¿ Dos iglesias? | En octubre esto sucederá en Roma
- Luis Fernando Escobar
El próximo 7 de octubre, Roma se convertirá en el epicentro de un acontecimiento sin precedentes en la historia reciente de la Iglesia Católica. Mientras en el Vaticano se convoca a obispos de todo el mundo para debatir en el marco sinodal sobre el futuro de la pastoral familiar, a escasos metros el ala fiel de la tradición se reunirá de emergencia. El objetivo: defender el dogma mariano de la corredención de Nuestra Señora, un título que el Vaticano ha intentado silenciar en los últimos tiempos.
Este escenario plantea una interrogante fundamental para los fieles: ¿nos encontramos ante una hegemonía progresista transitoria o ante la resistencia definitiva de la fe bimilenaria?
El pulso por el dogma mariano: La conferencia María Nunquam Satis
Entre el 7 y el 8 de octubre, el Instituto Patrístico Augustiniano de Roma acogerá la conferencia internacional «María Nunquam Satis» (De María nunca se seguirá suficiente). Este encuentro de prelados e intelectuales surge en un clima de máxima tensión, meses después de que el Dicasterio para la Doctrina de la Fe publicara la nota Mater Populi Fidelis, en la cual se calificaba de «siempre inoportuno» el uso del título de María Corredentora.
Ante esta directiva, las respuestas desde sectores tradicionales no se han hecho esperar. El cardenal Raymond Burke respondió con contundencia desde los Países Bajos, afirmando:
«La Santísima Virgen María es Corredentora, es decir, participa de manera única en la obra salvífica de nuestro Señor».
Para disipar cualquier malinterpretación por parte de los sectores progresistas, el purpurado aclaró de inmediato que esto no implica defecto alguno en el sacrificio de Cristo, quien es perfecto y fuente de gracia divina y vida eterna. El debate de fondo, por tanto, no radica en si María coopera en la salvación —un hecho indiscutible para la doctrina católica—, sino en el intento de diluir o censurar sus prerrogativas para evitar incomodar al mundo moderno y facilitar diálogos interconfesionales.
Para la tradición, la postura es clara: si bien Cristo es el único Redentor, el «sí» libre de la Virgen en la Encarnación y su presencia al pie del Calvario la vinculan a la redención de un modo que ninguna otra criatura puede igualar. Las suspicacias apuntan a que este silenciamiento busca congraciarse con reformas de corte luterano y alinearse con directrices de la Agenda 2030 hacia una Iglesia universal despojada de sus particularidades dogmáticas.
Sínodo, Amoris Laetitia y la presión globalista
De forma concomitante, del 7 al 14 de octubre, el Vaticano celebrará un encuentro sinodal con jefes de iglesias orientales y presidentes de conferencias episcopales con motivo del décimo aniversario de la exhortación apostólica Amoris Laetitia.
Es aquí donde colisionan dos visiones de la Iglesia:
El sector tradicional, que busca blindar las verdades eternas y un enfoque estrictamente teocéntrico.
La línea progresista, que impulsa un enfoque predominantemente antropocéntrico y sinodal.
Bajo el lema de «escuchar las realidades de la familia de hoy», diversos analistas advierten sobre el riesgo de asimilar exigencias del mundo contemporáneo. En este punto intervienen presiones externas de organismos internacionales como la ONU, que buscan que las instituciones religiosas asimilen fórmulas interconfesionales impregnadas de ideología de género, ecologismo radical y un igualitarismo religioso generalizado.
La historia eclesiástica demuestra que las corrientes que se apartan de la doctrina bimilenaria para amoldarse al espíritu de cada siglo suelen naufragar en el vacío, mientras que la fidelidad al magisterio tradicional prevalece.
Conclusión: Hacia una jornada histórica
Las jornadas concluirán el 14 de octubre con una Santa Misa en la Plaza de San Pedro. El panorama revelará de forma patente la coexistencia de dos concepciones opuestas de la Iglesia: una jerárquica y firmemente anclada en la fe de siempre, y otra abierta a la hibridación con las estructuras del mundo actual.
Participa en el debate
Queremos conocer tu postura ante estos acontecimientos cruciales para la cristiandad. Déjanos tus impresiones en los comentarios:
¿Cree que el avance de las corrientes sinodales y el abandono de los títulos tradicionales marianos representa una ruptura peligrosa con la verdadera fe de la Iglesia?
¿Existe un designio deliberado para desplazar a la Virgen María y acomodar a la Iglesia a una religión global sin fricciones polémicas?
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¿Una religión universal? | Análisis de la escandalosa nota doctrinal de la Santa Sede
- Juan Esteban López
¿Qué es lo que está pasando en Roma? Pareciera que desde lo más alto de la jerarquía eclesiástica estuviera comenzando una apostasía de nuestra fe católica. Sabemos que tenemos la promesa de nuestro Señor de que las puertas del infierno no prevalecerán contra la Santa Iglesia, pero eso no significa que la institución esté exenta de crisis, como ya muchas veces se ha visto a lo largo de la historia.
Recientemente ha salido a la luz una nota doctrinal de la Santa Sede que ha dejado perplejo a gran parte del mundo católico. Ante este documento, que reivindica el indiferentismo religioso, el Centro Cultural Cruzada —como organización civil conformada por católicos en defensa de la tradición, la familia y la propiedad— se ve en la imperiosa necesidad de pronunciarse.
Nuestra postura: El equilibrio frente a la autoridad
El Centro Cultural Cruzada reconoce al Santo Padre como legítimo sucesor de San Pedro. Sin embargo, esto no implica que debamos seguir ciegamente todas sus afirmaciones:
Una auténtica devoción al papado no consiste en la «papolatría» moderna.
Consiste en pedirle al Papa que cumpla su misión: confirmar a sus hermanos en la fe basándose en el magisterio perenne, no en inventar doctrinas nuevas.
Análisis de la Nota Doctrinal: «Un camino de esperanza»
El documento en cuestión se titula: «Un camino de esperanza: 60 años de diálogo y fraternidad interreligiosa a la luz de la declaración conciliar Nostra aetate». Su contenido plantea profundas contradicciones doctrinales:
El trasfondo del Concilio Vaticano II: Es fundamental recordar que este concilio fue de carácter pastoral, no dogmático. Esto significa que los fieles católicos, sacerdotes y obispos podemos tener reservas legítimas frente a él sin dejar de ser católicos. Las declaraciones ambiguas sobre la libertad religiosa en su momento generaron gran confusión, y confiamos en que la Providencia permita en el futuro su revisión o anulación.
El peligro de la «fraternidad universal»: La nota doctrinal impulsa el concepto de una fraternidad global entre todas las creencias. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿es posible la fraternidad entre la verdad y el error? La doctrina católica enseña que “Omnes dii gentium daemonia” (todos los dioses de los paganos son demonios). Pretender una comunión entre el cristianismo y el paganismo resulta teológicamente irreconciliable y huele peligrosamente a los cimientos de una religión universal.
