Una vez más, el coronel Plazas Vega es absuelto por la justicia

La noticia fue ampliamente conocida la semana pasada, cuando la Corte Federal del Distrito Sur de La Florida, en EEUU, absolvió por unanimidad al coronel Luis Alfonso Plazas Vega. Este héroe de la Patria estaba acusado injustamente por haber causado los muertos y desaparecidos del asalto terrorista del M-19 al Palacio de Justicia, ocurrido en 1985.

Aunque los hechos son ampliamente conocidos en Colombia y en el mundo, la tragedia personal y familiar del coronel Plazas Vega es ignorada por la mayoría de las personas.

Durante 40 años, que corresponden a la mitad de su vida, ha enfrentado todo tipo de causas judiciales promovidas por el M-19 y la izquierda marxista, acusándolo de los crímenes que cometió el M-19, mientras que los autores de la masacre de la justicia, en la cual fueron asesinados 13 magistrados de la Corte Suprema de Justicia y cerca de 90 personas más, se autoproclaman héroes por haber cometido esos crímenes de lesa humanidad.

El M-19 ha gozado de la más absoluta impunidad

Los integrantes de la cúpula del M-19 que organizaron el asalto al Palacio de Justicia han vivido en medio de la más atroz e inaudita impunidad, pues nunca pagaron un día de cárcel por esos hechos. Ocuparon los más importantes cargos del Estado, pues fueron congresistas, embajadores y hasta ministros. Además, Petro y sus secuaces llegaron a la alcaldía de Bogotá en 2012 y a la presidencia de la República en 2022. Gobernaron a Colombia durante los últimos cuatro años desmantelando el Estado, implantando la más impresionante corrupción, robándose todo lo que pudieron y fortaleciendo a todos los grupos criminales, terroristas y narcotraficantes.

Pero los únicos acusados y encarcelados por esos hechos fueron precisamente los salvadores de la Patria, los que defendieron con honor y heroísmo la democracia y las instituciones. Es el caso del general Jesús Amando Arias Cabrales, quien era el comandante de la Brigada 13 de Bogotá y estuvo al comando de la operación, y del coronel Plazas Vega, comandante de la Escuela de Caballería en Bogotá, quien dirigió el rescate del Palacio de Justicia.

El general Arias Cabrales debe regresar a la libertad

El general Arias Cabrales, a sus 90 años de edad, paga una condena de 35 años de cárcel en una guarnición militar en Bogotá. El expresidente Petro, en un acto de venganza e ignominia, lo despojó cobardemente de sus condecoraciones y honores militares en 2024. El coronel Plazas Vega fue condenado a 25 años de cárcel, de los cuales pagó ocho en una guarnición militar hasta que fue absuelto en 2016 por la Corte Suprema de Justicia.

Fue precisamente allí, cuando estaba preso, cuando lo conocí y nos hicimos buenos amigos, y me sumé a la batalla por su defensa con decenas de escritos, entrevistas y labores periodísticas que he realizado durante todo este tiempo. Por eso, ahora que nuevamente ha sido declarado inocente por un tribunal de justicia de la mayor importancia e imparcialidad, le envío mis más sinceras felicitaciones.

El triunfo del coronel Plazas Vega es la prevalencia de la verdad sobre la mentira inventada por el M-19, de la justicia contra la infamia, y del honor contra la vergüenza. Pasaron 40 años de una persecución infame y es de esperar que así como un inocente ha sido absuelto una vez más, ahora los culpables sean condenados.

Pues bien, en su saña por encarcelar a los salvadores de la Patria, después de ser absuelto en Colombia, el coronel Plazas Vega fue acusado en los EEUU por abogados pagados por colectivos marxistas asociados al M-19 y a la familia del magistrado auxiliar Carlos Horacio Urán, quien murió asesinado por los terroristas en el Palacio de justicia. Y el Tribunal Federal del Estado de la Florida lo acaba de declarar INOCENTE de los cuatro crímenes por los cuales fue acusado, por absoluta unanimidad del jurado integrado por 10 personas.

El más poderoso bufete de abogados de los EEUU fue derrotado

Es de anotar que la demanda de la familia Urán fue conducida por la oficina de abogados más poderosa y grande de los EEUU, con sede en Los Ángeles. Wilson, Sonsini, Williams y Rosatti, es un bufete que cuenta con más de mil abogados a su servicio. El juicio fue conducido por 10 de estos abogados que se trasladaron a La Florida durante varias semanas, con todos los gastos pagados, facturando sus honorarios por cada hora de trabajo, como se acostumbra en ese país.

¿Quién pagó todos esos gastos legales? ¿De dónde salió el dinero para financiar ese proceso infame contra el coronel Plazas Vega?

Es evidente que todo ello es producto de una articulación internacional de la izquierda marxista, que lleva 40 años cambiando la realidad de lo ocurrido, para presentarlo como una masacre producida por el Ejército de Colombia.

Lo que tratan de cubrir con ese manto de mentira es que el asalto del M-19 fue financiado por el terrorista Pablo Escobar para impedir la extradición de los narcos y guerrilleros a los EEUU, para quemar sus expedientes criminales que reposaban en el Palacio de Justicia, para dar un golpe de estado contra el gobierno del presidente Belisario Betancur, tomarse el poder por las armas e imponer en Colombia una dictadura comunista.

El M-19 seguía el ejemplo de los sandinistas de Nicaragua

Eso mismo fue lo que habían hecho unos pocos meses antes los terroristas del Ejército Sandinista en Nicaragua, comandados por Daniel Ortega y dirigidos por Fidel Castro, que se tomaron por las armas el Congreso de Managua, derrocaron la dictadura de Somoza, se tomaron el poder, y hasta hoy lo conservan bajo la tiranía de Ortega, después de 40 años.

Ellos querían repetir esta historia en Colombia, pero el heroísmo del Ejército y de sus comandantes lo impidió. Y Colombia se salvó gracias a ellos, por lo cual es necesario rectificar el camino, devolver a la libertad al general Arias Cabrales, y contar la historia con la verdad, desenmascarando las mentiras que se construyeron durante este tiempo, siguiendo al pie de la petra una narrativa marxista.

¡Una vez más la luz brilla sobre las tinieblas, la verdad prevalece sobre la mentira, y la justicia se impone ante la infamia! Esperamos que esto perdure para siempre y Colombia entienda que el triunfo de Abelardo de la Espriella debe convertirse en una política de Estado para las próximas generaciones y no apenas para los próximos cuatro años. ¡La paz no se conseguirá jamás claudicando ante los criminales!

Fuente:  La Linterna Azul

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La opción del diálogo está completamente agotada

Esta frase es del presidente Abelardo de la Espriella en el discurso de posesión del pasado 7 de agosto. Desde ese día, la ofensiva de las Fuerzas Armadas y de Policía contra de todos los grupos terroristas, subversivos y delincuenciales es absoluta y total.

Después de 44 años de fallidos procesos de paz, concesiones, claudicaciones, indultos a decenas de miles de terroristas, amnistías incondicionales a centenares de grupos al margen de la ley, y todo tipo de contemporizaciones con la subversión marxista y el crimen organizado, la política de Estado en Colombia da un giro de 180 grados.

Desde 1982 nos equivocamos en el camino de la paz

Pero veamos los hechos. En 1982, el presidente Belisario Betancur comenzó el primer proceso de paz con las FARC, el ELN y el M-19. Aunque se decía conservador, realmente era un comunista inspirado en las nacientes doctrinas de izquierda de la Teología de la Liberación.

Su proceso terminó en el más absoluto fracaso, con el asalto del M-19 al Palacio de Justicia en 1985 y la masacre de los magistrados de la Corte Suprema y 90 personas más. Esa fue una hecatombe que marcó para siempre a Colombia, con la cual se desmanteló la justicia, lanzando al país en una guerra infame que perdura hasta hoy.

