El adiós del último Aureliano

En sus confusas y frecuentes peroratas, el expresidente Petro, con los ojos enrojecidos por efectos de la droga y el alcohol, afirmaba que él era el último de los aurelianos.

Hacía referencia al realismo mágico de Macondo, donde la estirpe numerosa de Aureliano Buendía gobernaba en medio de las extravagancias fantásticas de un mundo imaginario.

La familia Buendía, en la cual casi todos los hombres se llamaban Aureliano, expresaba sus locuras en forma similar a como lo hacía Petro, quien se creía el espadachín del universo, mitómano salvador de las naciones y líder galáctico que llegó al poder para salvar a Colombia de los ricos y conducirla a la gloria.

¡Sin embargo, qué lejos estaba de cumplir sus fantasías! El Aureliano que padecimos pasó los cuatro años de su mandato anunciando delirantes promesas, pero no cumplió ninguna. Su única y fantástica realización como presidente de Colombia fue la destrucción de todo lo que funcionaba en el País.

La catástrofe no fue mayor porque es un vago desordenado que no consigue hacer realidad ni una sola de sus locuras. Todos los anuncios de Petro se quedaban en retórica, sin cumplimiento alguno y en planes grandilocuentes que ni siquiera avanzaron el primer paso. Además, todo su equipo de gobierno se dedicó a robar, de tal forma que con esa pandilla criminal era imposible hacer cualquier cosa.

El último Aureliano nació con cola de puerco

Como vago empedernido e ignorante absoluto de todas las materias y oficios, se consideraba el genio incomprendido que conocía todas las soluciones. Se enorgullecía de ser el último Aurelianopero al parecer nadie le dijo que ese personaje nació con cola de puerco y que poco después se lo comieron las hormigas. Con esta tragedia horrorosa se cerró el ciclo de una estirpe que se convirtió en leyenda gracias a la imaginación desbordada del realismo mágico.

Este detalle me lo recordó un amigo de Brasil, que me escribió a propósito de mi artículo anterior, en el cual describía la “olla” de podredumbre en la que se transformó la Casa de Nariño, residencia honrosa de los presidentes de Colombia, que fue convertida por Petro en un lupanar de orgías, desfalcos y brujería satánica.

No deja de tener un tinte profético el episodio escabroso de las hormigas, pues eso es exactamente lo que le va a acontecer al último Aureliano. No me refiero a las hormigas reales, sino a que ellas simbolizan la colosal cantidad de procesos judiciales que se abrirán contra Petro y su gobierno por todas las corruptelas y delitos de su administración.

Cada proceso, cada investigación y cada demanda penal contra él será como una hormiga asesina, y serán tantos, que parecerán una horda que va a devorar a un personaje que se pasó el tiempo de su presidencia delinquiendo y destruyendo el País.

El nuevo gobierno de Abelardo de la Espriella tiene la responsabilidad histórica de investigar cada uno de los desfalcos y rapiñas de esta pandilla criminal que dejó desmantelado al Estado. Colombia tiene que averiguar cómo se robaron el dinero del presupuesto de la nación durante cuatro años, quiénes fueron los responsables, a dónde se llevaron esos recursos inmensos, para recuperarlos y devolverlos a las instituciones saqueadas.

Además, es urgente conocer las complicidades de Petro con las estructuras criminales de los grupos terroristas. En el horror de la llamada “paz total” muchos terroristas salieron de las cárceles y fueron nombrados gestores de paz. Los jefes de los grupos terroristas vivían como reyes porque ninguna autoridad los perseguía, mientras negociaban con coca, mataban y secuestraban inocentes, se apoderaban de regiones enteras y sembraban el terror entre la población campesina en medio de la más absoluta impunidad.

Este periodo oscuro de nuestra historia bien podría denominarse “Cien años de pillaje”, aunque apenas duró cuatro años. Y cada investigación, cada proceso, cada incautación de recursos robados, será como una hormiga que muerde al desdichado Aureliano, que tendrá que pagar ante la justicia por todo el mal que le hizo a Colombia.

Los organismos de control se cruzaron de brazos

Cuando se conozca la verdad, será necesario determinar por qué los organismos de control del Estado no actuaron en absoluto. La Contraloría debe revisar todas las cuentas que paga el Estado para impedir la corrupción, pero no se conoce una sola medida durante el gobierno de Petro para detener el saqueo de las arcas públicas.

Sólo en los meses previos a las elecciones presidenciales se firmaron 800.000 contratos de prestación de servicios, por 31 billones de pesos ($10.000 millones de dólares). Y en los cuatro años de Petro la deuda externa aumentó en $100.000 millones de dólares, sin que nadie sepa dónde se invirtieron, pues no se construyó ninguna obra importante. ¿Qué responsabilidad tiene la Contraloría, que no hizo absolutamente nada para combatir la corrupción del petrismo?

La Procuraduría tampoco hizo investigación alguna a los miles de funcionarios comprometidos con las corruptelas del Gobierno. Y menos aún la Fiscalía de bolsillo. Las tres instituciones de control del Estado se cruzaron de brazos sin hacer nada ante la voracidad de la corrupción, con una que otra excepción, como es el caso de los robos millonarios de La Guajira, a donde nunca llegó un litro de agua a las poblaciones sedientas. Hasta ahora, las investigaciones realizadas, incluyendo la captura de los ministros involucrados con el desfalco a la UNGRD, han sido realizadas por la Corte Suprema de Justicia.

Ahora que van a avanzar las investigaciones veremos con certeza que la realidad va a superar la ficción. Todos los hechos de corrupción deben ser conocidos y los responsables deben ser castigados con cárcel, y no en prisiones domiciliarias, que en realidad son mansiones adquiridas con los dineros robados. Esa será la garantía para que este horror que vivimos no se repita jamás, y las generaciones futuras entiendan que elegir guerrilleros en la presidencia de la República es un error fatal que multiplica el subdesarrollo y la pobreza.

Colombia estará atenta a las investigaciones, que sin duda se extenderán por medio mundo, porque las mafias comunistas que saquearon a Colombia hacen parte de las grandes multinacionales del crimen.

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La “Olla de Nariño”: epicentro de la degradación de Colombia

El realismo mágico es un estilo literario creado en el siglo pasado, en el cual los hechos más insólitos e imposibles según la lógica y el sentido común, se convierten en episodios comunes de la vida cotidiana.

Hasta ahora, esa forma particular de narrar algunos hechos ha sido exclusiva de la literatura y del cine, que tienen la libertad de inventar historias y convertirlas en relatos míticos que llegan hasta los confines de la imaginación.

El realismo mágico es una fantasía del pensamiento, que tanto puede ser muy divertida como espantosamente trágica.

El realismo mágico se convierte en realidad

Lo que no había pasado es que hechos reales hayan superado los más estrambóticos delirios de la ficción y del realismo mágico. Pero lo que parecía imposible se volvió realidad, y tiene como protagonista a quien se autodenomina el “último de los aurelianos”, en referencia a Aureliano Buendía, el protagonista de una buena novela escrita por una pésima persona. Quien se auto proclama así, no puede ser otro que Gustavo Petro.

Los hechos delirantes acontecen alrededor de la Casa de Nariño, donde residen los presidentes de Colombia. Este elegante palacio, que ha sido sede del gobierno y residencia de los presidentes desde hace un siglo, en los últimos cuatro años se ha convertido en la “olla” más pestilente de Colombia.

“Olla”, es un término con el que se designa en Colombia al sector más degradado de una ciudad. Es lo peor, lo más bajo, lo más abyecto, donde se dan cita los habitantes de la calle, los viciosos, los drogadictos, las prostitutas, los ladrones, los atracadores y todos los que representan el lumpen social.