El «Diálogo» como herramienta dialéctica
El documento insiste en que la misión evangelizadora ya no debe enfocarse exclusivamente en anunciar a Cristo, sino en el diálogo con otras tradiciones religiosas. Es crucial distinguir dos enfoques:
El sentido tradicional: En la escolástica católica, el diálogo contraponía la verdad (la Iglesia) frente al error para hacer ver al interlocutor dónde se encuentra la verdadera fe.
El sentido moderno (dialéctica hegeliana): En la práctica actual, este diálogo se utiliza como un término transbordado para buscar «puntos en común» entre todas las religiones, diluyendo la verdad absoluta de Jesucristo en favor de una síntesis sincretista.
Una visión antropocéntrica y la negación de la religión mundial
En sus apartados más avanzados, la nota doctrinal propone como «criterio de discernimiento universal» la acogida del necesitado y los textos sagrados de distintas religiones, reduciendo la misión de la Iglesia a una labor meramente humanitaria.
El fin supremo de la Iglesia: La Iglesia tiene innumerables obras de caridad, pero su fin principal es la salvación de las almas mediante la fe y el bautismo en la Santísima Trinidad. Reducirla a una ONG humanitaria vacía su razón de ser.
La contradicción interna: En el punto 53, el texto afirma: «En realidad, no se trata de fundar una gran religión mundial…». Como dice un popular refrán: si tiene rayas de tigre, ruge como un tigre y tiene ojos de tigre… es un tigre. Por más que nieguen la intención de crear una religión universal, los principios de indiferentismo religioso que promueven conducen inexorablemente a ella.
El respaldo del Magisterio Tradicional y las condenas papales
Para mantener firme la brújula de nuestra fe, es indispensable recordar las enseñanzas de los grandes papas del pasado que condenaron tajantemente estos errores:
Papa Gregorio XVI (Mirari Vos, 1832): Condenó el indiferentismo como una opinión perversa que hace creer que la salvación puede lograrse en cualquier profesión de fe, advirtiendo que quienes así piensan perecerán eternamente si abandonan la fe católica entera e inviolable.
Papa Pío IX (Syllabus / Quanta Cura, 1864): Reafirmó la condena a la idea de que el hombre es libre de abrazar cualquier religión o de que la salvación eterna se alcanza bajo cualquier culto.
Conclusión
Estamos presenciando los pasos firmes hacia una religión universal disfrazada bajo el eslogan de la «fraternidad universal». Ante este desconcierto, los católicos fieles debemos mantenernos firmes en la Tradición.
Oremos fervientemente para que la Santísima Virgen María y el Espíritu Santo concedan al Santo Padre la sabiduría y la fortaleza necesarias para guiar la barca de San Pedro a puerto seguro y defender la pureza de la fe católica.
¿Qué opina usted sobre esta nota doctrinal? Déjenos su comentario abajo y participe de este debate en defensa de la Santa Iglesia.
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¡Obedezcan! : ¿Un Católico esta obligado a aceptar todo?
- Luis Fernando Escobar
En los últimos tiempos, la publicación de ciertos textos eclesiásticos, notas doctrinales y declaraciones provenientes del Vaticano ha generado profundas reservas y confusión en millones de bautizados alrededor del mundo. Frente a la legítima preocupación de los fieles católicos, la respuesta de algunos sectores jerárquicos suele ser inmediata: «Obedezcan sin cuestionar, o estarán fuera de la Iglesia».
Sin embargo, a la luz del Código de Derecho Canónico y de la Tradición milenaria, surge una pregunta ineludible: ¿es esta presión desmedida teológica y jurídicamente correcta?
1. El contexto de la inquietud actual y el riesgo del relativismo
La publicación de recientes notas doctrinales —como aquellas que conmemoran aniversarios de documentos del Concilio Vaticano II como Nostra Aetate— ha suscitado un vivo debate. Diversos sectores señalan con preocupación la presencia de expresiones que parecen diluir el mandato evangélico de hacer discípulos a todas las naciones, aproximándose peligrosamente al sincretismo o al relativismo religioso.
Esto entra en tensión con el Magisterio tradicional perenne y con las enseñanzas de los grandes Doctores de la Iglesia, quienes siempre defendieron la unicidad de la Iglesia católica como medio necesario para la salvación.
2. Los verdaderos límites de la obediencia y el Derecho Canónico
Si bien la comunión con el Sucesor de Pedro es un pilar fundamental de la fe católica, la teología distingue claramente los grados de autoridad y asentimiento que requiere cada documento eclesiástico:
No todos los escritos emitidos por un Dicasterio gozan de infalibilidad.
Existen materias opinables, de índole pastoral o disciplinaria, que no constituyen dogmas de fe irreformables.
El respaldo del Canon 212 § 3
La legislación de la Iglesia protege activamente la corresponsabilidad y la participación madura de los laicos. El Canon 212 § 3 del Código de Derecho Canónico establece con claridad:
«Tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestar a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres, la reverencia hacia los Pastores, y habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas.»
Esto demuestra que la observación constructiva y el discernimiento basado en la fe no son actos de rebeldía, sino derechos legítimos siempre que se mantenga el respeto a la jerarquía y a la doctrina inmutable.
3. Fidelidad a la Tradición frente a los desafíos contemporáneos
A lo largo de la historia, las crisis internas y las tensiones doctrinales han puesto a prueba a los fieles. Hoy en día, la influencia de corrientes ideológicas seculares dentro de ciertas estructuras eclesiales genera documentos que a menudo parecen diluir verdades largamente asentadas sobre la moral y el depósito de la fe.
Frente a este panorama, la brújula definitiva sigue siendo la Sagrada Tradición y el Magisterio de siempre. La Constitución Dogmática Dei Verbum corrobora que la Tradición apostólica posee un carácter vinculante e inmutable en su núcleo esencial.
Conclusión
Una de las grandes paradojas del momento actual es que, mientras se promueve un diálogo abierto hacia el mundo moderno y otras confesiones, en ocasiones se cierren los espacios de escucha interna mediante exigencias de sumisión absoluta en materias opinables.
Inspirados en los principios del catolicismo, es necesario reafirmar la absoluta fidelidad a la fe de siempre y la debida reverencia a las autoridades legítimas; pero recordando siempre que la obediencia cristiana nunca anula el deber de conciencia ni el derecho de custodiar fielmente el depósito de la fe.
¿Consideras que los canales de diálogo interno entre los fieles y la jerarquía eclesial son suficientes en la actualidad?
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El nacimiento de Nuestra Señora y el triunfo de su reinado
- Plinio Corrêa de Oliveira
Todo lo que hace la Iglesia es sabio. En Su sabiduría, Ella clasifica los diferentes niveles de honor que deben pagarse a Dios, a Nuestra Señora y a los santos. El primer nivel, llamado latria o adoración, es sólo para Dios y Nuestro Señor Jesucristo, Quien es el Verbo Encarnado.