¡Colombia no aprendió la lección! Es evidente que cuando el Estado capitula ante los enemigos de la Patria no se consigue ninguna paz, pero todos los presidentes de Colombia hicieron exactamente lo mismo, desde Betancur hasta Petro, durante 44 años, entre 1982 y 2026. Lo único que consiguieron fue lanzar a Colombia en el caos, en la barbarie y en el colapso de la justicia.

Esa ignominia fue impuesta a todos los colombianos como el único camino hacia la paz. En ese viaje hacia la muerte y la destrucción, participaron eufóricos todos los partidos políticos, los gremios empresariales, los empresarios, las Altas Cortes, el sistema judicial en pleno, la Iglesia Católica y todos los obispos. Nadie podía disentir de ese dogma político, porque era acusado de fanatismo.

Todo fue previsto por Tradición, Familia y Propiedad

Sólo una entidad, desde aquel entonces, batalló contra la corriente denunciando que esa era una falsa paz, y que la verdadera paz jamás se conseguiría por la vía de las claudicaciones ante el terrorismo. Esa Entidad fue la desaparecida Tradición, Familia y Propiedad, cuya labor continúa desarrollándose ahora a través de Tradición y Acción, que me honra presidir desde su fundación en 1999, y del Centro Cultural Cruzada, que se fundó un tiempo después.

En 1982 la TFP afirmó lo siguiente en un pronunciamiento publicado a página entera en los principales periódicos del País:

“Amnistía a los guerrilleros: ¿Medida de pacificación? ¿O transferencia de la guerrilla del fondo de las selvas al corazón de las ciudades?

Estas concesiones, en vez de aplacarlos, solo servirán para alimentar en ellos la esperanza de éxito, por medio de extorsiones aun más amargas, radicales y violentas, con marcha rápida para la extorsión total (Cfr. El Tiempo, 9 de noviembre de 1982. Pág. 6 A).

Hoy, 44 años después, eso fue exactamente lo que ocurrió. Decenas de manifiestos fueron publicados por la TFP, y después por Tradición y Acción, en todos los diarios de Colombia y del exterior. Libros, artículos, conferencias y foros fueron realizados por toda Colombia, y también en Washington, Miami, varias ciudades de España, Brasil y otros países vecinos.

Nadie escuchó. Todos hablaban de paz, pero no había paz. Todos hablaban del derecho a la vida, pero durante esos 44 años fueron asesinadas en Colombia casi un millón de personas, decenas de miles fueron secuestradas, cientos de poblaciones rurales fueron dinamitadas por la guerrilla y cientos de bombas fueron explotadas en las grandes ciudades. Al menos cinco millones de colombianos se fueron del país para no volver, y otros cinco millones migraron desde sus territorios en guerra hacia otras zonas del País buscando la paz, sin encontrarla. Pero, ninguna de estas atrocidades le importó a nadie.

Lo que dijo la TFP en ese entonces se cumplió al pie de la letra. La guerrilla se trasladó del fondo de las selvas al corazón de las ciudades y la extorsión al país fue cada vez más radical y más sangrienta.

Los presidentes fueron entregando el país a la guerrilla marxista

A pesar de ello, la política de Estado a favor de la falsa paz no cambió nada durante este tiempo. Gaviria negoció con Pablo Escobar hasta que el capo se voló de la cárcel de lujo que él mismo había construido. Samper reanudó los diálogos con el ELN en un monasterio de Alemania, conseguido gracias a los buenos oficios de la Conferencia Episcopal de Colombia. Pastrana les entregó El Caguán, creyendo estúpidamente que así conseguiría la paz. Uribe los derrotó militarmente, pero dejó como heredero de su gobierno al traidor de Santos, que ya negociaba con las FARC oculto en las sombras.

Finalmente, Santos firmó el Acuerdo con las FARC en 2016, que le costó al Estado 140 billones de pesos (US $40.000 millones), los llevó al Congreso para que hicieran leyes, les creó la JEP para que la impunidad y la vergüenza fueran totales y después se robó el plebiscito, en el cual Colombia rechazó el Acuerdo. Duque reanudó las capitulaciones con el ELN, hasta que le explotaron un carro bomba dentro de la Escuela de Policía en Bogotá matando a 22 cadetes. Finalmente, el proceso de entrega culminó con la llegada de Petro a la presidencia en 2022, con el cual se instauró un gobierno criminal, degradante y corrupto.

El presidente de la Espriella decidió cambiar el rumbo

Pero hace un mes llegó a la presidencia Abelardo de la Espriella y la política de falsa pacificación fue cancelada. Ahora se está implementando lo opuesto de lo que no funcionó por cuatro décadas.

Es decir, por fin entendimos que la única forma de pacificar el País es desmantelando con la fuerza legítima del Estado a todos los grupos criminales. Los cómplices de los gobiernos anteriores nos decían que era imposible derrotarlos, porque eran aliados. Además, nunca combatían eficazmente a la subversión, por lo cual afirmaban que era imposible derrotarla. Los falsos procesos de paz protegían a los terroristas, los sacaban de las cárceles, les concedían libertad absoluta para delinquir, y así fue como aterrorizaron y sometieron a 50 millones de colombianos.

Pues bien, esa farsa se acabó. En el primer mes de este gobierno la lucha contra el terrorismo ha dado más frutos que en todo el gobierno de Petro. Y Colombia aplaude de pie y respalda al nuevo presidente, porque abrió los ojos y entendió que estuvo engañada por casi medio siglo.

¡Se ha roto el hechizo de la falsa paz! Apareció el líder capaz de proclamar ante el país y ante el mundo que no hay paz sin un combate frontal, absoluto y decidido contra todos los factores de disolución que durante estos años nos condujeron al caos, a los más altos índices de criminalidad del mundo, y al dominio de vastos territorios en manos de grupos armados y de asesinos despiadados.

¡Que viva Cristo Rey! Y que Dios proteja a Colombia de la tragedia que sería regresar a las garras de tan malos y cobardes gobernantes como los que tuvimos en el pasado.

Fuente:  La Linterna Azul

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El Libro de la Verdad: El saqueo como política de Estado

Si hay alguna lectura alucinante es la del Libro de la Verdad, que fue presentado por el Gobierno la semana pasada. La lectura de sus 135 páginas nos sumerge en el universo del crimen, del desfalco y del derroche, que fueron la constante del gobierno anterior.

Tal vez lo más extravagante del acontecimiento fue que esa presentación fue hecha por el presidente Abelardo de la Espriella y el vicepresidente José Manuel Restrepo, ante los tres personajes que precisamente eran los encargados de impedir semejante saqueo. Estos son la Fiscal Luz Adriana Camargo, el Contralor Carlos Hernán Rodríguez y el Procurador Gregorio Eljach.

Cómplices en el saqueo de Colombia

Es inexplicable la actitud de esas tres autoridades, que posan ante el País como si no supieran nada de lo que pasó, cuando en realidad ellos sabían todo y no hicieron absolutamente nada para evitarlo.

En consecuencia, las decenas de miles de investigaciones que se harán sobre los hechos los deben involucrar como cómplices de Petro en el saqueo de Colombia, porque todo se ejecutó al frente de sus narices.

El Libro de la Verdad hace un recuento de cada uno de los ministerios y entidades gubernamentales, mostrando la forma como despilfarraron los dineros públicos del presupuesto nacional, que era de poco más de $ 400 billones de pesos por cada año de Petro (Unos $ 100 mil millones de dólares por año).

Son tantos los datos escandalosos que relata el libro que es imposible resumirlos en un artículo. El fenómeno más recurrente es la total falta de transparencia en el gasto público, al extremo de no saber en absoluto a quiénes se les giraban cantidades inmensas de dinero, sin justificar la razón de esos pagos. No hay trazabilidad del dinero, pues esa información fue borrada y desaparecida, de tal forma que reconstruirla será casi imposible.