La “olla” es la casa de todos ellos, su centro de operaciones, el lugar donde viven felices haciendo daño a la sociedad y al Estado de Derecho que ellos desprecian.

Pues bien, aunque parezca inverosímil, la casa presidencial se ha convertido exactamente en eso. Con el agravante absurdo de que todas las instituciones que deberían controlar, vigilar, evitar, investigar e impedir que se cometan delitos en cualquier lugar del País, han cerrado los ojos para no ver las atrocidades ocurridas en ese recinto durante el presente gobierno.

Apenas conocemos la punta del iceberg

Lo que conocemos hasta ahora es apenas la punta del iceberg, lo cual ya es suficiente para encender las estelas de perplejidad que iluminarán el cielo de la Patria por varios siglos. Las generaciones futuras se preguntarán cómo fue posible que pasara lo que hoy los colombianos vemos con despreocupación incomprensible.

Allí llegaron unas maletas llenas de dinero que desaparecieron misteriosamente, que después generaron unas investigaciones ilegales que terminaron con el asesinato de un coronel de la Policía que sabía la verdad, pero el gobierno dijo que se había suicidado.

Desde allí se ordenó el saqueo de la Unidad de Gestión de Riesgo, de la cual se robaron varios billones de pesos por orden de los ministros de Hacienda y del Interior, que ahora están presos. También, de allí salieron las órdenes para desfalcar la Dirección Nacional de Inteligencia, cuyo presupuesto se esfumó, donde los directivos eran guerrilleros del M-19 y el principal de ellos está prófugo en Nicaragua.

Allí se planeó la destrucción de Ecopetrol, la principal empresa de Colombia. Desde allí salieron otras maletas con dinero para comprar a los presidentes del Senado y la Cámara, para aprobar los proyectos del gobierno en el Congreso.

Allí se negoció la impunidad para el hijo y el hermano del presidente, acusados de graves delitos electorales, y de robarse grandes sumas de dineros mafiosos, que dizque eran para la campaña presidencial. Allí vivía la ex primera dama rodeada de un séquito de ladrones dedicados a cobrar millonarias coimas, mientras ella viajaba por el mundo con ínfulas de reina millonaria.

Desde allí se hicieron los nombramientos de decenas de funcionarios públicos incompetentes e ignorantes, que no sabían absolutamente nada de las responsabilidades que iban a asumir, y que terminaron sembrando el caos y la corrupción en todas las dependencias del Estado.

Allí se ordenó el asesinato del candidato presidencial Miguel Uribe, cuya investigación no avanza, a no ser para descubrir los menos importantes eslabones del magnicidio. Allí se establecieron las comunicaciones con los jefes de las organizaciones terroristas de las FARC, el ELN y el Cartel del Golfo, que han estado protegidos desde la presidencia de la República. Desde allí se anunció el fatídico “chu, chu, chu”, con el cual se desmanteló uno de los mejores sistemas de salud del mundo, para matar a millones de personas que ahora no tienen asistencia médica.

Más recientemente, se ha conocido también que era el epicentro de las orgías del presidente con jovencitas desvergonzadas, que aprovechaban las relaciones del poder para hacer negocios multimillonarios con las más importantes entidades del Estado. Tal como lo anunció Petro en un Consejo de ministros televisado a todo el país, las mujeres que consiguen conectar su clítorix con el cerebro son exitosas, y vaya que algunas de ellas lo demostraron en forma exponencial, ante el silencio cobarde de las feministas que guardaron silencio.

Finalmente, en la “olla” se practicaban habitualmente cultos de brujería satánica, con los cuales se pedía la protección del demonio a todas las tramas que desde allí se planificaban, y se revestía con poderes ocultos a los funcionarios que las ejecutaban, como los trajes blancos que Petro usa con frecuencia.

La maldad de la izquierda marxista

Tendremos que esperar la llegada del nuevo gobierno para que esta noche oscura que padecemos sea iluminada con los reflectores de la verdad y se conozcan los hechos, se esclarezca la verdad y se castigue a los culpables. Tenemos que confirmar si todo esto corresponde a un articulado plan criminal, en el cual alguien tiene que haber dado las órdenes para consumar la demolición del País. El mundo y la Historia tienen que conocer la maldad que la izquierda marxista es capaz de practicar cuando llega al poder.

Será una lección para nunca olvidar. Que nunca más a los colombianos se les ocurra pensar que es buena idea elegir a un guerrillero, borracho, drogadicto, vicioso, ladrón, corrompido e inmoral como presidente de la República. Y que rodearse de personas iguales o peores que él para gobernar, no solo es mala idea, sino que constituye una de las aberraciones más grandes de nuestra historia, que es necesario proclamar y mostrar ante el mundo, para que esta aciaga noche no se repita jamás, porque las tinieblas se apoderaron de Colombia durante cuatro años.

El Islam radical y fanático debe ser enfrentado

En mi artículo anterior me referí a la guerra de los EEUU e Israel contra Irán. Es una acción militar para derrocar la dictadura de los ayatollás, pero en ese conflicto también hay una guerra religiosa a la cual no se le está prestando casi ninguna atención.

Occidente vive de espaldas al problema del Islam, que se agrava todos los días. Se trata de una invasión masiva de la población musulmana hacia Europa y los EEUU, que amenaza con desfigurar la identidad cultural y religiosa de la Civilización Cristiana.

No se trata apenas de una población pobre que quiere migrar hacia estados prósperos. Eso en sí mismo es legítimo, aunque la causa sea el abandono del mundo a las crisis de las naciones de África, que pasaron del colonialismo perverso a las dictaduras salvajes y corrompidas. Mientras algunas son apenas corruptas y se dedican a desfalcar al Estado, otras son islamitas radicales y pretenden exterminar a la población cristiana, que en África es inmensa, a través de la implantación del Islam radical, de la sharia, que es la Ley Islámica, que pretende abolir el cristianismo e imponer un régimen donde solo Mahoma y el Islam tienen cabida.

Quien afirme que este es un problema fácil de resolver, miente. Quien diga que es un problema intrascendente, se equivoca. Quien crea que esto no afectará a Occidente, cierra los ojos ante el más grave de los peligros que enfrenta nuestra Civilización.

Guardando las proporciones y considerando los escenarios donde esta locura se está implantando ahora, la situación es similar a la de Europa en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. Las potencias europeas, lideradas por Inglaterra y Francia, firmaron un pacto de no agresión con Hitler en 1938 y lo celebraron de forma apoteósica. Era la “paz” duradera, y la garantía de que el tirano estaba satisfecho en Alemania y que los nazis no invadirían a Europa.

Es mejor luchar que ceder ante el enemigo

Pero bien pronto eso que llamaban “paz” saltó por los aires y en pocos meses casi todos los países de Europa estaban invadidos y dominados por los ejércitos de Hitler. Esto es lo que acontece con aquellos que optan por la cobardía ante las amenazas de quien los quiere destruir, porque consideran que es mejor ceder ante el enemigo que luchar contra él.

El resto de la historia es conocida y su desenlace fue el mayor cataclismo que ha presenciado la humanidad, con más de 60 millones de muertos. Decenas de naciones desaparecieron, se fusionaron con otras, fueron invadidas durante décadas y se creó la infame Cortina de Hierro, atrás de la cual vivieron como esclavos muchos millones de personas, cambiando para siempre a Europa y al mundo.

Esto obliga a una pregunta obvia, que nadie en Occidente ha sido capaz de responder: ¿Qué hacer frente al peligro del Islam?