El culto a Dulia es veneración o mediación, que la Iglesia rinde a los santos. Sin embargo, existe una categoría especial de honor que la Iglesia sólo paga a Nuestra Señora, llamada hiperdulia. Nuestra Señora ocupa un lugar tan alto por encima de todos los demás santos que la Iglesia tuvo que crear un culto especial para describir la devoción a ella. Esto demuestra la posición única de Nuestra Señora en toda la creación.
La Iglesia enseña esto de varias maneras. Por ejemplo: Además del de Nuestro Señor y San Juan Bautista, no se celebra ningún otro cumpleaños; ningún otro santo tiene más de una fiesta al año; y aunque la Iglesia no permite que el mismo santo sea representado varias veces en el mismo altar, permite que se coloquen cualquier número de imágenes de Nuestra Señora en cualquier lugar de una iglesia. Además, la Iglesia celebra decenas de fiestas del calendario, ceremonias litúrgicas y prácticas piadosas en honor de Nuestra Señora.
Entre ellas, la Santa Natividad de Nuestra Señora tiene un significado especial, ya que marcó una nueva era en la historia del pueblo elegido.
Como el Antiguo Testamento no es más que el relato de la espera de los Mesías, se puede dividir en dos fases: la primera serían los 4.000-5.000 años anteriores al nacimiento de Nuestra Señora. El segundo es después de aquel bendito momento en que la Providencia decidió dar a luz a aquella cuya oración traería a los Mesías.
Su nacimiento fue la llegada de esa criatura perfecta y llena de gracia ante Dios. Sin ella, las oraciones y los sufrimientos de toda la humanidad no habrían logrado traer la Encarnación. Sin embargo, con ella, la trayectoria de la historia cambió para siempre. Todas las oraciones se volvieron más efectivas y una nueva forma de bendiciones y gracias comenzó a producir santidad como nunca antes.
Nuestra Señora sirvió como la “Puerta al Cielo” por donde pasaba la esperanza de los Mesías’. Su presencia en la tierra fue ocasión de señales de gracia. La altura de su contemplación le dio una fuerza de presencia. La convirtió en una fuente de tantas y tan altas gracias, que su existencia misma fue una anunciación de la venida de Nuestro Señor.
Así pues, la fiesta del nacimiento de Nuestra Señora es muy querida. Es el comienzo de la Redención que eventualmente derrotaría a los poderes malignos del paganismo y los gentiles.
Existe una profunda relación entre la venida de Nuestra Señora y lo que está ocurriendo en la sociedad moderna. Una vez más, Nuestra Señora ha asumido un papel fundamental en la historia, al levantar almas que arden con el deseo de su reinado en medio de la oscuridad del neopaganismo. Claman por ello y luchan por su implantación en la tierra.
Estas almas son como Nuestra Señora del Antiguo Testamento. La luz aún no ha llegado; ni la redención, ni la victoria, ni la liberación del diablo. Sin embargo, estas almas difunden gracias de esperanza y determinación, de tal manera que presagian la victoria venidera.
Así, el nacimiento de Nuestra Señora se repite simbólicamente para preparar la venida de su reinado,1 profetizado por San Luis de Montfort y las apariciones de Fátima.
Para aquellos que desean la victoria de Nuestra Señora, esta fiesta es especialmente importante. Éstos deben orar fervientemente por la llegada inmediata de su reinado, cuando la larga y oscura noche del pecado será eclipsada por su triunfo.
El artículo anterior está tomado de una conferencia informal que dio el profesor Plinio Corrêa de Oliveira el 8 de septiembre de 1966. Ha sido traducido y adaptado para su publicación sin su revisión. –Ed.
El miedo y el sufrimiento pueden ser caminos que conduzcan a la misericordia de Dios en el Purgatorio
- Edwin Benson
Introducción— En su libro Purgatorio, el P. F. X. Schouppe explica el papel del sufrimiento en el Purgatorio como forma de reparar a Dios por los pecados. Al final de la primera parte de su notable obra, incluye dos consejos que caen extrañamente en los oídos modernos.
Miedo – ¿Enemigo espiritual o aliado?
El primer consejo se refiere al Purgatorio como algo que hay que temer.
“Ese fuego, encendido por la Justicia Divina, esos dolores insoportables, comparados con los cuales todas las penitencias de los santos, todos los sufrimientos de los mártires juntos, son como nada, ¿quién está ahí que piensa que podrá mirarlos y no estremecerse de mucho miedo?”1
El mundo moderno enseña que el miedo siempre debe evitarse o, al menos, ignorarse. Muchos creen con entusiasmo en la mentira budista de que “Todo el secreto de la existencia es no tener miedo” Un corolario particularmente estúpido de la mentira circula por las comunidades de deportistas: “El dolor es el miedo a abandonar el cuerpo.” En el contexto cristiano, sin embargo, el miedo tiene un lugar. Para aquellos con una conciencia bien—formada, advierte de las próximas penas para aquellos que sucumben a las tentaciones, que incluso las personas más santas enfrentan, de pecar.
Sin embargo, ese temor no debería desplazar la confianza en Dios. El Padre Schouppe continúa: “Sin embargo, no es la intención de Nuestro Señor que tengamos un temor excesivo y estéril, un temor que tortura y desalienta, un temor sombrío y sin confianza. No, Él desea que nuestro temor sea templado con gran confianza en Su misericordia; Él desea que temamos el mal para prevenirlo y evitarlo; Él desea que el pensamiento de esas llamas vengadoras nos estimule a fervor en Su servicio y nos haga expiar nuestras faltas en este mundo en lugar de en el otro.”
Observe cómo el Padre Schouppe infundió el elemento de la misericordia de Dios con temores humanos razonables.
El castigo como puerta a la misericordia
El segundo consejo es permanecer alerta para evitar otro error moderno común. En ninguna parte dice el buen padre que ni la misericordia ni la confianza sustituyan al castigo o al sufrimiento. Más bien, todos trabajan juntos. A todos se les advierte que soporten los castigos justos y los sufrimientos que los acompañan, expresando al mismo tiempo confianza y seguridad en la Misericordia de Dios. “Si Dios reserva los castigos terribles en la otra vida para las faltas más pequeñas,” el Padre Schouppe asegura a sus lectores, “no los inflige sin, al mismo tiempo, templarlos con clemencia.”
De hecho, el Purgatorio en sí mismo es una expresión de la misericordia de Dios. Después de todo, sin el Purgatorio, no habría otro recurso que el Infierno para aquellos que mueren con el más mínimo pecado en sus almas. La perfección del cielo nunca puede diluirse por la existencia allí de ninguna imperfección inmunda.
Una vez más, esta es una idea impopular en la vida moderna, ya que muchos suelen pensar en la misericordia como una liberación o perdón de castigos justos. A menudo rechazan reflexivamente la posibilidad de que puedan combinarse. Sin embargo, el padre Schouppe explica que “nada muestra mejor la admirable armonía de la perfección divina que el Purgatorio, porque allí se ejerce la Justicia más severa, junto con la Misericordia más inefable.”