Saqueo en el ministerio de la Igualdad

Uno de los casos más escandalosos es el del Ministerio de la Igualdad, que se creó para satisfacer la voracidad criminal de Francia Márquez. Entre los años 2022 a 2025 se le asignaron $ 2,01 billones de pesos, de los cuales $ 1,77 billones, el 87, 8%, se gastó sin dejar ningún rastro contable en las plataformas de control financiero del gobierno. (Pág. 39).

Saqueo en la UNGRD

En el caso de la Unidad de Gestión de Riesgo (UNGRD), protagonista de los mayores escándalos de corrupción del gobierno, esta entidad recibió un total de $ 15,3 billones entre 2022 y 2026. Su ejecución acumulada en los cuatro años fue del 4,3%, según información de la Contraloría, que a la fecha no encuentra la información contable de la entidad. Sus estados financieros del año 2024 fueron calificados como no razonables, pues una suma de $ 1,29 billones no tienen ninguna justificación contable, mientras que los del año 2025 todavía no fueron presentados. Siendo esta la entidad encargada de atender los desastres, el 10 de agosto, día del terremoto, su director afirmó no tener dinero en caja para atender la tragedia, pues el presupuesto del año 2026 ya se lo habían gastado. (Pág. 36).

Saqueo en la Guajira

El gobierno de Petro, atendiendo diligentemente la sentencia T-302 de 2017 de la Corte Constitucional que ordenaba proteger la niñez de la Guajira, destinó $1,78 billones con esa finalidad. Los recursos se manejaron a través del ICBF, y entre agosto de 2022 y Julio de 2026 se suscribieron 1.085 contratos para atender a los niños necesitados. Durante este tiempo la Procuraduría y la Contraloría denunciaron la inoperancia del sistema, los contratos fraudulentos, la inasistencia alimentaria de los niños, pero no hicieron nada para evitarlo.

Esta aberrante destinación de cuantiosos recursos para atender a unos 350.000 niños de 0 a 14 años que hay en ese departamento, deja claro que muy pocos de ellos recibieron alguna ayuda del Estado. Pero lo que sí sabe toda Colombia es que esos niños, que la mayoría son indígenas, siguen en la pobreza, en la desnutrición y el abandono, pues el Estado nunca los ayudó con nada. (Pág. 44).

Saqueo en la Reforma Agraria

Otra situación escandalosa fue la de la Reforma Agraria, presentada por Petro como una de las banderas principales de su gobierno.

Según una advertencia de la Contraloría, la Agencia Nacional de Tierras (ANT) le pagó a la SAE (Sociedad de Activos Especiales), la suma de 979.000 millones de pesos por la compra de 537 predios que había sido incautados a las mafias narcoterroristas. En junio de 2026, al final del gobierno, solo tres de esos predios tenían escritura pública a favor de los adjudicatarios, mientras que el resto aun está en el limbo jurídico.

Además, a través de la Agencia Nacional de Tierras se entregaron a campesinos 351.463 hectáreas en forma definitiva y otras 206.273 en forma provisional. Tan solo el 7% de esos predios cuenta con registro de propiedad, por lo cual esos campesinos aun no son dueños de nada, ni pueden gestionar créditos ante los bancos, ni ayudas del Estado para programas agropecuarios. (Pág. 31).

Saqueo en la reconstrucción de las vías terciarias

Continuando con los temas agropecuarios, el Plan Nacional de Desarrollo estableció la reconstrucción de 33.102 kilómetros de vías terciarias, en un programa denominado Caminos Comunitarios para la Paz. Estas vías son las que comunican las diversas poblaciones que están lejos de los grandes centros urbanos. En realidad, solo se ejecutaron 4.087 kilómetros (el 12,3%), mientras que los recursos para su ejecución fueron girados por $ 714.000 millones de pesos entre 2022 y 2026. (Pág. 38).

Saqueo en la salud

Con respecto a la salud, la situación es poco menos que apocalíptica. Las decisiones del gobierno fueron totalmente equivocadas al intervenir 8 Empresas prestadoras de Salud (EPS) con 28,7 millones de afiliados, que son más del 50% de la población. Las quejas y reclamos en esas EPS llegaron a 1,5 millones, siendo evidente que todo el sistema de salud de Colombia está desfinanciado y a punto del colapso, gracias a una política de desmantelamiento de la salud privada, y de ineficacia de la salud pública. (Pág. 40).

Todas las EPS privadas que fueron intervenidas por el Estado carecen de estados financieros, pues desde el momento de la intervención desapareció esa información. Sólo en la Nueva EPS, se han gastado más de $14 billones de pesos en una supuesta recuperación financiera, pero al respecto no hay ningún dato confiable.

Desmantelamiento de las Fuerzas Armadas

Con respecto a las FFAA, estas tienen en la actualidad un déficit presupuestal de $14 billones de pesos y más de la mitad de la flota aérea está en tierra por falta de mantenimiento. De 386 aeronaves, sólo el 52% de ellas está en condiciones de volar. Mientras tanto, la criminalidad se disparó y los grupos narcoterroristas se apoderaron de más de la mitad del territorio de Colombia. (Pág. 54).

La crisis de Ecopetrol

Finalmente, Ecopetrol, la principal fuente de ingresos del Estado, redujo su producción a 712.000 barriles de petróleo por día, siendo la producción más baja de los últimos 5 años. Igual aconteció con la producción de gas, cuyas reservas se han disminuido en forma alarmante, de tal forma que ahora es necesario importarlo. Todo como consecuencia del desgreño administrativo de la camarilla criminal de Petro en la administración de la más grande empresa de Colombia. (Pág. 57).

Una administración pública criminal

El común denominador del gobierno de Petro es la más absoluta falta de transparencia en la administración de los recursos, el robo descarado de los mismos, la absoluta falta de ejecución de las políticas públicas y la más vergonzosa falta de honorabilidad en el manejo del dinero del Estado. Todo se lo robaron, y además, borraron el rastro contable del desfalco.

Finalmente, sobra decir que con lo que estos bandidos se robaron durante los cuatro años de Petro, Colombia se podría reconstruir de las consecuencias de 10 terremotos como el que devastó a medio país hace pocos días, cuyo costo se estima en $ 30 billones. Esa suma se la robaron los petristas dos veces por cada año que gobernaron.

La peor catástrofe que puede sufrir una nación no son los terremotos, ni las inundaciones, ni ninguna calamidad pública. La peor catástrofe es elegir criminales en la presidencia de la República.

Fuente:  alinternaazul

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Una tragedia anunciada

Continúa conociéndose información sobre la tragedia del terremoto. Según los últimos datos del gobierno, 480 municipios fueron afectados, aunque las ciudades con mayores daños son Cali, Pereira, Manizales y Quibdó.

La magnitud de la tragedia en Cali nos obliga a hacer algunas consideraciones. En esta ciudad, la mayor destrucción se concentró en dos áreas específicas, donde colapsaron poco más de 100 edificios residenciales. Según el informe final de la alcaldía, en la ciudad hay 8.600 edificaciones afectadas y cerca del 20% tendrán que ser demolidas.

Esas dos zonas son las cuencas del río Cañaveralejo, en el sur, en las inmediaciones de la Plaza de Toros, y la del río Menga, en el extremo norte. En el resto de la ciudad la mayoría de las edificaciones resistieron el terremoto sufriendo daños menores.

¿Cómo pudo pasar esto?

Durante miles de años los ciclos de lluvias producían inundaciones a lo largo del cauce de estos dos ríos, de tal forma que la erosión de la cordillera se expandía por sus riberas. Esto creó unos suelos débiles, arenosos y pantanosos, de tierras poco compactas que al momento de un terremoto se comportan como arenas movedizas.

Fue a partir de 1950 cuando Cali se expandió alrededor del río Cañaveralejo. Hasta entonces, allí solo había haciendas que cambiaron su vocación a terrenos urbanos, por lo cual en esa época se debieron hacer estudios de suelos para saber qué tipo de construcciones se podrían levantar allí.

Los hechos indican que no se le prestó ninguna atención a la realidad.