Obviamente, la respuesta sensata no es crear una política de tierra arrasada contra el Islam. Esto es absurdo, impracticable y contraproducente. Pero igualmente lo sería la respuesta opuesta, que sería adoptar la tolerancia y la indiferencia absoluta de las naciones europeas frente a la progresiva invasión del Islam.

El papel de la falsa tolerancia

La más urgente medida debería ser cancelar la política de tolerancia frente a la inmigración descontrolada. Cuando Europa subsidia a los que llegan, los aloja en su territorio, les da ciudadanía, les paga todos sus gastos y los convierte en una clase privilegiada que vive del Estado sin trabajar, está dinamitando su propio futuro.

Igualmente, Europa debe recuperar el amor por su propia Civilización, que es la más grandiosa que ha conocido la humanidad, y defender sus valores con una entereza a prueba de los más feroces ataques. Así lo hizo España durante 700 años ante la invasión mora, hasta que en 1492 derrotó al Islam y poco después se convirtió en la primera nación del mundo. Y así lo hizo Europa durante casi dos milenios con las invasiones islámicas.

Ahora, Europa sucumbe ante el islam y su propia población no se defiende del invasor. Proclama la tolerancia con los que llegan a destruir el cristianismo y a imponer el Islam y su forma de vida. Los que invaden actúan como conquistadores intolerantes y proclaman que los fundamentos de la cultura europea deben desaparecer, porque no coinciden con el mandato de Mahoma.

Esa es la realidad, aunque parezca muy difícil de entender. En todas las naciones europeas aumentan los robos, asaltos y violaciones. Países que alcanzaron una seguridad y bienestar que son ejemplo para el mundo, como Suecia, Noruega y Dinamarca, ahora enfrentan hordas de musulmanes que destruyen las ciudades ante la impotencia de las autoridades. En las naciones donde el problema es mayor como Inglaterra, Francia, España e Italia, ya hay sectores dentro de las principales ciudades donde la policía no puede entrar, ni ejercer control alguno, porque son territorios gobernados por Alá y cualquier cristiano que se oponga a su dominación es perseguido o asesinado.

Cientos de iglesias católicas han sido incendiadas en los últimos años, al tiempo que cientos de mezquitas han sido construidas en esas mismas ciudades, algunas inclusive financiadas con fondos públicos. La educación católica ha sido suprimida dizque para respetar las creencias musulmanas, mientras que los símbolos religiosos cristianos son retirados de colegios, universidades y lugares públicos, para no ofender a Mahoma.

Simultáneamente, el Islam manifiesta su poder destructivo a través de organizaciones terroristas que no ocultan sus intenciones de destruir a Occidente. Entre ellas están Hezbollá, Hamás, los Hermanos Musulmanes, el Ejército Islámico y Boko Haram, que cometen todo tipo de crímenes en el mundo y son cobijados por la más absoluta impunidad.

La opresión de la mujer musulmana

A la mujer musulmana se le impone la obligación de cubrirse el rostro con la burka, lo cual viola su derecho a la libertad, pues no puede ser esclava del fanatismo religioso, ni de su esposo, ni del sistema opresor que el Islam le impone.

¿Por qué el feminismo radical no protesta contra estos abusos? El marxismo cultural en Europa está en pie de guerra para defender el aborto, la ideología de género, el nudismo en las calles y todas las formas conocidas de degradación cultural, pero no dice una sola palabra contra la opresión de la mujer en el Islam. Guardan silencio cuando las niñas de menos de 10 años son obligadas a casarse con hombres de 70, a vivir enclaustradas, a no poder ir al colegio o la universidad, a practicar una profesión cualquiera, a conducir un automóvil, o sencillamente salir de su casa para tomar un café o dar un paseo.

Esos derechos elementales son prohibidos por el Islam dentro de países que son libres, que proclaman ante el mundo la defensa de los derechos humanos, los derechos de la mujer y los derechos de los niños, pero callan cobardemente ante la atrocidad de las costumbres fanáticas del islam, que significan un atraso de más de mil años en la historia. ¡Qué hipocresía!

Este entrechoque de religiones y de culturas va a explotar en cualquier momento, a pesar de las políticas de tolerancia, de falso ecumenismo y de falsa paz. Ahora se dice que todas las religiones son buenas y conducen a Dios, y en esa farsa entró también la Iglesia Católica, dominada por las corrientes modernistas del Concilio Vaticano II y los confusos Sínodos de la Sinodalidad, que se apartan del mandato claro y poderoso de Nuestro Señor cuando afirmó: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

Estamos ante una situación similar a la de los terremotos. Durante décadas, las placas tectónicas se presionan entre sí con una fuerza incalculable, hasta que en determinado momento explotan y todo se convierte en caos, porque es el terremoto que llega. El mundo sabe que la tragedia se aproxima, porque, pudiendo tomar muchas medidas para evitarla, no se toma absolutamente ninguna.

¡Entonces, si este proceso continúa, más temprano que tarde la tragedia de Occidente será inevitable!

Documental, CRIC: El resguardo de la coca – Basado en el libro: “La Extorsión Indigenista” de Eugenio Trujillo – Capítulo 1 | Impacto 24-7

Este documental está basado en el libro «Tierra de sombras: La extorsión indigenista», del escritor e investigador Eugenio Trujillo, complementado con investigación periodística, antecedentes históricos y análisis de diversas fuentes sobre la evolución del conflicto en el departamento del Cauca.

¿Cómo llegó el departamento del Cauca a convertirse en uno de los territorios con menor presencia efectiva del Estado colombiano? ¿Qué papel jugaron la Constitución de 1991, las autonomías indígenas, las guerrillas narcotraficantes y las organizaciones internacionales en la transformación de esta región?

En este primer capítulo analizamos el origen histórico, jurídico y político del modelo de autonomía indígena en el Cauca y cómo, según el análisis presentado en esta investigación, ese modelo habría facilitado la consolidación de una estructura de poder paralela que hoy desafía la autoridad del Estado.

Recorremos el nacimiento de los resguardos, la evolución de los cabildos, la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 y el contexto internacional posterior a la caída del Muro de Berlín, para explicar cómo el movimiento indigenista adquirió un papel central dentro de la nueva estrategia política de la izquierda latinoamericana tras el fin de la Guerra Fría.

Además, examinamos las denuncias sobre invasiones de tierras, abandono de zonas productivas, bloqueos de vías, pérdida de control institucional y la consolidación de estructuras territoriales con sistemas propios de gobierno, justicia y control social.

También establecemos paralelos con procesos ocurridos en Chile, Bolivia, Ecuador y México, donde movimientos indígenas han adquirido una creciente influencia política y territorial.

Este documental reúne hechos históricos, contexto jurídico y análisis político para comprender uno de los fenómenos más complejos y controvertidos del suroccidente colombiano.

Una guerra de nunca acabar

Las noticias que llegan de la guerra entre Irán y los EEUU son alarmantes.

Cuando el conflicto parecía terminado y ambas naciones estaban a punto de firmar un acuerdo final que establecía la rendición de Irán y el fin de la guerra, al parecer todo vuelve a empezar de nuevo. Irán bloqueó el estrecho de Ormuz, bombardeó las posiciones americanas, atacó a Israel y a otros aliados de EEUU.

En consecuencia, Trump ha redoblado sus amenazas de exterminar a Irán, arrasar con toda la infraestructura del país y eliminar a todos sus desquiciados líderes militares y religiosos.

Lo que nadie tiene en consideración, es que la guerra de Irán no es apenas un conflicto militar. Tiene un componente adicional que los EEUU han ignorado en todas sus guerras de Oriente, que es la principal arma de guerra de Irán y sus ayatollás.