El Padre Schouppe continúa: “Si nuestro Señor castiga a aquellas almas que le son queridas, es en Su amor, según las palabras: ¿Aquellos a quienes amo reprendo y castigo? Con una mano golpea, con la otra cura. Ofrece misericordia y redención en abundancia: Quoniam apud Dominum misericordia, et copia apud eum redemptio?” (Porque con el Señor hay misericordia, y con Él hay abundante redención.)
Autoconfianza excesiva
Santa Lidwina (1380—1433), la mística holandesa que fue objeto de un artículo anterior de esta serie, habló una vez del Purgatorio con un sacerdote piadoso y algunos otros visitantes. La conversación giró hacia los sufrimientos del Purgatorio. El sacerdote expresó su total voluntad de soportar sus sufrimientos. Al ver un jarrón lleno de semillas de mostaza, dijo que “estaría satisfecho de ir allí durante tantos años como granos de semilla haya en este jarrón; entonces, al menos, debería estar seguro de mi salvación.”
El místico amonestó al sacerdote. “¿Por qué [tienes] tan poca confianza en la Misericordia de Dios? ¡Ah! ¡Si supieras mejor qué es el Purgatorio, qué terribles tormentos se soportan allí!”
“Que el Purgatorio sea lo que sea,” respondió el sacerdote, “Persisto en lo que digo.”
Algún tiempo después de la conversación, el sacerdote murió. Una de las personas presentes en la conversación anterior pidió a Santa Lidwina que compartiera sus pensamientos sobre la condición del sacerdote después de su muerte. “El difunto es acomodado, debido a su vida virtuosa; pero sería mejor para él si hubiera tenido más confianza en la Pasión de Jesucristo y si hubiera adoptado una visión más suave del tema del Purgatorio.
Recuperando espacio para los valores morales
- Marcos Machado
El resurgimiento conservador constituye una de las mayores esperanzas de este tercer milenio. Tenemos factores naturales y, al mismo tiempo, asistimos a una revitalización espiritual en grupos de edad que desconciertan a los agentes de la Revolución Anticristiana.
La táctica de «recortar» los nefastos logros de la Revolución IV —nos referimos a la reacción antiaborto, antidrogas y antiintromisión— que se extiende por los márgenes de las nuevas generaciones ha tenido éxito. Claro que nadie quiere un aborto.
También buscamos lo trascendental, la caballerosidad, el rito tridentino, la sacralidad de los objetos de culto. La demanda de sotanas es alta entre los jóvenes seminaristas. La devoción a María Santísima se evidencia en el número de cursos de consagración según el método de San Luis Grignion.
En Estados Unidos, observamos algunas reacciones conservadoras con el objetivo de «dividir» los logros de la Revolución en las últimas décadas.
En junio de 2026, la Convención Estatal Republicana de Texas (Texas GOP), celebrada en Houston, aprobó un conjunto de prioridades legislativas para el bienio 2026-2028, cuyo objetivo era el divorcio sin necesidad de determinar la culpabilidad (divorcio sin culpa).
Este importante estado estadounidense, con gran influencia católica, busca “Proteger a los niños de Texas” y “promover el matrimonio y las familias sólidas”.
Ahí lo tienen, la revolución sexual de los 60 está siendo torpedeada por varias iniciativas conservadoras.
“Dado que el matrimonio y las familias sólidas constituyen la mejor protección para los niños, el matrimonio, la unidad familiar, el ejercicio de la paternidad y los derechos parentales deben promoverse y respetarse en todos los organismos estatales, incluidos los servicios de protección infantil y las escuelas”, comenta LifeSiteNews.
La noticia continúa: el objetivo es «prohibir la adopción por parejas del mismo sexo. Poner fin a un divorcio sin necesidad de demostrar culpabilidad».
Como sabemos, hace cuatro años la Corte Suprema de los Estados Unidos anuló la afirmación injusta de que el aborto era un derecho constitucional. Desde entonces, innumerables estados estadounidenses han intentado restringir el aborto; y los estados liberales hicieron precisamente lo contrario, financiando y favoreciendo prácticas aún más infanticidas.
Idaho se convirtió en el primer tribunal federal del país en «reconocer» un nuevo derecho constitucional federal al aborto.
Por el contrario, el fiscal general de Idaho, Raúl Labrador —en colaboración con abogados de Alliance Defending Freedom—, solicitó al Tribunal de Apelaciones de los Estados Unidos para el Nuevo Circuito que protegiera la vida de los niños no nacidos y de las mujeres.
Los abogados explican que desde que entraron en vigor las leyes provida, la tasa de mortalidad materna en Idaho ha disminuido drásticamente. ¡Esto es un sueño!
Pero los defensores del aborto no quieren ver las estadísticas. Son fanáticos de una agenda centrada en 2030.
Pro Vida sostiene que es necesario defender “el más fundamental de nuestros derechos humanos: el derecho a la vida”. “Nada en la Constitución Federal otorga el derecho a acabar con una vida inocente y no nacida”, afirma John Bursch, abogado principal y vicepresidente de apelaciones y recursos de la ADF.
Por lo tanto, IPCO ha promovido campañas de sensibilización en universidades brasileñas con gran aceptación; allí, sin argumentos, solo sabe atacar verbalmente o incluso físicamente.
Apoyamos las iniciativas en Brasil para “reducir” los logros injustos del movimiento proaborto, ya sea a través de legislación o de acciones públicas.
Recuperemos nuestro Brasil restaurando los valores de Morales.
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Dos obispos que no guardan silencio
- Roberto de Mattei
¿Hay obispos hoy capaces de dirigirse a Roma, con un lenguaje claro y firme, pero sin perder el respeto y, sobre todo, el vínculo jerárquico que los une al Romano Pontífice? Existen, como lo demuestran dos ejemplos recientes del mes de agosto.
El 10 de agosto, Michael Haynes publicó en su blog Per Mariam un artículo de monseñor Marian Eleganti, benedictino, ex obispo auxiliar de la diócesis de Chur, sobre el tema de la decadencia del ministerio petrino. Monseñor. Eleganti se inspira en la audiencia privada concedida en julio por León XIV a “la madrina punk” Patti Smith para formular una crítica más general a la transformación de la imagen y al ejercicio del papado en las últimas décadas. “Desde hace mucho tiempo me preocupa personalmente el hecho de que, a partir de Juan Pablo II, los Papas hayan empezado a hablar cada vez más de manera completamente informal en las ocasiones más dispares (por ejemplo, en los aviones o al costado de la carretera, como lo hizo recientemente el Papa León XIV en Castel Gandolfo)”.
El problema es la tendencia, que se ha desarrollado especialmente desde Juan Pablo II, a multiplicar entrevistas, declaraciones informales, audiencias con personajes famosos, viajes y apariciones en los medios de comunicación. Todo esto corre el riesgo de hacer aparecer al Papa como «simplemente otro miembro del establishment internacional», mientras Pedro y Pablo no buscaban prominencia, sino que anunciaban el Evangelio.