Desde entonces, los muchos temblores que han ocurrido han sido un peligro extremo para esas construcciones, porque siempre acontece que es allí donde hay más daños y afectaciones. A pesar de ello, nadie en la alcaldía alertó sobre el peligro y los planes de desarrollo permitieron levantar centenares de grandes edificios residenciales en esa zona, muchos de ellos con más de 15 pisos.

Pasados algunos años los urbanistas “geniales” que proyectaron el desarrollo de la ciudad decidieron enterrar el río Cañaveralejo, para convertirlo en un canal subterráneo de aguas negras. Lo que hubiera podido ser una zona hermosa llena de árboles centenarios y zonas verdes alrededor del río, como acontece con el río Cali, se tapizó con avenidas y edificios.

A pesar de que cada temblor producía daños graves, que eran reparadas inmediatamente por sus propietarios, las autoridades seguían concediendo licencias de construcción para nuevos proyectos.

Aunque todos sabían del peligro, ni la alcaldía, ni los constructores tomaron precauciones. Todos sabían que esos suelos eran blandos, húmedos, con alto nivel freático, y que con los temblores se multiplicaban las ondas sísmicas. Pero siguieron construyendo sin impedimento alguno, y lo más grave, sin reforzar la cimentación, mejorando la estructura de cada edificio, para hacerlos más resistentes a los frecuentes sismos.

Ninguno de los constructores pensó que algún día iba a ocurrir un terremoto de 7,4 grados con dos minutos de duración. Pues bien, eso fue lo que sucedió y esas dos zonas de Cali quedaron devastadas.

Cientos de edificios mal construidos

Además de lo expuesto, hay otra circunstancia excepcional que debe ser investigada en profundidad. Y es la constante en el escenario de la tragedia, que en una misma cuadra hay edificios totalmente derrumbados, otros con graves daños estructurales y otros completamente sanos.

¿Cómo explicarlo? La respuesta es muy simple. Es que hay edificios muy mal construidos, otros regularmente construidos y otros muy bien construidos, que aguantaron el embate sin sufrir ningún daño. Y esto es inaceptable en una ciudad donde todas las edificaciones deberían cumplir con normas estrictas de sismo-resistencia.

Al ver los informes periodísticos ampliamente divulgados han aparecido las filmaciones de muchos edificios colapsados en donde se puede ver que las estructuras no tenían la cantidad suficiente de hierro o acero, que las medidas y la calidad de estos elementos no eran las adecuadas, que los amarres de las columnas con las vigas eran defectuosos, y que la calidad de la mezcla de concreto con triturados de piedra no cumplía con las normas establecidas. La consecuencia inevitable de semejante irresponsabilidad es que esos edificios se derrumbaron.

Esta realidad evidencia la absoluta falta de control de las autoridades para verificar la calidad de las edificaciones y la irresponsabilidad criminal de algunos constructores.

Esto no se puede repetir nunca más. A partir de ahora se debe limitar la construcción de edificios en esos sectores, y las autoridades deben verificar que todos los que se construyan deben aplicar las normas de sismo-resistencia establecidas.

También, lo ideal sería desenterrar los ríos convertidos en cloacas y convertir en parques públicos sus zonas adyacentes, para impedir que a alguien se le ocurra volver a construir edificios donde los que había se derrumbaron.

Es imposible luchar contra la naturaleza en estos casos. Y la ventaja de no hacerlo es que se pueden recuperar para la ciudad grandes zonas verdes atravesadas por ríos, repitiendo el hermoso paisaje urbano del río Cali, que gracias a Dios a ningún genio urbanístico se le ocurrió meterlo por dentro de un tubo, para construir a su alrededor edificios con diseños horrorosos, como muchos de los que tenemos en Cali.

Es necesario conservar la memoria arquitectónica y cultural

Además de ser una irresponsabilidad histórica y cultural, los desarrolladores de la ciudad demolieron la mayoría de las construcciones emblemáticas de Cali, para reemplazarlas, en nombre de la modernidad, por edificaciones de mal gusto. A Cali se le negó el derecho de conservar su memoria histórica.

La mayoría de las ciudades y pueblos del mundo lo hacen, pero la idiotez de nuestras autoridades decidió que era mejor demoler la historia y enterrar varios de los siete ríos que embellecen el paisaje urbano de la ciudad. Ese es el falso concepto de modernidad que es alimentado por mentes apocadas que no entienden el valor de la tradición, de la historia y de la cultura.

Los monumentos que nos dan identidad se tienen que conservar. Si la naturaleza los derrumba, sencillamente se reconstruyen para que permanezcan por siempre, porque ellos son el símbolo y la tradición que nos une. Eso es precisamente lo que cientos de millones de personas van a ver todos los años en Europa y otros lugares del mundo, donde se han tomado en serio el trabajo de conservar sus joyas arquitectónicas, muchas de las cuales tienen más de 2.000 años y permanecen intactas.

Aquí hemos hecho lo contrario. Las hemos derribado para reemplazarlas por construcciones horribles, que nadie se explica cómo han podido salir de la imaginación de arquitectos competentes. Entre las joyas desaparecidas están el Batallón Pichincha, donde está ahora el edificio de la alcaldía; el Hotel Alférez Real, convertido en un parque abandonado; y el antiguo palacio de la Gobernación, donde se construyó la actual. Si en vez de demolerlos los hubiesen restaurado, estarían embelleciendo el patrimonio cultural de Cali.

Qué importante sería que las autoridades consideren estas apreciaciones al momento de comenzar la reconstrucción de las decenas de poblaciones afectadas, conservando el estilo original de las construcciones, para que permanezca por siglos el legado cultural que hemos heredado.

Fuente: lalinternaazul

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Terremoto demoledor y confianza en la Providencia

Colombia está de luto. El paso de los días nos dirá el número de víctimas mortales, de damnificados y de daños sufridos en las grandes ciudades y en las más de 200 poblaciones afectadas.

La actitud de nuestro pueblo ante la dimensión de la tragedia es lo que mide la fortaleza de la nación. No es la primera vez que Colombia sufre estos embates brutales y despiadados de la naturaleza. En las últimas décadas, la tragedia golpeó a Popayán (1983), Armero (1985), y a Armenia y Pereira (1999).

A pesar del inmenso sufrimiento ante el desastre, la fuerza del pueblo colombiano ha superado la adversidad y las dificultades. En el caso de ahora, la magnitud de la destrucción del terremoto supera todas las anteriores catástrofes, más allá de lo que digan las noticias, porque la devastación en toda la región pacífica es inconmensurable.

Una destrucción colosal

Decenas de miles de casas y edificios han colapsado y muchos más que quedaron en pie tendrán que ser demolidos. Hospitales, escuelas, colegios, universidades y edificios públicos han sufrido muy graves daños. A veces la ayuda se demora, porque la magnitud del desastre es enorme y nunca estamos lo suficientemente preparados, pues estos acontecimientos son impredecibles, pero la terrible realidad es que acontecen.

Estos son los momentos en que una nación debe clamar a Dios por misericordia y manifestar una firme convicción que permita superar todos los obstáculos para reerguirse, por grandes e imposibles que parezcan.

Cuando una nación se convence a así misma que tiene las capacidades para superar la tragedia, comienza la reconstrucción. Si es necesario, hay que comenzar de nuevo y hacer todo lo necesario para que mañana tengamos de nuevo todo lo que hemos perdido, pero mucho mejor. Es cuando la tragedia se convierte en una fuerza imparable que nos devuelve la vida, el bienestar y el progreso.

El Gobierno, bajo la dirección del recién posesionado presidente Abelardo de la Espriella, se ha puesto al frente de las soluciones desde el primer instante del terremoto. Colombia tiene un capitán que dirige las operaciones, con un equipo honesto y competente que apenas está siendo conformado, pues la tragedia golpeó en el primer día hábil de este gobierno, cuando aun ni se habían nombrado los nuevos funcionarios que reemplazarán la burocracia inútil y corrupta del gobierno anterior.