Irán está librando una guerra religiosa, alimentada por un fanatismo extremo y radical, que es incomprensible para la mentalidad de Occidente.

En esencia, es la guerra del Islam contra el Cristianismo, que se viene desarrollando desde hace 1. 400 años. Después de la segunda mitad del siglo pasado esa guerra ha tomado una dimensión inimaginable, colocando en riesgo nuestra Civilización.

Occidente fue advertido y no quiso escuchar

El primero en advertir ese peligro en Occidente fue el profesor Plinio Correa de Oliveira, fundador de las organizaciones Tradición, Familia y Propiedad, quien denunció incansablemente esa realidad, pero no fue escuchado. Las guerras del petróleo, que se radicalizaron entre 1970 y 1990, hicieron del mundo árabe una potencia económica incalculable, pues allí se produce casi la mitad del petróleo y gas del planeta. Esa producción ahora está bajo el dominio musulmán, y el día que ese grifo se cierre por el motivo que sea, la economía del mundo colapsará.

Desde entonces la conquista e invasión cultural de Europa ha sido silenciosa e implacable. Cerca del 20% de la población europea ahora está compuesta por inmigrantes musulmanes y muchas ciudades son gobernadas por ellos. La agresión e intimidación contra el cristianismo es absoluta, mientras Occidente reacciona con pasividad, porque considera que no corre ningún peligro.

Pues bien, la facción más radical del Islam es la que se ha tomado a Irán desde el derrocamiento del Sha Mohamad Reza Pahlevi en 1979. Él era el principal aliado de los EEUU en la región, pero fue traicionado por los gobernantes progres de los EEUU. Eso abrió las puertas a la Revolución Islámica en Irán y al resto del mundo, que estaba contenida por el Sha.

Una vez derrocada la monarquía persa después de gobernar durante 2. 500 años, el ayatollá Johmeini se instaló en el poder. Estaba exilado en Francia y su gobierno fletó un avión jumbo de Air France, que lo condujo de París a Teherán con una numerosa comitiva de radicales islamitas, para tomar posesión del gobierno y comenzar una de las tiranías más siniestras de la historia.

Después de casi 50 años de atrocidades sin nombre, él y sus sucesores implantaron un régimen despótico que solo obedece la sharia, que es la ley islámica. Todo el que no reconozca a Mahoma debe ser asesinado y lo que no sea cultura islámica debe ser aniquilado. ¡Así de simple!

El Islam es una dictadura totalitaria

Los ayatollás son miles de dictadores fanáticos que gobiernan cada una de las ciudades y pueblos de Irán. Para ellos no existen derechos humanos, ni nada que se le parezca, porque todo el que no se arrodille ante Mahoma debe desaparecer. Esa es la tragedia que el Islam ha impuesto en el antiguo Imperio Persa y en todas las naciones donde han tomado el poder las hordas radicales de Mahoma.

Su sistema político y social es semejante a la esclavitud. La mujer no tiene derechos de ninguna clase, no puede ejercer ningún oficio, debe permanecer oculta bajo ropajes que cubran la totalidad de su cuerpo, es obligada a “casarse” desde los 9 años, y a vivir en el harén de su esposo, que puede tener cuantas esposas quiera. Sin embargo, el feminismo, tan radical y elocuente en Occidente para defender los derechos de la mujer, no dice una sola palabra sobre estos abusos que padece una población mundial de casi dos mil millones de personas.

Esta realidad es la que los EEUU no ha podido entender, porque Trump y sus asesores creen que cuando se gana la guerra militar lo demás se resuelve solo.

¡Tremenda equivocación! Porque la realidad les ha demostrado lo contrario en forma repetitiva y no han aprendido la lección. Los EEUU han perdido las guerras contra el islam que se han librado en Irak y Afganistán, y también perderán la de Irán, si no entienden y enfrentan el factor de la guerra religiosa del Islam contra Occidente.

El poder militar de los EEUU puede arrasar toda la infraestructura y el Ejército de Irán, pero donde exista un ayatollá radical que siga predicando el exterminio de Occidente, la guerra continuará, aunque en escenarios diferentes, que incluyen las ciudades de Europa y EEUU.

Esta fue la previsión exacta de Plinio Correa de Oliveira, el gran pensador católico del siglo pasado, que ahora se cumple al pie de la letra, cuando una guerra religiosa toma cuenta del mundo, con fuertes vínculos en América.

Millones de cristianos son perseguidos en el mundo. Muchos de ellos son asesinados inclusive dentro de sus propias iglesias, que son dinamitadas e incendiadas sin piedad, porque el objetivo del Islam es desaparecer el Cristianismo sobre la faz de la tierra.

Una guerra que Occidente no sabe enfrentar

Estamos ante una guerra para la cual EEUU y Europa no se han preparado, porque no imaginaban que ésta sería la guerra principal del siglo XXI. Tampoco la Iglesia Católica alerta sobre el peligro, pues sus jerarcas solo hablan de unión, ecumenismo y amor, mientras sus fieles son salvajemente asesinados.

No estoy afirmando que esa guerra comenzará pronto. Afirmo que ya comenzó desde hace décadas y Occidente ni se ha dado cuenta de la realidad. Está entretenido disfrutando de las comodidades de la civilización del placer, lo que es más cómodo que enfrentar a unas minorías radicales y satánicas que quieren destruir nuestra Civilización Cristiana.

La realidad es que no hay país en el mundo donde no haya una persecución religiosa del Islam contra los Cristianos. Esto aumentará todos los días, hasta que Occidente despierte del letargo en que está y perciba que está inmerso en una temible y radical guerra religiosa, que se libra en muchos escenarios.

¡Irán no es el enemigo! ¡El enemigo es el Islam, fortalecido por el poder inmenso del petróleo! En Irán, quienes pusieron al enemigo en el poder en 1979 fueron los EEUU y Francia. Las guerras de Oriente Medio son la consecuencia inevitable de semejante desatino.

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Después de la Torre de Babel

Estamos a un mes de la posesión del nuevo presidente. Han comenzado las reuniones de empalme entre los gobiernos de Petro y Abelardo de la Espriella y se empieza a descubrir la realidad de Colombia, después de cuatro años de una gestión catastrófica realizada por una pandilla criminal que desmanteló casi todo lo que funcionaba en el aparato estatal.

Lo que va apareciendo ante nuestros ojos es una Torre de Babel, que la inoperancia de los organismos de control y la propaganda del régimen ha mantenido oculta. En diciembre de 2022 publiqué un artículo en el cual afirmaba que el comienzo de la era Petro ya era una Torre de Babel, por la cantidad de transformaciones que pretendía realizar sin medir las consecuencias de desmantelar instituciones que funcionaban para reemplazarlas por otras, sin criterio alguno, sin estudios, sin medir consecuencias, con la más absoluta improvisación, ejecutada por funcionarios incompetentes, ignorantes y corruptos.

Pues bien, esa Torre de Babel ahora está a la vista de todos. Cada día que pasa será mayor el horror de lo que se va descubriendo, porque la finalidad de esta pandilla era robar todo lo que podía, mientras que se desmantelaba el Estado que funciona y soluciona los problemas de la gente, aunque con defectos, para reemplazarlo por el Estado socialista que no ha funcionado nunca en ningún lugar del mundo.

Comienzan a aparecer las barbaridades del gobierno de Petro

Entre las primeras noticias que se conocen está la de los falsos procesos de paz de Petro, que desmantelaron las Fuerzas Armadas ordenando suspender las operaciones contra los grupos criminales, mientras los organismos de inteligencia fueron entregados a los antiguos guerrilleros del M-19.