Elegante, recuerda las relaciones de Francisco con Emma Bonino y Eugenio Scalfari y las audiencias concedidas al jesuita James Martin. El Papa, al acoger públicamente a determinadas personas sin corregir públicamente sus errores, corre el riesgo «haciendo menos clara la posición de la Iglesia y, según las circunstancias, puede incluso escandalizar a los fieles».
Segundo mes. Elegante, de esta manera los Papas han perdido progresivamente «autoridad y capital espiritual». El Papa debería hablar menos y, cuando hable, expresarse «en pocas palabras, de forma inequívoca y clara». El obispo suizo pide un discernimiento genuino, en contraposición a un activismo que multiplica los viajes, las audiencias y los apretones de manos mientras graves problemas doctrinales siguen sin respuesta.
Esta transformación no comienza con Francisco. Juan Pablo II, especialmente con las Jornadas Mundiales de la Juventud, ayudó a darle al Papa los rasgos de una superestrella. Benedicto XVI continuó publicando libros y entrevistas incluso durante su pontificado; Francisco llegó a las autobiografías. Así, se ha ido estableciendo progresivamente una desafortunada distinción entre la persona privada del Papa, sus opiniones y su auténtica enseñanza magisterial.
El Papa no es simplemente un oyente: ocupa la silla de Pedro y es ante todo un maestro del cristianismo. «¿No son necesarios especialmente en Roma?», interrogadores. Elegante. La tesis final es, pues, que los Papas se han vuelto «demasiado humanos en el ejercicio de su cargo»: la persona ha oscurecido su función. El modelo debería ser más bien la regla de San Juan Bautista: «Él debe crecer; yo, en cambio, disminuyo» (Jn 3,30). El Papa es amigo y representante del Novio, no el Novio mismo: sólo Cristo debe permanecer en el centro.
Tres días después, el 13 de agosto, en una larga carta abierta al Papa León XIV, Mons. Rob Mutsaerts, obispo auxiliar de ’s-Hertogenbosch, Holanda, sometió el proceso sinodal a un criterio superior a cualquier otra consideración eclesial: la salvación de las almas. «Salus animarum suprema lex», recuerda, preguntándose si el proceso sinodal realmente acercó las almas a Cristo y a la salvación eterna. Su crítica, precisa, no surge de una falta de respeto hacia el Papa ni pretende cuestionar las buenas intenciones de los protagonistas de la sinodalidad. Pero las intenciones deben juzgarse por los resultados: «De sus frutos los reconocerás». Después de años de consultas, reuniones y documentos, debemos preguntarnos: ¿se ha fortalecido la fe? ¿Ha sido anunciado Cristo más claramente? ¿Han aumentado las conversiones, las vocaciones sacerdotales, la asistencia a la Misa y la devoción eucarística?
Mutsaerts destaca que el problema surge cuando la sinodalidad, desde el medio, corre el riesgo de convertirse en un fin, transformándose en un proceso permanente. La Iglesia siempre ha conocido concilios, sínodos y formas de consulta, pero su naturaleza no deriva del diálogo: deriva de Cristo y de la Revelación recibida. La fe no se construye recogiendo las opiniones de los fieles, porque «la verdad no se produce por consenso». La Iglesia debe ciertamente escuchar, pero antes que nada a Cristo, las Escrituras, la Tradición, los santos y el Magisterio. Cuando, por el contrario, se parte de las expectativas del hombre contemporáneo para preguntarse cómo el Evangelio puede adaptarse a ellas, se olvida una palabra esencial del cristianismo: la conversión. «No es el Evangelio el que debe cambiar; es el hombre el que debe cambiar.»
Éste es «el gran ausente» del proceso sinodal. La crisis de la Iglesia occidental es, además, evidente para todos: iglesias vacías, conventos desaparecidos, pocas vocaciones, confesionarios abandonados, ignorancia de las verdades de la fe. Ante esta situación, observa el obispo holandés, la pregunta decisiva debería ser: «¿Cómo podemos reconquistar el mundo a Cristo?» En cambio, se dedica mucha energía a las instalaciones, la participación, la inclusión, el papel de la mujer y la toma de decisiones: «Una casa en llamas tiene prioridades diferentes a las cuestiones de administración del hogar».
Las grandes reformas de la Iglesia, recuerda Monseñor Mutsaerts, no nacieron ante todo de nuevas estructuras, sino de los santos: Benedicto, Bernardo, Francisco, Domingo, Teresa de Ávila, Carlos Borromeo, Juan Bosco. «Una parroquia con un santo párroco tiene más futuro que una diócesis con veinte grupos de trabajo sobre sinodalidad.» Incluso la crisis litúrgica revela que el problema fundamental no es administrativo, sino religioso: cuando se pierde el sentido del sacrificio de la Misa, de lo sagrado, de la confesión y de la adoración eucarística, «la Iglesia no tiene ningún problema de gobierno. Él tiene un problema de fe».
Mutsaerts propone finalmente el episodio de los discípulos de Emaús como imagen de auténtica sinodalidad. Cristo camina con los discípulos, los escucha y les permite expresar sus decepciones; pero luego no confirma su interpretación: la corrige explicándoles las Escrituras. Y los discípulos no permanecen en Emaús para discutir indefinidamente su experiencia: se levantan, regresan a Jerusalén y proclaman a Cristo. «El proceso sinodal se mantuvo en Emaús», dice Mutsaerts.
De ahí el llamamiento final a León XIV: «Danos claridad». El mundo no necesita una Iglesia que refleje el espíritu de los tiempos, sino una Iglesia misionera que proclame a Cristo. Cuando concluyan todos los sínodos y se olviden todos los documentos, sólo quedará una pregunta: «¿Hemos acercado a Jesucristo al pueblo confiado a nuestro cuidado?».
El apóstol Santiago, conquistador de América
- Bruno de la Inmaculada
¿Quién no ha oído hablar de la intervención de nuestro santo patrón Santiago el Mayor en la Reconquista? Hoy queremos recordar algunos casos (están documentados al menos catorce) al otro lado del Atlántico en momentos difíciles durante enfrentamientos con indios belicosos, que terminaron por convertirse. Ya habíamos contado un par de ejemplos aquí. Hoy vamos a recordarlos y poner algunos ejemplos más.