Las consecuencias de una entidad que fue saqueada

Qué diferencia inmensa con el gobierno que teníamos, cuando el innombrable expresidente llegó una semana después a atender la tragedia de las inundaciones en el Departamento de Córdoba, porque estaba entretenido con una (o uno) de sus amantes en Panamá. Y cuando llegó a Montería, no quiso recibir a los alcaldes de las ciudades que estaban inundadas hasta los techos de las casas. Durmieron en el piso, en los pasillos del recinto donde se celebraba la reunión del presidente con sus ministros, sin escuchar la voz de los damnificados y sin coordinar ayuda alguna con sus alcaldes.

¡Qué diferencia abismal con lo que vemos ahora!

Otro episodio que pasará a la historia por su ignominia, es la decisión del director de la Unidad de Gestión de Riesgo, la misma que fue saqueada sin misericordia por el petrismo, quien emitió un comunicado diciendo a las naciones que ofrecían ayuda humanitaria, que Colombia no la necesitaba. Por esa estupidez infame los equipos de rescate ofrecidos por México, EEUU, Israel y otras naciones, tardaron varios días en llegar, cuando su presencia se requería lo antes posible.

Acto seguido, ese sujeto fue destituido y reemplazado por un funcionario competente, que en forma inmediata ratificó que esa ayuda era bienvenida y que debía llegar con urgencia. Pero se perdieron muchas horas que eran fundamentales para encontrar personas con vida en medio de las ruinas, pues los equipos de Colombia son insuficientes para atender emergencias en 200 poblaciones al mismo tiempo.

Eso es lo que acontece cuando los funcionarios públicos, especialmente los encargados de atender los desastres naturales, son politiqueros corrupto e ideologizados, como lo fueron todos los que manejaron esta importante entidad gubernamental durante los últimos cuatro años.

En el momento de la emergencia, no había recursos porque se los habían robado, y mucho menos funcionarios expertos en atender desastres, porque la experticia de esa plaga humana era firmar contratos para robarse el dinero público.

¡Qué vergüenza de país el que nos dejan Petro y su pandilla criminal! ¡Además, entregó el sistema de salud colapsado, que es incapaz de atender a los usuarios en tiempos normales, y mucho menos lo podrá hacer en medio de la actual catástrofe!

Confianza, confianza, confianza

Es el momento de la confianza en la Providencia. Esa confianza es la voz de Cristo, esa voz misteriosa de la gracia que resuena en el silencio de los corazones, que murmura palabras de dulzura, de paz y de fortaleza en lo más profundo de las conciencias. Ese es el consejo que el Divino Maestro daba frecuentemente a las almas atribuladas durante su vida mortal: Confianza, confianza.

Que Nuestra Señora de Chiquinquirá, Patrona de Colombia, tenga misericordia de todas las personas y familias que han padecido los rigores del terremoto con la muerte de sus seres queridos, o que han perdido sus bienes. Y también, que les dé fortaleza para rehacer la vida y continuar luchando, a pesar de las adversidades. Es lo que Tradición y Acción le desea a todas y a cada una de las víctimas de esta tragedia.

Fuente: lalinternaazul

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El adiós del último Aureliano

En sus confusas y frecuentes peroratas, el expresidente Petro, con los ojos enrojecidos por efectos de la droga y el alcohol, afirmaba que él era el último de los aurelianos.

Hacía referencia al realismo mágico de Macondo, donde la estirpe numerosa de Aureliano Buendía gobernaba en medio de las extravagancias fantásticas de un mundo imaginario.

La familia Buendía, en la cual casi todos los hombres se llamaban Aureliano, expresaba sus locuras en forma similar a como lo hacía Petro, quien se creía el espadachín del universo, mitómano salvador de las naciones y líder galáctico que llegó al poder para salvar a Colombia de los ricos y conducirla a la gloria.

¡Sin embargo, qué lejos estaba de cumplir sus fantasías! El Aureliano que padecimos pasó los cuatro años de su mandato anunciando delirantes promesas, pero no cumplió ninguna. Su única y fantástica realización como presidente de Colombia fue la destrucción de todo lo que funcionaba en el País.

La catástrofe no fue mayor porque es un vago desordenado que no consigue hacer realidad ni una sola de sus locuras. Todos los anuncios de Petro se quedaban en retórica, sin cumplimiento alguno y en planes grandilocuentes que ni siquiera avanzaron el primer paso. Además, todo su equipo de gobierno se dedicó a robar, de tal forma que con esa pandilla criminal era imposible hacer cualquier cosa.

El último Aureliano nació con cola de puerco

Como vago empedernido e ignorante absoluto de todas las materias y oficios, se consideraba el genio incomprendido que conocía todas las soluciones. Se enorgullecía de ser el último Aureliano, pero al parecer nadie le dijo que ese personaje nació con cola de puerco y que poco después se lo comieron las hormigas. Con esta tragedia horrorosa se cerró el ciclo de una estirpe que se convirtió en leyenda gracias a la imaginación desbordada del realismo mágico.

Este detalle me lo recordó un amigo de Brasil, que me escribió a propósito de mi artículo anterior, en el cual describía la “olla” de podredumbre en la que se transformó la Casa de Nariño, residencia honrosa de los presidentes de Colombia, que fue convertida por Petro en un lupanar de orgías, desfalcos y brujería satánica.

No deja de tener un tinte profético el episodio escabroso de las hormigas, pues eso es exactamente lo que le va a acontecer al último Aureliano. No me refiero a las hormigas reales, sino a que ellas simbolizan la colosal cantidad de procesos judiciales que se abrirán contra Petro y su gobierno por todas las corruptelas y delitos de su administración.

Cada proceso, cada investigación y cada demanda penal contra él será como una hormiga asesina, y serán tantos, que parecerán una horda que va a devorar a un personaje que se pasó el tiempo de su presidencia delinquiendo y destruyendo el País.

El nuevo gobierno de Abelardo de la Espriella tiene la responsabilidad histórica de investigar cada uno de los desfalcos y rapiñas de esta pandilla criminal que dejó desmantelado al Estado. Colombia tiene que averiguar cómo se robaron el dinero del presupuesto de la nación durante cuatro años, quiénes fueron los responsables, a dónde se llevaron esos recursos inmensos, para recuperarlos y devolverlos a las instituciones saqueadas.

Además, es urgente conocer las complicidades de Petro con las estructuras criminales de los grupos terroristas. En el horror de la llamada “paz total” muchos terroristas salieron de las cárceles y fueron nombrados gestores de paz. Los jefes de los grupos terroristas vivían como reyes porque ninguna autoridad los perseguía, mientras negociaban con coca, mataban y secuestraban inocentes, se apoderaban de regiones enteras y sembraban el terror entre la población campesina en medio de la más absoluta impunidad.

Este periodo oscuro de nuestra historia bien podría denominarse “Cien años de pillaje”, aunque apenas duró cuatro años. Y cada investigación, cada proceso, cada incautación de recursos robados, será como una hormiga que muerde al desdichado Aureliano, que tendrá que pagar ante la justicia por todo el mal que le hizo a Colombia.

Los organismos de control se cruzaron de brazos

Cuando se conozca la verdad, será necesario determinar por qué los organismos de control del Estado no actuaron en absoluto. La Contraloría debe revisar todas las cuentas que paga el Estado para impedir la corrupción, pero no se conoce una sola medida durante el gobierno de Petro para detener el saqueo de las arcas públicas.

Sólo en los meses previos a las elecciones presidenciales se firmaron 800.000 contratos de prestación de servicios, por 31 billones de pesos ($10.000 millones de dólares). Y en los cuatro años de Petro la deuda externa aumentó en $100.000 millones de dólares, sin que nadie sepa dónde se invirtieron, pues no se construyó ninguna obra importante. ¿Qué responsabilidad tiene la Contraloría, que no hizo absolutamente nada para combatir la corrupción del petrismo?