También se conoció que el endeudamiento adquirido por Petro, además de ser colosal, fue negociado a unas tasas de interés que son casi el doble de las habituales en el mercado financiero. Y que las grandes empresas y entidades del Estado, como Ecopetrol, Fiduprevisora, UNGRD, y muchas otras, fueron objeto de un saqueo sistemático.

La meta de entregar 3 millones de hectáreas en planes de reforma agraria, establecido en el falso Acuerdo de paz con las FARC, terminó en apenas 150.000 hectáreas entregadas a campesinos o agitadores sociales. Los procesos están inconclusos porque no se han titulado las tierras a los adjudicatarios, tampoco se le ha pagado a los antiguos propietarios y muchos predios fueros negociados con sobreprecios y comisiones corruptas cobradas por los funcionarios del gobierno.

En el sistema educativo se descubrió que había decenas de miles de becas que no se otorgaron a ningún estudiante, pero los dineros para financiarlas desaparecieron. Tampoco se conoce hasta ahora quiénes son los destinatarios de 800.000 contratos de prestación de servicios, por más de 30 billones de pesos (diez mil millones de dólares), otorgados por el gobierno en el último año a sus bases políticas, con los cuales compraron los votos con los que pretendían ganar las elecciones.

Igualmente, el país acaba de enterarse que se le ha entregado la administración de Colpensiones a una empresa desconocida y sin experiencia, de tal forma que unos 80 contratistas manejarán los recursos de casi dos millones de pensionados que administra esa entidad.

Todas estas barbaridades se han conocido en apenas dos o tres días de empalme. ¿Qué se descubrirá después de un mes de investigaciones? Nadie lo sabe. Asistiremos a una especie de sesión mágica, que ante las evidencias hará desaparecer un castillo reluciente que la propaganda del gobierno nos dice que existe, y entonces pasaremos a ver una Torre de Babel desmantelada y en ruinas, que fue lo que nos dejó la devastación petrista.

No será fácil la tarea de reconstruir a Colombia. La auditoría forense que el nuevo gobierno ha prometido hacer debe ser implacable, exhaustiva y contundente. No se puede tolerar la impunidad con la corrupción, que junto con el narco-terrorismo, han sido las principales causas del desastre que vive Colombia.

La desobediencia civil es insurrección

Finalmente, Iván Cepeda, el candidato derrotado, anuncia que comandará una política de desobediencia civil, que en realidad será dirigida por Petro. Ese anuncio es exactamente un llamado a la insurrección, a la guerra civil y al enfrentamiento armado contra el gobierno, en el cual se manifestarán todas las formas de lucha y de subversión revolucionaria.

En 2018, cuando Duque derrotó a Petro, éste anunció exactamente lo mismo con otras palabras. Ese anuncio se convirtió en el paro terrorista de 2021, en el cual las FARC, el ELN, el Clan del Golfo, las guerrillas urbanas y la minga indígena destruyeron el País, en particular a Cali, pretendieron derrocar al presidente Duque, paralizaron a Colombia durante casi tres meses, destruyendo la economía y el empleo.

¡Esto es lo mismo que están anunciando Petro y Cepeda! Estamos seguros que susintentos por destruir a Colombia serán inútiles, porque en ese entonces el presidente Duque ni cuenta se dio que lo iban a derrocar y no permitió que la Fuerza Pública tomara el control inmediato de los acontecimientos, enfrentando con firmeza la sublevación terrorista.

Ahora el presidente es Abelardo de la Espriella, quien no va a temblar de miedo ante la insurrección, pues sabe perfectamente que el Estado tiene todas las herramientas legales y constitucionales para derrotar a los criminales y a los violentos, cuando se tiene la determinación de hacerlo.

Es lo que esperamos del nuevo presidente y del nuevo gobierno. Ese fue el clamor que se manifestó en la campaña presidencial y no habrá mentira, cobardía o ingenuidad que permita que la subversión armada, los narco-terroristas y los corruptos se apoderen de Colombia.

Quien proclama la desobediencia civil debería ser denunciado y judicializado por promover el delito de insurrección. Si Cepeda desconoce el ordenamiento jurídico y la Constitución, pretendiendo derribarlos, no podría asumir la curul en el Senado de la República, que es precisamente donde se hacen las leyes que todo ciudadano tiene la obligación de acatar y defender.

Gran triunfo de Colombia

El triunfo de Abelardo de la Espriella es la victoria de Colombia sobre sus más acérrimos enemigos, que son la izquierda marxista, el narco-terrorismo y la corrupción. Este cáncer demoledor está representado por Cepeda, Petro, el Pacto Histórico, las FARC, el ELN, el Clan del Golfo y Juan Manuel Santos, quien es el articulador de todos ellos.

El resultado exige un profundo análisis. Es inexplicable que Cepeda haya obtenido una votación de casi 13 millones de votos. Este gobierno está conformado por una pandilla criminal que cometió todos los desmanes imaginables, que puso en práctica un sistema de corrupción sin límites y que entregó parte del territorio a los grupos narco-terroristas.

A pesar de los escándalos, de la humillación que significa una presidencia indigna y del desgobierno de Petro, es inaceptable que la mitad de la votación fuera por Cepeda, pues apenas se ganó por un estrecho margen de 260.000 votos.

Votos conseguidos con subsidios, contratos y fusiles

¿Cómo explicar esto? Con certeza, una gran parte de esa votación no corresponde a votos legítimos, sino a votos conseguidos por medio de la corrupción desenfrenada. Fueron cerca de 580.000 contratos de prestación d servicios, por valor de 31 billones de pesos, que se gastaron en este gobierno para comprar conciencias, entregar regalos y subsidios a decenas de miles de electores y financiar a la militancia del Pacto Histórico. A lo cual se le suman los votos conseguidos con un fusil guerrillero apuntando a los electores.

Las entidades del gobierno obligaron a los empleados públicos a votar por Cepeda y a asistir a sus manifestaciones políticas, y quien no lo hiciera perdía su empleo. ¿Cuántos votos significó ese constreñimiento electoral?

La votación en 102 municipios ubicados en zonas de conflicto arrojó una votación a favor de Cepeda que va del 75% al 90%. Esto sucedió en Cauca, Nariño, Chocó y Putumayo, donde las guerrillas de las FARC y del ELN amenazan a la población con sus fusiles asesinos y solo en esos cuatro departamentos sumaron 1.500.000 votos. ¿Cuántos más habrán conseguido en los demás departamentos?

Además, Petro fue el director de campaña de Cepeda y el principal de sus propagandistas, lo cual está expresamente prohibido por la Constitución. Sumados los votos comprados, los votos obtenidos con fusil y los votos obligados de los funcionarios del gobierno, son por lo menos 4 millones de votos fraudulentos.

Es falso que el país está dividido en dos mitades, una a favor del presidente electo y la otra en contra. Además, el 40% de los colombianos no votó, porque no creen en la política y viven con indolencia la crisis que padecemos. Entonces, considerando a los indiferentes y a los votos fraudulentos, no se puede afirmar que el País está dividido en dos mitades.

Una nueva forma de gobernar

Cuando el próximo gobierno comience la tarea de liberar las regiones aterrorizadas por las minorías criminales que se apoderaron de ellas en nombre de la “falsa paz”, entonces se podrá verificar que las personas que viven allí no son simpatizantes del comunismo. Votaron por Cepeda porque ellos y sus familias están amenazados de muerte.

El nuevo presidente gobernará en forma diferente, tal como lo fue su campaña, que no se pareció en nada a las que se han hecho en nuestra historia. El mensaje contundente es que la paz no se consigue con impunidad, ni con indultos, ni con diálogos inútiles, ni con falsas promesas de pacificación, que es lo que siempre se ha hecho. La paz verdadera se consigue imponiendo el orden Constitucional con toda la fuerza legítima del Estado.