Los dos primeros los relata Garcilaso el Inca en su Historia de la Conquista del Perú. El primero, cuando doscientos españoles estaban sitiados en Cuzco por varios millares de indios:
«A esta hora y en tal necesidad, fué Nuestro Señor servido favorecer a sus fieles con la presencia del bienaventurado apóstol Santiago, patrón de España, que apareció visiblemente delante los españoles, que lo vieron ellos y los indios encima de un hermoso caballo blanco, embrazada una adarga, y en ella su divisa de la orden militar, y en la mano derecha una espada que parecía relámpago, según el resplandor que echaba de sí. Los indios se espantaron de ver el nuevo caballero, y unos a otros decían: “¿Quién es aquel Viracocha que tiene la illapa en la mano?” (que significa relámpago, trueno y rayo). Donde quiera que el Santo acometía, huían los infieles como perdidos, y desatinados, ahogábanse unos a otros, huyendo de aquella maravilla. Tan presto como los indios acometían a los fieles por la parte donde el Santo no andaba, tan presto lo hallaban delante de sí, y huían de él desatinadamente. Con lo cual los españoles se esforzaron y pelearon de nuevo, y mataron innumerables enemigos, sin que pudiesen defenderse, y los indios acobardaron de manera que huyeron a más no poder y desampararon la pelea. Así socorrió el apóstol aquel día a los cristianos, quitando la victoria que ya los infieles tenían en las manos, y dándosela a los suyos. Lo mismo hizo el día siguiente y todos los demás que los indios querían pelear, que luego que arremetían a los cristianos se atontaban y no sabían a qué parte echar, y se volvían a sus puestos, y allá se preguntaban unos a otros diciendo: “¿Qué es esto? ¿Cómo nos hemos hecho útic, zampa, llaclla?” (que quiere decir: tonto, cobarde, pusilánime). Más no por esto dejaron de porfiar en su demanda, como veremos que más de ocho meses mantuviesen el cerco» (Libro II, capítulo XXIV).
Dos años más tarde, se dio otro caso semejante, que también nos relata el Inca Garcilaso:
«El Marqués, viendo la necesidad de su hermano Gonzalo Pizarro y la de todos los suyos, mandó a un capitán que fuese al socorro, y le hizo la demostración que Agustín de Zárate dice, porque más presto le llegase el socorro; pero no bastara la diligencia del uno y la ostentación del otro, para librar de muerte los del cerco, si Dios no peleara por ellos. Porque mientras fueron y vinieron con el socorro, estuvieron tan apretados que se daban por rendidos, hasta que el divino Santiago, Patrón de España, peleó visiblemente en favor de ellos, como lo hizo en el Cozco. Los cristianos, viendo su favor y amparo, y que tan a la mira de ellos andaba para socorrerles en semejantes trabajos, se esforzaron de manera que cuando llegó el socorro ya andaban victoriosos. Y por este favor que allí les hizo Nuestro Señor, determinaron fundar en aquel lugar un pueblo de cristianos que hoy tiene Iglesia Catedral y Cancillería Real, y las minas del Potocchí a diez y ocho leguas de sí, que le han ennoblecido y enriquecido como se ve. El Padre Blas Valera contando en suma las batallas memorables que entre indios y españoles hubo en el Perú, cuenta la que tuvieron en esta provincia, y dice que Dios peleó con ella por su Evangelio» (Libro III, 2ª parte).
• Bernal Díaz del Castillo asegura que Santiago ayudó a los españoles en la conquista de la Nueva España. López de Gómara menciona su participación en la matanza del templo mayor de Tenochtitlán y en la batalla de Cetlán, que contribuyó a que los chichimecas se convirtieran, batalla que tuvo lugar precisamente el 25 de julio de 1531, y en la que cuarenta mil indios se enfrentaron a quinientos españoles. La batalla fue reñida y difícil, pero los chichimecas vieron en el cielo al Hijo del Trueno a caballo y una cruz luminosa, y se convirtieron y aliaron a los españoles, como harían también los tlaxcaltecas y los indios de Cempoala, para librarse de los aztecas que los esclavizaban y sacrificaban a sus dioses.
• En 1531 mientras los españoles luchaban contra los chichimecas en Querétaro, en la cumbre del cerro Sangremal apareció Santiago y junto a él una cruz blanca y roja, despidiendo ambos un brillo cegador. Se convirtieron y al día siguiente se celebró la Santa Misa.
• En la Historia general del Perú del Inca Garcilaso, así como el cronista también mestizo Poma de Ayala, relatan que en 1535 doscientos españoles se ven sitiados en Cuzco por millares de indios. Al cabo de cinco horas de combate, cercados por todos lados, salieron invocando al Santo. Entonces apareció el santo patrón de España montado en un corcel blanco y blandiendo una espada reluciente. Los indios creyeron ver en el Hijo del Trueno a su dios Viracocha, señor del rayo y, al ver cómo se les acercaba, huyeron aterrorizados. Garcilaso afirma haber conocido a ancianos incas que habían tomado parte en la batalla, y todos coincidían en que se les había aparecido Viracocha. Cuenta Huamán Poma de Ayala «que vino encima de un caballo blanco, que traía el dicho caballo pluma suri y mucho cascabel enjaezado y el santo todo armado con su rodela y su bandera y su manto colorado y su espada desnuda». Al parecer también se apareció la Virgen, y sendas placas conmemoran el hecho, las cuales rezan respectivamente: «En este lugar, galpón antes después iglesia, fue donde puso sus plantas María Madre de Dios. Ostentando su poder bajó del cielo a este sitio, dando victoria en feliz batalla de la conquista, derrotando innumerables indios», y: «De este mismo sitio fue visto salir el patrón de las Españas, Santiago Apóstol, a derribar a los bárbaros en la defensa de la predicación evangélica y atónita la idolatría veneró rayo al Hijo del Trueno, rindiendo homenaje al cetro hispánico».
•1536, Cartagena de Indias: el capitán Francisco César, que había sido enviado a explorar la provincia, tuvo un enfrentamiento con los naturales en el valle de Goaca. Los españoles se vieron superados en número por los indios, se encomendaron a Dios y vencieron. Posterioremente contaron los soldados que habían visto al Apóstol luchando junto a ellos, y por eso ganaron.
• Cuenta Pedro Mariño de Lobera que cuando los indígenas tenían ya prácticamente derrotados a los españoles abandonaron de pronto la lucha. Se interrogó a algunos araucanos, y dijeron que «vieron venir por el aire a un cristiano en un caballo blanco con la espada en la mano desenvainada, amenazando al bando índico y haciendo tan grande estrago en él, tanto que se quedaron todos pasmados y despavoridos; dejando caer las armas de las manos no fueron señores de sí, ni tuvieron sentido para otra cosa más de dar a huir desatinados sin ver por dónde». Los españoles dieron por hecho que se trataba de Santiago, y bautizaron el lugar como Santiago del Nuevo Extremo (1541). Cuéntase por otra parte que en 1640 se vio una aparición del Apóstol que duró por espacio de tres meses: un capitán sobre un caballo blanco que con una espada en la mano arengaba a los españoles
Podríamos poner muchos ejemplos más. Historiadores como el mexicano Rafael Heliodoro Valle y la italiana Anna Sulai Capponi han llegado a contabilizar hasta catorce apariciones en América. De ahí que sean tan numerosas las ciudades y pueblos de Hispanoamérica que llevan el nombre del Santo; Santiago del Nuevo Extremo o de la Nueva Extremadura (hoy Santiago de Chile), Santiago de Cali (Colombia), Santiago del Estero (Argentina), Santiago de Cuba, Santiago de los Caballeros (República Dominicana, Guatemala, Nicaragua, Venezuela), Santiago de Querétaro (México), Santiago de Veraguas (Panamá). En Toponimia Española en el Nuevo Mundo de J. A. Calderón Quijano (Ediciones Guadalquivir, Sevilla 1990) se enumeran más de un centenar de localidades, y la lista no es exhaustiva
Fuente: Adelante la fe
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San Lorenzo, la victoria de la fe sobre los poderes del mundo
- Roberto de Mattei
El 10 de agosto, día en el que la Iglesia Católica recuerda a San Lorenzo, es una de las grandes fiestas de la antigua Roma cristiana. Dom Guéranger, en su L’Année liturgique, recuerda las palabras con las que San Agustín celebró este día «verdaderamente triunfal, en el que San Lorenzo aplastó el mundo tembloroso». Roma en su conjunto, añadió el obispo de Hipona, fue testigo de la «gloriosa e inmensa multitud de virtudes» que formaban la corona del mártir.
