¡No lo previeron! ¿Vuelven los jóvenes a la fe?

Algo no está saliendo de acuerdo con los planes del Nuevo Orden Mundial. Mientras los «entendidos» y los arquitectos de la Agenda 2030 no se cansan de proclamar el ocaso del Evangelio y el advenimiento de una nueva sociedad hiperliberal, tras bambalinas ocurre un fenómeno que los tiene profundamente inquietos: un inesperado resurgimiento de la fe católica está sacudiendo las estructuras tradicionales, y lo más sorprendente de todo es que está siendo liderado por los jóvenes.

¿Por qué les inquieta tanto?

¿Por qué preocupa tanto a ciertos sectores que la gente vuelva a Dios? La respuesta es simple: porque este despertar no coincide con sus proyecciones de control social. Sociólogos y analistas se muestran desconcertados. No se trata de una masa de personas ligeras que se dejan arrastrar por la vorágine de las costumbres modernas. Estamos presenciando cómo miles de almas que estaban completamente alejadas de Dios abrazan hoy, con devoción sincera, la fe católica.

Y hay un detalle que incomoda especialmente a los sectores progresistas: la mayoría de estos nuevos fieles son jóvenes de la Generación Z. No buscan un catolicismo aguado o adaptado a las modas del momento; buscan auténticamente a Dios, la santidad y la rectitud de una vida conforme a la moral enseñada tradicionalmente por el Magisterio de la Iglesia.

Un fenómeno sin explicación humana

Lo más llamativo de este resurgimiento es que no responde a campañas publicitarias millonarias ni a grandes programas organizados de evangelización. Es un proceso silencioso pero masivo. Numerosos obispos han reconocido públicamente su propio desconcierto ante la oleada de nuevos conversos, particularmente durante la última Semana Santa.

Nadie parece tener una explicación sociológica o política del todo satisfactoria. Para muchos creyentes, la razón solo puede entenderse desde una perspectiva: la gracia sobrenatural actuando en un mundo sediento de verdad.

La reacción de la élite

Ante este entusiasmo, ha surgido una reacción inmediata de sospecha. Los observadores del sistema miran este despertar con desconfianza y buscan relativizar su importancia. Algunos lo reducen a una moda pasajera de internet; otros temen que la tradición católica se convierta en un factor de resistencia frente a la agenda globalista actual. Y es que una juventud con valores firmes e inamovibles resulta, para ellos, imposible de manipular.

¿Y en nuestra región?

La agenda para el 2030 avanza, pero el factor espiritual siempre parece tener la última palabra. Las señales inesperadas para el mundo están llegando justo cuando el panorama parecía más oscuro.

¿Ha notado usted este resurgimiento en su comunidad o país? ¿Cree que los recientes gestos hacia lo religioso del presidente colombiano Abelardo de la Espriella, con su «¡Viva Cristo Rey!», responden precisamente a esta tendencia de una generación que desea volver a Dios? ¿Piensa que este despertar frenará los planes del Nuevo Orden Mundial, o que desencadenará una persecución anticristiana?

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