Este proceso de reconstrucción tomará una fuerza incontenible cuando el País vea que el dinero del Estado se utiliza para construir escuelas, centros de salud, carreteras y obras de desarrollo, y no para que se los robe la pandilla criminal que gobierna. Llegó la hora de combatir en forma implacable a los criminales y al crimen organizado, sin concederles beneficios inaceptables, como se hace ahora.

Colombia necesita con urgencia que cese la horrible noche de la corrupción y de la criminalidad disfrazada de “paz total”. Se deben restablecer con urgencia los beneficios que el Estado debe proporcionar a la población para que pueda construir su propio futuro. Entre ellos, los subsidios de vivienda, que ahora están cancelados por Petro. Que se prorroguen las licencias de construcción de viviendas populares próximas a vencer, porque ha sido imposible desarrollar los proyectos en las condiciones actuales. También hay que restablecer los créditos educativos a bajo costo a través del Icetex, que también fueron cancelados.

Es necesario que haya créditos razonables para el fomento empresarial, que también desaparecieron. La construcción de centenas de obras de infraestructura, que quedaron abandonadas en el gobierno de Petro, serán fuente de riqueza y de empleos estables para miles de personas.

Todo esto va a generar un gran desarrollo, que es lo contrario de repartir subsidios a diestra y siniestra para que la población siga votando a favor del gobierno, a cambio de la destrucción del sistema económico.

En el plano internacional, tiene que ser restablecida la alianza con los amigos de siempre, pues según Petro, los países que siempre fueron nuestros amigos, ahora son nuestros peores enemigos. Es la estupidez convertida en política exterior para aislar a Colombia y convertirla en el ridículo del mundo, representada por un presidente desequilibrado que recorre los continentes diciendo sandeces, paseando con travestis, visitando prostíbulos o llamando a la insurrección a las Fuerzas Armadas de los EEUU.

Esas locuras solo caben en la cabeza de un alucinado drogadicto, que en buena hora tendrá que rendir cuentas ante la historia y ante la justicia por todos los crímenes que cometió durante su nefasto gobierno.

Hispano-América rechaza el socialismo

Todos los países de Hispano-América en donde hubo elecciones en el último año han cambiado de rumbo radicalmente. Estaban sumergidos en la cloaca del Foro de Sao Paulo, pero ahora se han dado cuenta que la prosperidad y el progreso están en la dirección opuesta.

Si el gobierno de Abelardo de la Espriella hace bien la tarea, ese será el argumento demoledor contra la izquierda demagógica, que nunca ha resuelto ninguno de los problemas que padecemos. Esa es la razón por la cual un hombre que nunca había hecho política, que no tiene partido, y que rechazó las alianzas con los partidos, pasó por encima de todos con una fuerza arrolladora y los derrotó.

En la medida en que cumpla sus promesas, se convertirá en el héroe que salvará al País y en el gran líder del continente americano.

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Píldoras para salvar a Colombia: Ganó Abelardo de la Espriella y perdieron todas las encuestas

Eugenio Trujillo Villegas

Las elecciones presidenciales del domingo arrojaron resultados contundentes e incontrovertibles. Contra todos los pronósticos de las encuestas, la primera vuelta fue ganada por Abelardo de la Espriella con el 43,7% de los votos.

Las encuestadoras Invamer, Centro Nacional de Consultoría y Guarumo, que reciben cuantiosos contratos del Estado y de los noticieros de TV, estuvieron al servicio de la desinformación y del fraude, porque todas afirmaron que Cepeda ganaba ampliamente, que Abelardo apenas tenía el 20% de los votos, y que Paloma era la que podía ganarle a Cepeda en la segunda vuelta. La única que acertó en sus predicciones fue Atlas Intel.

Esto demuestra una vez más que los sondeos de opinión nacionales son manipulados en forma criminal para favorecer a Iván Cepeda, el candidato de Petro y de las FARC.

Eso fue lo que denuncié en todas las “píldoras para salvar a Colombia”, una secuencia de 12 artículos ampliamente divulgados durante las cinco semanas anteriores a las elecciones.

Resumiendo, esas encuestas falsas afirmaban que en todos los escenarios el ganador de la primera vuelta sería Iván Cepeda, con un porcentaje de votos que iba desde el 35% hasta el 45%.

También desconocieron el crecimiento exponencial de Abelardo de la Espriella durante el último mes de la campaña, a quien las encuestas le daban entre el 15% y el 25% de los votos, pero la realidad es que obtuvo el 43,7%, lo cual es una diferencia enorme.

Paloma Valencia se fue desinflando a partir de su desacertada alianza con Juan Daniel Oviedo, y terminó obteniendo apenas un 6,9% de los votos, lo cual tampoco fue previsto por ninguna de las encuestas. Sólo divulgaron desinformación programada para favorecer a Iván Cepeda y perjudicar a Abelardo de la Espriella.

En síntesis, las siguientes son las grandes verdades de la primera vuelta de la elección presidencial.

1.- La opinión pública ha girado hacia la derecha.

El centro se ha reducido notablemente y ha ganado la derecha. El candidato Abelardo de la Espriella supo ganarse el apoyo de la población con un discurso categórico y firme a favor de la seguridad, el combate eficaz en contra de los grupos terroristas, la corrupción exponencial del gobierno de Petro y la defensa de la familia y los valores morales y religiosos.

Es inédito en la política de Colombia que un candidato obtenga semejante triunfo sin el apoyo de los partidos políticos, sin maquinarias electorales, sin comprar votos y sin repartir dádivas a los votantes. Todo se consiguió a través del Voto de Opinión.

2.- La izquierda se mantiene con gran poder, a pesar del desgobierno de Petro.

Esta es sin duda una clara señal del deterioro moral e ideológico de un sector muy grande de la población, pues a pesar del actual desgobierno, de la corrupción desaforada que se tomó al Estado y del fracaso estruendoso de la paz con los grupos terroristas, muchas personas creen que el socialismo puede mejorar el nivel de vida de los colombianos.

3.- Paloma Valencia apostó a unas alianzas fracasadas y perdió

La candidata del Centro Democrático, con el apoyo del expresidente Uribe, le apostó a una alianza espuria con la izquierda, los colectivos LGBTI y los desacreditados partidos políticos tradicionales. Los partidos Liberal, Conservador, Cambio Radical y la U, fueron sus pésimos aliados. Creyeron que esa unión conseguiría muchos votos, pero fue exactamente lo contrario, pues los espantó por las graves contradicciones de un partido que se abraza a sus enemigos para ganar las elecciones.

Escoger a Juan Daniel Oviedo como fórmula vicepresidencial fue la peor decisión, al instalar la contradicción en el seno del partido, renegando de todos los valores fundacionales del Centro Democrático. Este partido aglutinaba al sector más derechista de la opinión pública, aunque su jefe, el expresidente Uribe, no es de derecha.

4.- Es indispensable unir la derecha para ganar en la segunda vuelta

En tres semanas se realizará la segunda vuelta presidencial, para lo cual es indispensable unir a todas las fuerzas de derecha del país. La candidata Paloma Valencia y el expresidente Uribe ya anunciaron que su partido respaldará la candidatura de Abelardo de la Espriella.

Esta es una actitud honorable y patriótica que es necesario reconocer, a pesar de todas las fricciones que hubo durante la campaña presidencial. Paloma Valencia obtuvo 1.630.000 votos (6,9%), que sumados a los de Abelardo llegarían a 50,6%, lo cual le daría el triunfo en la segunda vuelta.