Pocos santos han tenido un culto tan antiguo y universal en la historia de la Iglesia. Ya en la Alta Edad Media, el 10 de agosto se celebraban dos misas en su honor en Roma: una en la tumba del mártir y otra, más solemne, en la Basílica de San Lorenzo fuori le Mura, construida por Constantino. Una inscripción del Papa San Dámaso, compuesta aproximadamente un siglo después de su martirio, proclamaba: «Fajas, ronchas, llamas, tormentos, cadenas, sólo la fe de Lorenzo podía vencerlas».
Lawrence fue uno de los siete diáconos de la Iglesia Romana en la época del Papa Sixto II. El diácono no era entonces sólo ministro del altar. Ayudó al Pontífice y participó en la administración de los bienes temporales de la Iglesia, destinados en gran medida a apoyar a los pobres. Fue, pues, una figura eminente de la comunidad cristiana.
En 258, el emperador Valeriano desató una violenta persecución contra la Iglesia. Un rescripto suyo ordenó que obispos, sacerdotes y diáconos fueran ejecutados simplemente porque pertenecían a la jerarquía eclesiástica. Sixto II fue detenido mientras celebraba en las catacumbas de San Calisto y decapitado. Seis de sus diáconos sufrieron el martirio con él. Lorenzo se quedó solo, pero por un corto tiempo.
La tradición nos ha transmitido un diálogo extraordinario entre el Papa y su diácono. Mientras Sixto es conducido a la tortura, Lorenzo lo sigue y le pregunta: «Padre mío, ¿a dónde vas sin tu hijo? Santo Pontífice, ¿adónde vas sin tu diácono?». Sixto le anuncia que no lo abandona: le espera una prueba aún mayor y, al cabo de tres días, él también seguirá a su Pontífice al martirio.
Plinio Corrêa de Oliveira, que dedicó una bella meditación a San Lorenzo, ve en esta escena algo más que la conmovedora fidelidad de un discípulo a su maestro. Lorenzo, que había ayudado a Sixto en el altar, mientras el Pontífice ofrecía el Sacrificio incruento de la Misa, ahora también deseaba ayudarlo en la ofrenda sangrienta de su propia vida. «Cómo te serví en la vida al pie del altar – es el significado de su petición – así que deja que te sirva al pie de la muerte».
El pensador brasileño ve en esta fidelidad una especie de anticipación del espíritu del cristianismo medieval: un vínculo que no termina en una relación jurídica, sino que se convierte en veneración, dedicación y voluntad de sacrificio. Es una fidelidad personal fundada en un orden superior, en la que el amor a la autoridad llega hasta la ofrenda de vida.
Después de la muerte de Sixto II, los perseguidores dirigieron su atención a Lorenzo. Sabían que el diácono administraba la propiedad de la comunidad cristiana e imaginaban que la Iglesia poseía riquezas ocultas. Por eso le ordenaron que entregara sus tesoros.
Lorenzo pidió tres días de tiempo. Luego reunió a los pobres, a los enfermos, a las viudas y a los huérfanos que la Iglesia cuidaba y los presentó al magistrado romano: aquí están los tesoros de la Iglesia. El mundo pagano juzgaba a los hombres sobre todo según su fuerza, riqueza y posición social. En cambio, Lorenzo presenta como piedras preciosas a aquellos mismos a quienes el mundo desprecia. El pobre es precioso porque es un alma redimida de la Sangre de Cristo. El enfermo que combina sus sufrimientos con la Pasión del Salvador posee una dignidad que escapa a la mirada puramente terrenal. Esto no significa renunciar a aliviar la pobreza o las enfermedades: por el contrario, la caridad cristiana requiere ayudar a quienes sufren. Pero ve en el hombre algo infinitamente superior a su utilidad económica o social.
Se encuentran así cara a cara dos concepciones del hombre: la pagana, que mide el valor a través del poder, y la cristiana, que mira a cada hombre a la luz de la eternidad.
La ira de los perseguidores recayó entonces sobre Lorenzo. En la noche del 9 al 10 de agosto, el diácono fue entregado a los verdugos y sometido a la terrible tortura del fuego.
San Agustín afirma que la fuerza que permitió a Lorenzo superar el dolor fue la caridad: «Colocado en el campo de juego, sufrió quemaduras en todos sus miembros», pero superó los sufrimientos del cuerpo «con la fuerza de la caridad».
Aquí es donde está el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira contempla uno de los aspectos más fascinantes del santo: su serenidad, casi su orgullo, antes de morir. Cuenta la tradición que Lorenzo, acostado en la parrilla, todavía encontró la fuerza para dirigirse irónicamente a los verdugos, invitándolos a entregarlo porque parte de su cuerpo ya estaba asado. Finalmente oró por la conversión de Roma y murió.
Dr. Plinio habla de su estilo: esa nobleza de alma mediante la cual el cristiano, apoyado en la gracia, no sólo soporta al enemigo, sino que lo domina espiritualmente. El perseguidor tiene el fuego y los instrumentos de tortura, pero está indefenso ante un hombre que ya no teme a la muerte. Es la libertad cristiana suprema.
El martirio de San Lorenzo nos ofrece también una confirmación extraordinaria de las palabras del Magnificat: «Deposuit potentes de sede et exaltavit humiles», Dios derrocó a los poderosos de los tronos y resucitó a los humildes.
Plinio Corrêa de Oliveira observa que los especialistas, en particular, conservan la memoria del emperador Valeriano, mientras que San Lorenzo sigue siendo conocido, venerado e invocado en todo el mundo. Sólo recuerda un ejemplo. El día de la festividad de San Lorenzo, el 10 de agosto de 1557, el rey Felipe II de España libró la batalla decisiva en San Quintín, Picardía. Prometió a Dios construir una magnífica basílica en honor a San Lorenzo si ganaba esa batalla. Ganó y para conmemorar la ocasión erigió la mayor obra de arte de su reino, el Escorial. La planta del palacio tiene forma de parrilla para celebrar el martirio de San Lorenzo.