La Procuraduría tampoco hizo investigación alguna a los miles de funcionarios comprometidos con las corruptelas del Gobierno. Y menos aún la Fiscalía de bolsillo. Las tres instituciones de control del Estado se cruzaron de brazos sin hacer nada ante la voracidad de la corrupción, con una que otra excepción, como es el caso de los robos millonarios de La Guajira, a donde nunca llegó un litro de agua a las poblaciones sedientas. Hasta ahora, las investigaciones realizadas, incluyendo la captura de los ministros involucrados con el desfalco a la UNGRD, han sido realizadas por la Corte Suprema de Justicia.

Ahora que van a avanzar las investigaciones veremos con certeza que la realidad va a superar la ficción. Todos los hechos de corrupción deben ser conocidos y los responsables deben ser castigados con cárcel, y no en prisiones domiciliarias, que en realidad son mansiones adquiridas con los dineros robados. Esa será la garantía para que este horror que vivimos no se repita jamás, y las generaciones futuras entiendan que elegir guerrilleros en la presidencia de la República es un error fatal que multiplica el subdesarrollo y la pobreza.

Colombia estará atenta a las investigaciones, que sin duda se extenderán por medio mundo, porque las mafias comunistas que saquearon a Colombia hacen parte de las grandes multinacionales del crimen.

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La “Olla de Nariño”: epicentro de la degradación de Colombia

El realismo mágico es un estilo literario creado en el siglo pasado, en el cual los hechos más insólitos e imposibles según la lógica y el sentido común, se convierten en episodios comunes de la vida cotidiana.

Hasta ahora, esa forma particular de narrar algunos hechos ha sido exclusiva de la literatura y del cine, que tienen la libertad de inventar historias y convertirlas en relatos míticos que llegan hasta los confines de la imaginación.

El realismo mágico es una fantasía del pensamiento, que tanto puede ser muy divertida como espantosamente trágica.

El realismo mágico se convierte en realidad

Lo que no había pasado es que hechos reales hayan superado los más estrambóticos delirios de la ficción y del realismo mágico. Pero lo que parecía imposible se volvió realidad, y tiene como protagonista a quien se autodenomina el “último de los aurelianos”, en referencia a Aureliano Buendía, el protagonista de una buena novela escrita por una pésima persona. Quien se auto proclama así, no puede ser otro que Gustavo Petro.

Los hechos delirantes acontecen alrededor de la Casa de Nariño, donde residen los presidentes de Colombia. Este elegante palacio, que ha sido sede del gobierno y residencia de los presidentes desde hace un siglo, en los últimos cuatro años se ha convertido en la “olla” más pestilente de Colombia.

“Olla”, es un término con el que se designa en Colombia al sector más degradado de una ciudad. Es lo peor, lo más bajo, lo más abyecto, donde se dan cita los habitantes de la calle, los viciosos, los drogadictos, las prostitutas, los ladrones, los atracadores y todos los que representan el lumpen social.

La “olla” es la casa de todos ellos, su centro de operaciones, el lugar donde viven felices haciendo daño a la sociedad y al Estado de Derecho que ellos desprecian.

Pues bien, aunque parezca inverosímil, la casa presidencial se ha convertido exactamente en eso. Con el agravante absurdo de que todas las instituciones que deberían controlar, vigilar, evitar, investigar e impedir que se cometan delitos en cualquier lugar del País, han cerrado los ojos para no ver las atrocidades ocurridas en ese recinto durante el presente gobierno.

Apenas conocemos la punta del iceberg

Lo que conocemos hasta ahora es apenas la punta del iceberg, lo cual ya es suficiente para encender las estelas de perplejidad que iluminarán el cielo de la Patria por varios siglos. Las generaciones futuras se preguntarán cómo fue posible que pasara lo que hoy los colombianos vemos con despreocupación incomprensible.

Allí llegaron unas maletas llenas de dinero que desaparecieron misteriosamente, que después generaron unas investigaciones ilegales que terminaron con el asesinato de un coronel de la Policía que sabía la verdad, pero el gobierno dijo que se había suicidado.

Desde allí se ordenó el saqueo de la Unidad de Gestión de Riesgo, de la cual se robaron varios billones de pesos por orden de los ministros de Hacienda y del Interior, que ahora están presos. También, de allí salieron las órdenes para desfalcar la Dirección Nacional de Inteligencia, cuyo presupuesto se esfumó, donde los directivos eran guerrilleros del M-19 y el principal de ellos está prófugo en Nicaragua.

Allí se planeó la destrucción de Ecopetrol, la principal empresa de Colombia. Desde allí salieron otras maletas con dinero para comprar a los presidentes del Senado y la Cámara, para aprobar los proyectos del gobierno en el Congreso.

Allí se negoció la impunidad para el hijo y el hermano del presidente, acusados de graves delitos electorales, y de robarse grandes sumas de dineros mafiosos, que dizque eran para la campaña presidencial. Allí vivía la ex primera dama rodeada de un séquito de ladrones dedicados a cobrar millonarias coimas, mientras ella viajaba por el mundo con ínfulas de reina millonaria.

Desde allí se hicieron los nombramientos de decenas de funcionarios públicos incompetentes e ignorantes, que no sabían absolutamente nada de las responsabilidades que iban a asumir, y que terminaron sembrando el caos y la corrupción en todas las dependencias del Estado.

Allí se ordenó el asesinato del candidato presidencial Miguel Uribe, cuya investigación no avanza, a no ser para descubrir los menos importantes eslabones del magnicidio. Allí se establecieron las comunicaciones con los jefes de las organizaciones terroristas de las FARC, el ELN y el Cartel del Golfo, que han estado protegidos desde la presidencia de la República. Desde allí se anunció el fatídico “chu, chu, chu”, con el cual se desmanteló uno de los mejores sistemas de salud del mundo, para matar a millones de personas que ahora no tienen asistencia médica.

Más recientemente, se ha conocido también que era el epicentro de las orgías del presidente con jovencitas desvergonzadas, que aprovechaban las relaciones del poder para hacer negocios multimillonarios con las más importantes entidades del Estado. Tal como lo anunció Petro en un Consejo de ministros televisado a todo el país, las mujeres que consiguen conectar su clítorix con el cerebro son exitosas, y vaya que algunas de ellas lo demostraron en forma exponencial, ante el silencio cobarde de las feministas que guardaron silencio.

Finalmente, en la “olla” se practicaban habitualmente cultos de brujería satánica, con los cuales se pedía la protección del demonio a todas las tramas que desde allí se planificaban, y se revestía con poderes ocultos a los funcionarios que las ejecutaban, como los trajes blancos que Petro usa con frecuencia.

La maldad de la izquierda marxista

Tendremos que esperar la llegada del nuevo gobierno para que esta noche oscura que padecemos sea iluminada con los reflectores de la verdad y se conozcan los hechos, se esclarezca la verdad y se castigue a los culpables. Tenemos que confirmar si todo esto corresponde a un articulado plan criminal, en el cual alguien tiene que haber dado las órdenes para consumar la demolición del País. El mundo y la Historia tienen que conocer la maldad que la izquierda marxista es capaz de practicar cuando llega al poder.

Será una lección para nunca olvidar. Que nunca más a los colombianos se les ocurra pensar que es buena idea elegir a un guerrillero, borracho, drogadicto, vicioso, ladrón, corrompido e inmoral como presidente de la República. Y que rodearse de personas iguales o peores que él para gobernar, no solo es mala idea, sino que constituye una de las aberraciones más grandes de nuestra historia, que es necesario proclamar y mostrar ante el mundo, para que esta aciaga noche no se repita jamás, porque las tinieblas se apoderaron de Colombia durante cuatro años.

El Islam radical y fanático debe ser enfrentado

En mi artículo anterior me referí a la guerra de los EEUU e Israel contra Irán. Es una acción militar para derrocar la dictadura de los ayatollás, pero en ese conflicto también hay una guerra religiosa a la cual no se le está prestando casi ninguna atención.

