijo que yo debía beber de la fuente y lavarme en ella. Pero como no la veía, fui a beber en el Gave. Ella me dijo que no era allí y me hizo una señal con el dedo para ir a la gruta mostrándome la fuente. Yo fui, pero sólo vi un poco de agua sucia. Parecía lodo, y en tan pequeña cantidad que con dificultad pude coger un poco con las manos. Me puse a escarbar la tierra hasta poderla coger. Pero tres veces la arrojé fuera. Fue recién a la cuarta vez que pude beberla, de tal manera estaba sucia”.

La Santísima Virgen ordenó también a Bernadette comer césped de la gruta. “Ella me dijo que comiera de la hierba que se encuentra en el mismo lugar donde fui a beber. Fue sólo una vez, ignoro por qué”. Una vez interrogada, ella respondió: “la Señora me llevó a hacerlo, con un movimiento interior”.

Nuestra Señora le pidió que se lavase con aquella agua: “Id a beber de la fuente y lavaros ahí”. Su rostro quedó entonces sucio. La multitud no comprendía qué pasaba y comenzó a pensar que la vidente estaba loca. La escena, una de las más trascendentales en la historia de Lourdes, en un primer momento desilusionó a todos.

26 de febrero: nueva prohibición

Aprovechando la confusión momentánea, las autoridades emitieron una nueva prohibición de volver a la gruta. La escena del día 22 se repitió: habían 600 personas, pero la Virgen no apareció.

La gruta de Lourdes con las barreras colocadas por el gobierno

La gruta de Lourdes con las barreras colocadas por el gobierno

10ª aparición – sábado, 27 de febrero

Una masa compacta de 800 a 900 personas aguardaba a la vidente en la gruta alrededor de las 6:30 a.m. Durante 15 minutos, Bernadette caminó de rodillas y besó el suelo varias veces. En seguida, mandó con gestos a la multitud, en dos oportunidades, para que repitiera aquel acto de penitencia. Sólo a la segunda vez los presentes obedecieron. A partir de aquel día, el suelo y la piedra sagrada de Massabielle son cubiertos de besos de personas de todo el mundo.

11ª aparición – domingo, 28 de febrero

Caía una lluvia fina y constante y hacía un frío terrible, mientras cerca de 1200 personas se encontraban en la gruta desde el amanecer.

Bernadette llegó a las 7:00 a.m. Cuando se puso de rodillas, rezó el rosario y besó la tierra, un potente soplo pareció pasar sobre los presentes. Todos o casi todos los espectadores se arrodillaron, rezaron y besaron el suelo con ella.

Procesión a la gruta de Lourdes, en pleno siglo XIX

Procesión a la gruta, en pleno siglo XIX

12ª aparición – lunes, 1º de marzo

Esta vez, el padre de Santa Bernadette acompañó a su hija a la gruta. Desde temprano se congregaron alrededor de 1500 personas.

Por un pedido, la vidente había llevado el rosario de otra persona, pero a la hora de rezarlo la Dama le preguntó: “¿Dónde está tu rosario?” Santa Bernadette lo sacó entonces de su bolsillo. La Virgen, sonriendo, le dijo: “Úsalo”.

La santa repetía los gestos: comer hierbas, beber y lavarse con el agua de la gruta. El pueblo comenzó a imitarla y se constató que el agua brotaba cada vez más limpia y abundante.

Entre los asistentes, por primera y única vez estuvo un sacerdote. Fue el padre Antoine Dézirat, que ignoraba la prohibición que el clero tenía de ir al lugar. Él escribió: “Bernadette era la única que veía la aparición, pero todo el mundo parecía sentir su presencia [...] El respeto, el silencio, el recogimiento reinaban en todas partes[...] ¡Oh! Qué bien se estaba allí. Yo creía estar en la antesala del Paraíso”.

En la noche de aquel día ocurrió el primer milagro. Catherine Latapie, encinta de nueve meses, tenía paralizados dos dedos de la mano derecha. El mal le impedía atender las necesidades del hogar y de los hijos. Ella sumergió la mano en el agua y sintió un gran bienestar, ¡con los dedos moviéndose naturalmente!

13ª aparición – martes, 2 de marzo

En aquella fecha, Bernadette tuvo sólo una breve visión de la Dama. Había alrededor de 1650 personas. “Ella me dijo que yo debía decirle a los sacerdotes que se construya una capilla aquí”, narró la joven. Y contó cómo cumplió esa misión: “Fui a buscar al señor párroco para decirle que una Dama me había ordenado ir a decirle a los sacerdotes para que levanten allí una capilla. Él me miró por un momento y luego me dijo en un tono incomodado que quién era esa Dama. Yo le respondí que no lo sabía. Entonces me encargó de preguntarle a ella su nombre y de volver para contárselo”.

“La Dama dijo: «deben venir aquí en procesión»”, contó la vidente al párroco, padre Dominique Peyramale. Eso fue demasiado para el sacerdote.

P. Dominique Peyramale, de Lourdes

P. Dominique Peyramale

14ª aparición – miércoles, 3 de marzo

Tres mil personas se apiñaban en torno de la gruta. Santa Bernadette rezó por mucho tiempo. Pero se levantó con los ojos repletos de lágrimas, y exclamó: “No me apareció”. El mismo día, después de asistir a la escuela, sintió una llamada interior de Nuestra Señora. Regresó a la gruta y, esta vez, la vio.

Santa Bernadette cumplió la orden del párroco: “Le pregunté su nombre, de parte del señor párroco. Pero Ella no hacía otra cosa sino sonreír. Al regreso fui a la casa del señor párroco para decirle que yo había cumplido la misión, pero que no había recibido más respuesta que una sonrisa. Entonces me dijo que Ella se burlaba de mí y que yo haría bien en nunca más volver. Pero yo no podía dejar de ir”.

Para terminar con la cuestión, el padre Peyramale le respondió: “Si la Señora desea realmente una capilla, que diga su nombre y que haga florecer el rosal de la gruta”.

Años después, cuando Santa Catalina Labouré supo en París de las apariciones de Nuestra Señora en Lourdes exclamó: “¡Es la misma!” Esta santa lamentó varias veces que no se hubiese construido en la rue du Bac el santuario dedicado a la Medalla Milagrosa, pedido por la Madre de Dios. “Si los superiores hubiesen querido, la Santísima Virgen habría escogido nuestra capilla”, para operar los milagros de Lourdes, dijo en otra ocasión. Para ella, la Santísima Virgen escogió Lourdes para suplir la falta de interés que demostraron de las autoridades religiosas de París.7

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