Dom Guéranger concluye a su vez su meditación relatando una antigua oración que contempla a Lorenzo como un ahora glorioso ciudadano de otra Roma, la Roma celestial: el mártir que en la tierra había servido a la Iglesia entra en el «senado eterno» del Cielo, coronado como cónsul de la ciudad de Dios. Y volviendo a San Lorenzo, Dom Guéranger concluye: «Me conozco indigno, lo reconozco, indigno de ser respondido por Cristo; pero protegido por los mártires, uno puede obtener el remedio para sus males. Escucha al que te suplica: ¡en tu bondad, suelta mis cadenas, líbrame de la carne y del mundo! »
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¿Cuál es el “estado de necesidad”?
- Roberto de Mattei
Me gustaría centrarme en un concepto que a menudo se invoca de forma ambigua y contradictoria, especialmente para justificar las consagraciones episcopales que tuvieron lugar en Écône el 1° de julio de 2026: el “estado de necesidad”:
Es bueno aclarar inmediatamente un punto fundamental: el término “estado de necesidad” no debe confundirse con la grave crisis que vive hoy la Iglesia. Esta crisis es un hecho histórico y sociológico innegable: algunos remontan sus orígenes al Papa Francisco, otros al postconcilio y otros al Concilio Vaticano II. Estas referencias históricas tienen algo de verdad, pero el fenómeno es más grande y más remoto en el tiempo. Ya San Pío X, con la encíclica profética Pascendi dominici gregis del ’8 de septiembre de 1907, diagnosticó la existencia de los gravísimos males que estaban penetrando en la Iglesia a través del modernismo. El prof. Plinio Corrêa de Oliveira, en su obra ahora clásica Revolución y Contrarrevolución, publicado en 1959, sitúa esta crisis en el marco de un proceso centenario, que comenzó con la disolución del cristianismo medieval. Romanus Amerius, en su Iota unum. Un estudio de las variaciones de la Iglesia católica en el siglo XX, publicado en 1985, ofreció un diagnóstico amplio y penetrante de los males de la Iglesia de la época. Ese mismo año, el cardenal Joseph Ratzinger, entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, publicó con Vittorio Messori el Informe sobre la Fe, dando la alarma sobre el estado del catolicismo contemporáneo. Convertido en Papa Benedicto XVI, dedicó su último año de pontificado a la crisis de la fe. Desde entonces, la situación ha empeorado dramáticamente y sólo aquellos que eran espiritual o intelectualmente ciegos podían negar la evidencia de esta crisis.
El hecho histórico de una crisis muy grave en la Iglesia no coincide, sin embargo, con la categoría jurídico-moral de “estado de necesidad”. Se trata de dos nociones distintas que no deben confundirse. El estado de necesidad presupone una situación excepcional, pero no se identifica con ella. Es un instituto de teología moral y derecho, desarrollado para regular situaciones extraordinarias en las que la observancia ordinaria de la ley parece entrar en conflicto con el bien que la ley misma pretende proteger. La crisis eclesial puede ciertamente constituir el contexto en el que surge el problema del estado de necesidad, pero hay un paso más entre la situación histórica y el juicio moral y jurídico, que exige prudencia y evaluación rigurosa de los hechos.
La doctrina moral define un estado de necesidad como la condición en la que una persona, para evitar un mal grave, inminente e inevitable, realiza un acto que, en circunstancias ordinarias, sería ilícito o prohibido. En otras palabras, no se trata tanto de la situación externa en sí, sino del juicio prudencial de quienes deben actuar frente a esa situación. Por ello, el estado de necesidad surge del encuentro entre una situación excepcional y la responsabilidad personal de quienes deben decidir cómo actuar. La crisis puede ser objetiva; el estado de necesidad, por otra parte, se refiere a la evaluación subjetiva de las acciones concretas que deben adoptarse en esa crisis.
El Código de Derecho Canónico de 1983 regula expresamente esta materia en el cann. 1323 y 1324. El canon 1323 establece que quien haya violado una ley «obligado por temor grave, aunque sea relativo, o por necesidad o inconveniente grave, a menos que el acto sea intrínsecamente malo o amonesta en detrimento de las almas» no está sujeto a ningún castigo.La norma no crea una derogación arbitraria de la ley, pero reconoce que pueden surgir circunstancias excepcionales en las que se pierde o se mitiga la responsabilidad legal.
Una primera característica del estado de necesidad es su carácter esencialmente excepcional y provisional. Fue creado para dar respuesta a una situación concreta y delimitada en el tiempo. No puede convertirse en una condición permanente ni constituir un régimen ordinario de gobierno o de vida eclesial. Si la necesidad se volviera permanente, dejaría de ser una verdadera “excepción” y terminaría vaciando de significado la disciplina ordinaria de la Iglesia misma.
Una crisis histórica puede continuar durante décadas; el estado de necesidad, por otra parte, se refiere a actos específicos, llevados a cabo en circunstancias específicas, para abordar un peligro concreto e inmediato. La crisis constituye el contexto; el estado de necesidad es el juicio prudencial que puede, en casos estrictamente delimitados, justificar o excusar una determinada conducta.
Por último, existe un límite intransitable, en el que insisten tanto la teología moral como el derecho canónico. El estado de necesidad nunca puede justificar un acto intrínsecamente malo. Se aplica aquí el principio, formulado por San Pablo y reiterado constantemente por el Magisterio de la Iglesia, según el cual nunca está permitido hacer el mal para que de él salga el bien: non sunt facienda mala ut veniant bona (Rom 3:8). Algunos actos, por su propio objeto moral, siguen siendo siempre ilícitos, independientemente de las circunstancias y del contexto histórico.
Es precisamente en este punto donde se centra el debate teológico y canónico. El acto realizado sobre la base del estado de necesidad no puede contradecir principios de derecho divino ni normas que, por su naturaleza, no admiten derogaciones. Ahora bien, las consagraciones episcopales sin mandato y contra la voluntad del Papa, tienen como objetivo la creación de una realidad independiente del Romano Pontífice y de los obispos en comunión con él. Pero esto es intrínsecamente ilegal, cualesquiera que sean las circunstancias históricas expuestas para justificar el gesto.
El verdadero problema, por tanto, no consiste en establecer si hay o no una crisis en la Iglesia, cuya existencia es evidente para todos. La cuestión decisiva es otra: si, incluso en presencia de una crisis muy grave, es moral y jurídicamente permisible cometer un acto que constituya una violación de la constitución jerárquica de la Iglesia, divinamente instituida por Jesucristo, rechazando efectivamente la primacía de jurisdicción del Romano Pontífice e introduciendo una práctica que no se refleja en la tradición de dos mil años de la Iglesia.
Si todo esto no está claro, el “estado de necesidad” corre el riesgo de ser simplemente un estado de confusión.
Fuente: robertodemattei.substack.com/