Occidente vive de espaldas al problema del Islam, que se agrava todos los días. Se trata de una invasión masiva de la población musulmana hacia Europa y los EEUU, que amenaza con desfigurar la identidad cultural y religiosa de la Civilización Cristiana.

No se trata apenas de una población pobre que quiere migrar hacia estados prósperos. Eso en sí mismo es legítimo, aunque la causa sea el abandono del mundo a las crisis de las naciones de África, que pasaron del colonialismo perverso a las dictaduras salvajes y corrompidas. Mientras algunas son apenas corruptas y se dedican a desfalcar al Estado, otras son islamitas radicales y pretenden exterminar a la población cristiana, que en África es inmensa, a través de la implantación del Islam radical, de la sharia, que es la Ley Islámica, que pretende abolir el cristianismo e imponer un régimen donde solo Mahoma y el Islam tienen cabida.

Quien afirme que este es un problema fácil de resolver, miente. Quien diga que es un problema intrascendente, se equivoca. Quien crea que esto no afectará a Occidente, cierra los ojos ante el más grave de los peligros que enfrenta nuestra Civilización.

Guardando las proporciones y considerando los escenarios donde esta locura se está implantando ahora, la situación es similar a la de Europa en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. Las potencias europeas, lideradas por Inglaterra y Francia, firmaron un pacto de no agresión con Hitler en 1938 y lo celebraron de forma apoteósica. Era la “paz” duradera, y la garantía de que el tirano estaba satisfecho en Alemania y que los nazis no invadirían a Europa.

Es mejor luchar que ceder ante el enemigo

Pero bien pronto eso que llamaban “paz” saltó por los aires y en pocos meses casi todos los países de Europa estaban invadidos y dominados por los ejércitos de Hitler. Esto es lo que acontece con aquellos que optan por la cobardía ante las amenazas de quien los quiere destruir, porque consideran que es mejor ceder ante el enemigo que luchar contra él.

El resto de la historia es conocida y su desenlace fue el mayor cataclismo que ha presenciado la humanidad, con más de 60 millones de muertos. Decenas de naciones desaparecieron, se fusionaron con otras, fueron invadidas durante décadas y se creó la infame Cortina de Hierro, atrás de la cual vivieron como esclavos muchos millones de personas, cambiando para siempre a Europa y al mundo.

Esto obliga a una pregunta obvia, que nadie en Occidente ha sido capaz de responder: ¿Qué hacer frente al peligro del Islam?

Obviamente, la respuesta sensata no es crear una política de tierra arrasada contra el Islam. Esto es absurdo, impracticable y contraproducente. Pero igualmente lo sería la respuesta opuesta, que sería adoptar la tolerancia y la indiferencia absoluta de las naciones europeas frente a la progresiva invasión del Islam.

El papel de la falsa tolerancia

La más urgente medida debería ser cancelar la política de tolerancia frente a la inmigración descontrolada. Cuando Europa subsidia a los que llegan, los aloja en su territorio, les da ciudadanía, les paga todos sus gastos y los convierte en una clase privilegiada que vive del Estado sin trabajar, está dinamitando su propio futuro.

Igualmente, Europa debe recuperar el amor por su propia Civilización, que es la más grandiosa que ha conocido la humanidad, y defender sus valores con una entereza a prueba de los más feroces ataques. Así lo hizo España durante 700 años ante la invasión mora, hasta que en 1492 derrotó al Islam y poco después se convirtió en la primera nación del mundo. Y así lo hizo Europa durante casi dos milenios con las invasiones islámicas.

Ahora, Europa sucumbe ante el islam y su propia población no se defiende del invasor. Proclama la tolerancia con los que llegan a destruir el cristianismo y a imponer el Islam y su forma de vida. Los que invaden actúan como conquistadores intolerantes y proclaman que los fundamentos de la cultura europea deben desaparecer, porque no coinciden con el mandato de Mahoma.

Esa es la realidad, aunque parezca muy difícil de entender. En todas las naciones europeas aumentan los robos, asaltos y violaciones. Países que alcanzaron una seguridad y bienestar que son ejemplo para el mundo, como Suecia, Noruega y Dinamarca, ahora enfrentan hordas de musulmanes que destruyen las ciudades ante la impotencia de las autoridades. En las naciones donde el problema es mayor como Inglaterra, Francia, España e Italia, ya hay sectores dentro de las principales ciudades donde la policía no puede entrar, ni ejercer control alguno, porque son territorios gobernados por Alá y cualquier cristiano que se oponga a su dominación es perseguido o asesinado.

Cientos de iglesias católicas han sido incendiadas en los últimos años, al tiempo que cientos de mezquitas han sido construidas en esas mismas ciudades, algunas inclusive financiadas con fondos públicos. La educación católica ha sido suprimida dizque para respetar las creencias musulmanas, mientras que los símbolos religiosos cristianos son retirados de colegios, universidades y lugares públicos, para no ofender a Mahoma.

Simultáneamente, el Islam manifiesta su poder destructivo a través de organizaciones terroristas que no ocultan sus intenciones de destruir a Occidente. Entre ellas están Hezbollá, Hamás, los Hermanos Musulmanes, el Ejército Islámico y Boko Haram, que cometen todo tipo de crímenes en el mundo y son cobijados por la más absoluta impunidad.

La opresión de la mujer musulmana

A la mujer musulmana se le impone la obligación de cubrirse el rostro con la burka, lo cual viola su derecho a la libertad, pues no puede ser esclava del fanatismo religioso, ni de su esposo, ni del sistema opresor que el Islam le impone.

¿Por qué el feminismo radical no protesta contra estos abusos? El marxismo cultural en Europa está en pie de guerra para defender el aborto, la ideología de género, el nudismo en las calles y todas las formas conocidas de degradación cultural, pero no dice una sola palabra contra la opresión de la mujer en el Islam. Guardan silencio cuando las niñas de menos de 10 años son obligadas a casarse con hombres de 70, a vivir enclaustradas, a no poder ir al colegio o la universidad, a practicar una profesión cualquiera, a conducir un automóvil, o sencillamente salir de su casa para tomar un café o dar un paseo.

Esos derechos elementales son prohibidos por el Islam dentro de países que son libres, que proclaman ante el mundo la defensa de los derechos humanos, los derechos de la mujer y los derechos de los niños, pero callan cobardemente ante la atrocidad de las costumbres fanáticas del islam, que significan un atraso de más de mil años en la historia. ¡Qué hipocresía!

Este entrechoque de religiones y de culturas va a explotar en cualquier momento, a pesar de las políticas de tolerancia, de falso ecumenismo y de falsa paz. Ahora se dice que todas las religiones son buenas y conducen a Dios, y en esa farsa entró también la Iglesia Católica, dominada por las corrientes modernistas del Concilio Vaticano II y los confusos Sínodos de la Sinodalidad, que se apartan del mandato claro y poderoso de Nuestro Señor cuando afirmó: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

Estamos ante una situación similar a la de los terremotos. Durante décadas, las placas tectónicas se presionan entre sí con una fuerza incalculable, hasta que en determinado momento explotan y todo se convierte en caos, porque es el terremoto que llega. El mundo sabe que la tragedia se aproxima, porque, pudiendo tomar muchas medidas para evitarla, no se toma absolutamente ninguna.

¡Entonces, si este proceso continúa, más temprano que tarde la tragedia de Occidente será inevitable!

Documental, CRIC: El resguardo de la coca – Basado en el libro: “La Extorsión Indigenista” de Eugenio Trujillo – Capítulo 1 | Impacto 24-7

Este documental está basado en el libro «Tierra de sombras: La extorsión indigenista», del escritor e investigador Eugenio Trujillo, complementado con investigación periodística, antecedentes históricos y análisis de diversas fuentes sobre la evolución del conflicto en el departamento del Cauca.

¿Cómo llegó el departamento del Cauca a convertirse en uno de los territorios con menor presencia efectiva del Estado colombiano? ¿Qué papel jugaron la Constitución de 1991, las autonomías indígenas, las guerrillas narcotraficantes y las organizaciones internacionales en la transformación de esta región?