Además, también llegarán muchos de los votos de algunos otros candidatos derrotados, como Sergio Fajardo (1.008.00 votos – 4,2%), Claudia López (215.000 votos – 0,9%) y Santiago Botero (206.000 votos – 0,8%) y otros menores. Todos suman 1.500.000 votos que quedan en libertad para adherir a cualquiera de las dos candidaturas. Como seguramente lo harán por mitades, con esos votos Abelardo asegurará su triunfo en la segunda vuelta.

Es indispensable derrotar a Petro, a Cepeda y a las FARC en la segunda vuelta, porque prometen continuar con la horrible y oprobiosa noche en que nos ha sumergido la izquierda demoledora de la nación. Colombia no aguantará cuatro años más de socialismo y de corrupción, porque la prosperidad aparente que vemos es producto del desbordado gasto del Estado, que ha pretendido comprar los votos de Cepeda por medio de subsidios sin control, y con 800.000 contratos de prestación de servicios con los cuales se han girado 35 billones de pesos ($10.000 millones de dólares) a los simpatizantes del petrismo, lo cual ha sido una evidente compra anticipada de votos.

Si se pudo ganar en la primera vuelta en contra de todas las expectativas y de todas las encuestas, también se ganará en la segunda elección.

Colombia no merece seguir siendo gobernada por la misma pandilla criminal que se tomó el poder en Venezuela, Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Perú y España. Precisamente, ahora la historia le pasa la cuenta de cobro a los perversos socialistas españoles del PSOE, que han sido cómplices de los latrocinios cometidos en algunos países de Hispanoamérica, como Cuba y Venezuela.

Ha llegado el momento de derrotar a la izquierda asesina y corrupta de Petro y Cepeda, para que triunfen la libertad, la libre empresa y la propiedad privada, lo cual solo será posible con Abelardo de la Espriella.

Fuentes: La Linterna Azul

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Eugenio Trujillo Villegas
Director: Sociedad Colombiana Tradición y Acción

En 2022 publiqué el libro La Extorsión Indigenista, como una denuncia internacional sobre la articulación marxista del movimiento indígena en Colombia. Es una de las consecuencias de un fenómeno que se ha extendido por toda América, desde Canadá hasta la Patagonia.

Esa articulación no se hizo para defender los derechos de los pueblos indígenas. Fue realizada por organizaciones marxistas promovidas y financiadas por el Foro de Sao Paulo, que ha sido el motor de la revolución marxista en el continente. Fue fundado en 1991 por Fidel Castro y Lula da Silva, actual presidente de Brasil.

Además de difundir el cáncer de la corrupción comunista y conducir al continente hacia la llamada Revolución Bolivariana, promovió en cada país el levantamiento subversivo de las poblaciones indígenas para destruir la democracia, la libertad y la empresa privada, en una guerra política implacable que ha generado daños inconmensurables.

Alianza entre indígenas, guerrilleros y narco-terroristas

En Colombia, uno de los países en donde más tomó fuerza esta alianza funesta entre indígenas, guerrilleros y narcoterroristas, el problema no despierta mayor preocupación entre los sectores empresariales.

Aunque el libro ha sido un éxito absoluto en su difusión, ninguno de los gremios empresariales del país le prestó la menor atención, ni se dignó siquiera adquirir un solo ejemplar, ni ayudaron tampoco a divulgarlo entre sus asociados. Lo adquirieron miles de personas preocupadas por el agravamiento del problema indígena.

La realidad es que el movimiento indigenista en Colombia ha crecido y escalado las más altas cimas del poder, gracias al apoyo incondicional del gobierno de Petro.

Las consecuencias son devastadoras para la economía, el orden público y la seguridad ciudadana. Las comunidades indígenas se apoderaron de las carreteras del suroccidente de Colombia. La vía Panamericana, en el trayecto Cali–Popayán–Pasto, es interrumpida cuantas veces se les antoja a estas comunidades, y sus bloqueos y taponamientos han durado hasta tres semanas continuas, destruyendo la economía de la región. Igualmente, la vía Cali–Buenaventura, fundamental para el comercio con el Pacífico, es bloqueada cuando a estas gentes se les antoja hacerlo, interrumpiendo el comercio exterior de Colombia.

El problema viene desde el gobierno de Santos (2010–2018), quien le impuso a Colombia el nefasto proceso de falsa paz con las FARC, que concluyó con el robo del plebiscito de octubre de 2016. Las FARC fueron objeto de la más abyecta impunidad, y ahora ejercen el dominio total de vastas zonas de Colombia, abarcando unos 600 municipios de los 1.100 que hay en el país.

Para aceptar el acuerdo, las FARC exigieron del gobierno Santos la prohibición de fumigar los cultivos de coca con glifosato. Así, en 2010, cuando terminó el gobierno de Uribe, había 50.000 hectáreas sembradas en coca y ahora hay más de 300.000: seis veces más, con lo cual la producción de cocaína ha aumentado en la misma proporción.

Los artífices de ese desastre fueron Juan Manuel Santos y Alejandro Gaviria, quien fue el ministro de Salud durante todo ese gobierno. Ambos se enfrentaron al Consejo Nacional de Estupefacientes, integrado por el Ejército, la Policía, la Procuraduría y la Defensoría del Pueblo, asesorados por la DEA y la embajada de los Estados Unidos. Todas estas instituciones defendieron la necesidad de la fumigación aérea de los cultivos de coca con glifosato, pero Santos y el ministro Gaviria impusieron su tesis, y consiguieron que la Corte Constitucional dictara una sentencia prohibiendo dicha fumigación (Sentencia T-236, 21 de abril de 2017, Corte Constitucional). (La Extorsión Indigenista, Eugenio Trujillo V., p. 60).

Después, Gaviria se volvió petrista, ayudó a la elección de Petro, se convirtió en su ministro de Educación y después fue echado del cargo a las patadas, de lo cual se enteró por los noticieros. Así paga el diablo a quien bien le sirve, reza la cultura popular.

Desde entonces, la alianza de las FARC y los indígenas ha sido indiscutible. Las hordas indígenas se desplazan por toda Colombia asaltando ciudades y carreteras, e invadiendo predios, sin que autoridad alguna imponga límites a los abusos cometidos.

Hace pocos días una de estas hordas criminales invadió la Agencia Nacional de Tierras y las dependencias del Ministerio de Agricultura, en Bogotá. Secuestraron a varios empleados, hicieron grandes destrozos en las instalaciones y, como siempre, no pasó nada. Llegaron y se fueron en camionetas de alta gama que el gobierno les regala por centenas, en las cuales ellos trasladan armas, cocaína, dinero, personas secuestradas y guerrilleros armados. Y no pasa absolutamente nada, porque esa es la política del gobierno. Las autoridades, al mando del Ministerio de Defensa, tampoco hacen nada, porque la orden del gobierno es protegerlos. Los alcaldes y gobernadores del país tampoco hacen nada, porque se mueren de terror de imponer el cumplimiento de las leyes a una horda de indígenas agresivos y salvajes, que se consideran dueños de Colombia, no respetan ninguna ley, pues consideran que están por encima de todas ellas.

El nuevo ministro de la Igualdad es un promotor de invasiones

Finalmente, el pasado mes de enero fue nombrado ministro de la Igualdad uno de los más aguerridos jefes indígenas. Luis Alfredo Acosta, quien fue por muchos años coordinador de la Guardia Indígena del Cauca, fue el secuestrador de un contingente de militares en ese departamento, que fueron desarmados por los indígenas, desnudados, escupidos en la cara, insultados indignamente y hasta amenazados con ser degollados por el sujeto que ahora es flamante ministro.

