Terremoto demoledor y confianza en la Providencia
- Eugenio Trujillo Villegas
Colombia está de luto. El paso de los días nos dirá el número de víctimas mortales, de damnificados y de daños sufridos en las grandes ciudades y en las más de 200 poblaciones afectadas.
La actitud de nuestro pueblo ante la dimensión de la tragedia es lo que mide la fortaleza de la nación. No es la primera vez que Colombia sufre estos embates brutales y despiadados de la naturaleza. En las últimas décadas, la tragedia golpeó a Popayán (1983), Armero (1985), y a Armenia y Pereira (1999).
A pesar del inmenso sufrimiento ante el desastre, la fuerza del pueblo colombiano ha superado la adversidad y las dificultades. En el caso de ahora, la magnitud de la destrucción del terremoto supera todas las anteriores catástrofes, más allá de lo que digan las noticias, porque la devastación en toda la región pacífica es inconmensurable.
Una destrucción colosal
Decenas de miles de casas y edificios han colapsado y muchos más que quedaron en pie tendrán que ser demolidos. Hospitales, escuelas, colegios, universidades y edificios públicos han sufrido muy graves daños. A veces la ayuda se demora, porque la magnitud del desastre es enorme y nunca estamos lo suficientemente preparados, pues estos acontecimientos son impredecibles, pero la terrible realidad es que acontecen.
Estos son los momentos en que una nación debe clamar a Dios por misericordia y manifestar una firme convicción que permita superar todos los obstáculos para reerguirse, por grandes e imposibles que parezcan.
Cuando una nación se convence a así misma que tiene las capacidades para superar la tragedia, comienza la reconstrucción. Si es necesario, hay que comenzar de nuevo y hacer todo lo necesario para que mañana tengamos de nuevo todo lo que hemos perdido, pero mucho mejor. Es cuando la tragedia se convierte en una fuerza imparable que nos devuelve la vida, el bienestar y el progreso.
El Gobierno, bajo la dirección del recién posesionado presidente Abelardo de la Espriella, se ha puesto al frente de las soluciones desde el primer instante del terremoto. Colombia tiene un capitán que dirige las operaciones, con un equipo honesto y competente que apenas está siendo conformado, pues la tragedia golpeó en el primer día hábil de este gobierno, cuando aun ni se habían nombrado los nuevos funcionarios que reemplazarán la burocracia inútil y corrupta del gobierno anterior.
Las consecuencias de una entidad que fue saqueada
Qué diferencia inmensa con el gobierno que teníamos, cuando el innombrable expresidente llegó una semana después a atender la tragedia de las inundaciones en el Departamento de Córdoba, porque estaba entretenido con una (o uno) de sus amantes en Panamá. Y cuando llegó a Montería, no quiso recibir a los alcaldes de las ciudades que estaban inundadas hasta los techos de las casas. Durmieron en el piso, en los pasillos del recinto donde se celebraba la reunión del presidente con sus ministros, sin escuchar la voz de los damnificados y sin coordinar ayuda alguna con sus alcaldes.
¡Qué diferencia abismal con lo que vemos ahora!
Otro episodio que pasará a la historia por su ignominia, es la decisión del director de la Unidad de Gestión de Riesgo, la misma que fue saqueada sin misericordia por el petrismo, quien emitió un comunicado diciendo a las naciones que ofrecían ayuda humanitaria, que Colombia no la necesitaba. Por esa estupidez infame los equipos de rescate ofrecidos por México, EEUU, Israel y otras naciones, tardaron varios días en llegar, cuando su presencia se requería lo antes posible.
Acto seguido, ese sujeto fue destituido y reemplazado por un funcionario competente, que en forma inmediata ratificó que esa ayuda era bienvenida y que debía llegar con urgencia. Pero se perdieron muchas horas que eran fundamentales para encontrar personas con vida en medio de las ruinas, pues los equipos de Colombia son insuficientes para atender emergencias en 200 poblaciones al mismo tiempo.
Eso es lo que acontece cuando los funcionarios públicos, especialmente los encargados de atender los desastres naturales, son politiqueros corrupto e ideologizados, como lo fueron todos los que manejaron esta importante entidad gubernamental durante los últimos cuatro años.
En el momento de la emergencia, no había recursos porque se los habían robado, y mucho menos funcionarios expertos en atender desastres, porque la experticia de esa plaga humana era firmar contratos para robarse el dinero público.
¡Qué vergüenza de país el que nos dejan Petro y su pandilla criminal! ¡Además, entregó el sistema de salud colapsado, que es incapaz de atender a los usuarios en tiempos normales, y mucho menos lo podrá hacer en medio de la actual catástrofe!
Confianza, confianza, confianza
Es el momento de la confianza en la Providencia. Esa confianza es la voz de Cristo, esa voz misteriosa de la gracia que resuena en el silencio de los corazones, que murmura palabras de dulzura, de paz y de fortaleza en lo más profundo de las conciencias. Ese es el consejo que el Divino Maestro daba frecuentemente a las almas atribuladas durante su vida mortal: Confianza, confianza.
Que Nuestra Señora de Chiquinquirá, Patrona de Colombia, tenga misericordia de todas las personas y familias que han padecido los rigores del terremoto con la muerte de sus seres queridos, o que han perdido sus bienes. Y también, que les dé fortaleza para rehacer la vida y continuar luchando, a pesar de las adversidades. Es lo que Tradición y Acción le desea a todas y a cada una de las víctimas de esta tragedia.
Fuente: lalinternaazul