En este primer capítulo analizamos el origen histórico, jurídico y político del modelo de autonomía indígena en el Cauca y cómo, según el análisis presentado en esta investigación, ese modelo habría facilitado la consolidación de una estructura de poder paralela que hoy desafía la autoridad del Estado.

Recorremos el nacimiento de los resguardos, la evolución de los cabildos, la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 y el contexto internacional posterior a la caída del Muro de Berlín, para explicar cómo el movimiento indigenista adquirió un papel central dentro de la nueva estrategia política de la izquierda latinoamericana tras el fin de la Guerra Fría.

Además, examinamos las denuncias sobre invasiones de tierras, abandono de zonas productivas, bloqueos de vías, pérdida de control institucional y la consolidación de estructuras territoriales con sistemas propios de gobierno, justicia y control social.

También establecemos paralelos con procesos ocurridos en Chile, Bolivia, Ecuador y México, donde movimientos indígenas han adquirido una creciente influencia política y territorial.

Este documental reúne hechos históricos, contexto jurídico y análisis político para comprender uno de los fenómenos más complejos y controvertidos del suroccidente colombiano.

Una guerra de nunca acabar

Las noticias que llegan de la guerra entre Irán y los EEUU son alarmantes.

Cuando el conflicto parecía terminado y ambas naciones estaban a punto de firmar un acuerdo final que establecía la rendición de Irán y el fin de la guerra, al parecer todo vuelve a empezar de nuevo. Irán bloqueó el estrecho de Ormuz, bombardeó las posiciones americanas, atacó a Israel y a otros aliados de EEUU.

En consecuencia, Trump ha redoblado sus amenazas de exterminar a Irán, arrasar con toda la infraestructura del país y eliminar a todos sus desquiciados líderes militares y religiosos.

Lo que nadie tiene en consideración, es que la guerra de Irán no es apenas un conflicto militar. Tiene un componente adicional que los EEUU han ignorado en todas sus guerras de Oriente, que es la principal arma de guerra de Irán y sus ayatollás.

Irán está librando una guerra religiosa, alimentada por un fanatismo extremo y radical, que es incomprensible para la mentalidad de Occidente.

En esencia, es la guerra del Islam contra el Cristianismo, que se viene desarrollando desde hace 1. 400 años. Después de la segunda mitad del siglo pasado esa guerra ha tomado una dimensión inimaginable, colocando en riesgo nuestra Civilización.

Occidente fue advertido y no quiso escuchar

El primero en advertir ese peligro en Occidente fue el profesor Plinio Correa de Oliveira, fundador de las organizaciones Tradición, Familia y Propiedad, quien denunció incansablemente esa realidad, pero no fue escuchado. Las guerras del petróleo, que se radicalizaron entre 1970 y 1990, hicieron del mundo árabe una potencia económica incalculable, pues allí se produce casi la mitad del petróleo y gas del planeta. Esa producción ahora está bajo el dominio musulmán, y el día que ese grifo se cierre por el motivo que sea, la economía del mundo colapsará.

Desde entonces la conquista e invasión cultural de Europa ha sido silenciosa e implacable. Cerca del 20% de la población europea ahora está compuesta por inmigrantes musulmanes y muchas ciudades son gobernadas por ellos. La agresión e intimidación contra el cristianismo es absoluta, mientras Occidente reacciona con pasividad, porque considera que no corre ningún peligro.

Pues bien, la facción más radical del Islam es la que se ha tomado a Irán desde el derrocamiento del Sha Mohamad Reza Pahlevi en 1979. Él era el principal aliado de los EEUU en la región, pero fue traicionado por los gobernantes progres de los EEUU. Eso abrió las puertas a la Revolución Islámica en Irán y al resto del mundo, que estaba contenida por el Sha.

Una vez derrocada la monarquía persa después de gobernar durante 2. 500 años, el ayatollá Johmeini se instaló en el poder. Estaba exilado en Francia y su gobierno fletó un avión jumbo de Air France, que lo condujo de París a Teherán con una numerosa comitiva de radicales islamitas, para tomar posesión del gobierno y comenzar una de las tiranías más siniestras de la historia.

Después de casi 50 años de atrocidades sin nombre, él y sus sucesores implantaron un régimen despótico que solo obedece la sharia, que es la ley islámica. Todo el que no reconozca a Mahoma debe ser asesinado y lo que no sea cultura islámica debe ser aniquilado. ¡Así de simple!

El Islam es una dictadura totalitaria

Los ayatollás son miles de dictadores fanáticos que gobiernan cada una de las ciudades y pueblos de Irán. Para ellos no existen derechos humanos, ni nada que se le parezca, porque todo el que no se arrodille ante Mahoma debe desaparecer. Esa es la tragedia que el Islam ha impuesto en el antiguo Imperio Persa y en todas las naciones donde han tomado el poder las hordas radicales de Mahoma.

Su sistema político y social es semejante a la esclavitud. La mujer no tiene derechos de ninguna clase, no puede ejercer ningún oficio, debe permanecer oculta bajo ropajes que cubran la totalidad de su cuerpo, es obligada a “casarse” desde los 9 años, y a vivir en el harén de su esposo, que puede tener cuantas esposas quiera. Sin embargo, el feminismo, tan radical y elocuente en Occidente para defender los derechos de la mujer, no dice una sola palabra sobre estos abusos que padece una población mundial de casi dos mil millones de personas.

Esta realidad es la que los EEUU no ha podido entender, porque Trump y sus asesores creen que cuando se gana la guerra militar lo demás se resuelve solo.

¡Tremenda equivocación! Porque la realidad les ha demostrado lo contrario en forma repetitiva y no han aprendido la lección. Los EEUU han perdido las guerras contra el islam que se han librado en Irak y Afganistán, y también perderán la de Irán, si no entienden y enfrentan el factor de la guerra religiosa del Islam contra Occidente.

El poder militar de los EEUU puede arrasar toda la infraestructura y el Ejército de Irán, pero donde exista un ayatollá radical que siga predicando el exterminio de Occidente, la guerra continuará, aunque en escenarios diferentes, que incluyen las ciudades de Europa y EEUU.

Esta fue la previsión exacta de Plinio Correa de Oliveira, el gran pensador católico del siglo pasado, que ahora se cumple al pie de la letra, cuando una guerra religiosa toma cuenta del mundo, con fuertes vínculos en América.

Millones de cristianos son perseguidos en el mundo. Muchos de ellos son asesinados inclusive dentro de sus propias iglesias, que son dinamitadas e incendiadas sin piedad, porque el objetivo del Islam es desaparecer el Cristianismo sobre la faz de la tierra.

Una guerra que Occidente no sabe enfrentar

Estamos ante una guerra para la cual EEUU y Europa no se han preparado, porque no imaginaban que ésta sería la guerra principal del siglo XXI. Tampoco la Iglesia Católica alerta sobre el peligro, pues sus jerarcas solo hablan de unión, ecumenismo y amor, mientras sus fieles son salvajemente asesinados.

No estoy afirmando que esa guerra comenzará pronto. Afirmo que ya comenzó desde hace décadas y Occidente ni se ha dado cuenta de la realidad. Está entretenido disfrutando de las comodidades de la civilización del placer, lo que es más cómodo que enfrentar a unas minorías radicales y satánicas que quieren destruir nuestra Civilización Cristiana.

La realidad es que no hay país en el mundo donde no haya una persecución religiosa del Islam contra los Cristianos. Esto aumentará todos los días, hasta que Occidente despierte del letargo en que está y perciba que está inmerso en una temible y radical guerra religiosa, que se libra en muchos escenarios.

¡Irán no es el enemigo! ¡El enemigo es el Islam, fortalecido por el poder inmenso del petróleo! En Irán, quienes pusieron al enemigo en el poder en 1979 fueron los EEUU y Francia. Las guerras de Oriente Medio son la consecuencia inevitable de semejante desatino.

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