Mientras tanto, el gobierno decreta la entrega de decenas de miles de hectáreas a las comunidades indígenas, y lo único que hacen con ellas es destruir los sistemas de producción agropecuaria que allí existen, convirtiéndolos en predios improductivos y abandonados, que no generan empleo ni producción agropecuaria alguna.

Además de las tierras que el gobierno les entrega, ellos se toman por las armas las tierras que se les antoja. Según ellos, este es su derecho, y lo proclaman como un acto de justicia ancestral, pues se consideran dueños de todas las tierras del país. Los indígenas vagaban por ellas hace 500 años, desnudos y salvajes, matándose entre ellos mismos, cuando España nos convirtió en un mundo civilizado, enseñándonos los principios de la propiedad privada, de la familia, del Estado y del derecho, que son la fuente de la cultura y del progreso humano.

La Extorsión Indigenista resultó ser uno de los documentos más importantes y esclarecedores que se han hecho en los últimos años, pues todas y cada una de las previsiones y denuncias hechas allí se han cumplido al pie de la letra.

El indigenismo, aliado con las FARC, que ahora se hacen llamar disidencias, se apoderaron de media Colombia con la complicidad de las autoridades. Comandadas por los tres Ivanes (Iván Márquez, Iván Mordisco e Iván Cepeda), van por la conquista de la otra media Colombia, si es que en las próximas elecciones presidenciales no derrotamos el marxismo, que es el culpable de conducirnos hacia un desastre anunciado, conocido por todos y evidente para los que tienen ojos para ver.


Febrero 23 de 2026trujillo.eugenio@gmail.com

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Email: trujillo.eugenio@gmail.com
Celular – WhatsApp: 317 668 11 00

Apelo a los obispos silenciosos

Por Eugenio Trujillo Villegas | 6/06/2025

Los obispos son los sucesores legítimos de los apóstoles. Sobre ellos recae el mandato expreso de Nuestro Señor Jesucristo de apacentar las ovejas, de protegerlas de los lobos y de enseñarles la verdad, la ortodoxia y la práctica de la verdadera fe.

Eso es lo que han hecho los obispos a lo largo de veinte siglos, aunque el cumplimiento de ese deber sagrado les haya acarreado persecuciones, cárcel y muerte, pues muchos han sido mártires.

El Pastor debe defender las ovejas de los lobos

El obispo está obligado a orientar a sus fieles. Puede hacerlo por medio de Cartas Pastorales o pronunciamientos públicos, individuales o colectivos, destinados a proclamar la doctrina verdadera y enfrentar los errores del momento. Esto es lo que la Iglesia ha hecho siempre, en todas las épocas, en todas las circunstancias, con voz clara y fuerte para que el mundo escuche.

Sin embargo, en estos días aciagos, es lamentable constatar que los obispos de Colombia guardan sepulcral silencio ante la magnitud de la demolición que presenciamos. El marxismo cultural que inunda el mundo ha hecho grandes estragos en nuestra sociedad, que son tan evidentes que ni es necesario mencionarlos.

Pero, peor que eso, vivimos una situación de desgobierno y de indignidad en la ejecución del mandato presidencial, que es el más grave de los problemas actuales del país. Se pretende imponer un conjunto de reformas sociales descabelladas que amenazan con destruir las instituciones, pero ante ello los obispos guardan silencio.

Tenemos un presidente ilegítimo, elegido mediante fraude, sumergido en las profundidades viciosas de las drogas, ausente de los problemas que él tiene obligación de resolver, y rodeado de la más escabrosa corte de corruptos y sátrapas que alguna vez pudo imaginarse que podrían ocupar los más altos cargos del gobierno. Además, se pelean a muerte entre ellos.

No hay un elefante en la casa presidencial, sino una manada

Hace 30 años, ante una situación parecida pero menos grave, el arzobispo de Bogotá, cardenal Pedro Rubiano, acuñó una expresión que nunca se borrará de la memoria de los colombianos, afirmando que el presidente de la época tenía un elefante dentro de su casa y no se había dado cuenta.

Pues bien, el presidente de ahora no tiene un elefante en su casa, sino una manada. Y sus locuras marxistas están desmantelando la nación, llevándola al caos y a la violación de todas las normas constitucionales.

Ante esta amenaza para el País, para la Iglesia y para Colombia: ¿La Conferencia Episcopal no tiene nada qué decir? ¿No hay orientación alguna hacia aquellos que tienen fe y confían en ellos como Pastores?

Pues parece que no. La respuesta del Episcopado es el silencio, mientras que Colombia se deshace como nación y se va configurando en el horizonte un panorama de guerra civil, porque el gobierno le prohíbe expresamente a las Fuerzas Armadas que defiendan las instituciones amenazadas. Simultáneamente, protege a todos los gropos terroristas y subversivos, que actúan con absoluta impunidad en todo el territorio nacional.

En medio de esta tragedia, me atrevo a preguntar: ¿Alguien escuchó la voz de algún obispo de Colombia para defender las instituciones amenazadas? ¿O a las víctimas de la guerrilla marxista que han sido asesinadas, secuestradas y extorsionadas? ¿O a las decenas de miles de personas obligadas a abandonar sus territorios y propiedades ante las amenazas de muerte de los grupos terroristas?

Es lamentable tener que afirmar que no hemos escuchado nada, o casi nada. Sin embargo, lo que sí hemos escuchado con absoluta claridad, es que esos mismos obispos están listos para participar en cuanta mesa de negociación se organiza para hablar con los grupos terroristas, sin que se resuelva nada.

Y también escuchamos que por los días de la pasada Semana Santa, el vocero de la Conferencia Episcopal le pidió al Senado de la República que debían aprobar las reformas sociales promovidas por el gobierno para así alcanzar la paz. O sea, que se apruebe la reforma de la salud, para que la gente se muera en las calles. Y que se apruebe la reforma laboral, para que se pierdan 500.000 o 1.000.000 de empleos. ¡Para eso sí tienen voz los obispos de Colombia! ¡Para eso sí se pronuncian con claridad!

Mientras el país acompaña impasible la demolición del Estado de Derecho, y las más importantes instituciones del Estado abandonan cobardemente sus deberes constitucionales, el Gobierno prepara la implantación de una dictadura a través de la imposición de la Consulta Popular. Ante esto, los obispos duermen profundamente y no parecen darse cuenta de lo que acontece.

Deberían recordar que su obligación es defender las ovejas de los lobos hambrientos. Que su voz debería despertar al pueblo fiel, que está siendo llevado a la destrucción. Que la implantación del comunismo, que es la meta final del actual gobierno, implica también la persecución y destrucción de la Iglesia.

Implacable persecución del comunismo a los católicos

Si todavía no lo creen, y piensan que esto son exageraciones sin fundamento, deberían leer las noticas que llegan de Nicaragua, en donde el dictador Ortega prohibió el culto católico, proscribió las órdenes religiosas y encarceló a varios obispos, religiosos y monjas. Y eso que esa revolución sandinista que se realizó hace 30 años en nombre de la Teología de la Liberación, se hizo gracias al apoyo incondicional de esos mismos obispos, sacerdotes y monjas.

Son hechos vergonzosos que ya están escritos en la historia y que nadie podrá decir que no acontecieron. Pero que se pueden estar repitiendo en Colombia, cuando los Pastores se abrazan con los lobos dizque para conseguir la paz, pero lamentablemente lo que obtienen es guerra, esclavitud y destrucción.

Información sacada de:

https://lalinternaazul2.wordpress.com/2025/06/07/apelo-a-los-obispos-silenciosos/