El Infierno existe, y no está vacío

Por Roberto De Mattei 03/02/2024

«Lo que voy a decir no es un dogma de fe, sino algo personal mío: me gusta pensar que el Infierno está vacío; ¡espero que sea así!» Esto lo dijo el pasado 14 de enero el papa Francisco al presentador Fabio Fazio durante una entrevista en el canal 9 de la televisión italiana.

Ahora bien, nos preguntamos: ¿es lícito esperar que sea cierto algo que no sólo no está contenido en la verdad católica, sino que además la contradice?

Ciertamente es una verdad de fe que el Infierno existe, y si existe no está vacío ni se vaciará como pensaban los origenistas, para los cuales todos los condenados, los ángeles y los demonios terminarían por convertirse. El Infierno es un lugar reservado para los que hasta el fin de su vida se niegan a convertirse La pena consiste en un fuego inextinguible: un fuego real, no metafórico, que acompaña al espiritual de la pérdida de Dios. Y dado que el alma es inmortal, la pena que se aplica al pecado mortal del que aquélla no se ha arrepentido dura tanto como la vida de ella: para siempre, por la eternidad. Esta doctrina fue definida por el Concilio IV de Letrán, el II de Lyon, el de Florencia y el de Trento.

El Infierno es algo más que el estado en que se encuentran los condenados, hombres o demonios, que mueren en pecado mortal y son castigados por la eternidad. Es también el lugar donde se encuentran los condenados. Y San Ignacio de Loyola, tan citado por el papa Francisco como maestro espiritual suyo, nos invita en el quinto de sus Ejercicios a hacer la llamada composición de lugar sobre la realidad del Infierno.

«Primer punto. El primer punto será ver, con la vista de la imaginación, los grandes fuegos y las almas como en cuerpos incandescentes [66].

El 2.º, oír con los oídos llantos, alaridos, voces, blasfemias, contra Cristo nuestro Señor y contra todos sus santos [67].

El 3.º, oler con el olfato humano, azufre quemado, posos fétidos y cosas podridas [68].

El 4.º, gustar con el gusto cosas amargas, como lágrimas, tristeza y el gusano de la conciencia [69].

El 5.º, tocar con el tacto, es a saber, cómo los cómo los fuegos tocan y abrasan las almas [70].

Coloquio. Haciendo un coloquio a Cristo nuestro Señor, traer a la memoria las almas, que están en el infierno, unas porque no creyeron el advenimiento de Cristo, otras porque creyendo no obraron según sus mandamientos; haciendo tres partes:

1.ª parte: La primera antes del advenimiento de Cristo.
2.ª La segunda en su vida.
3.º La tercera después de su vida en este mundo; y después darle gracias porque no me ha dejado caer en ninguna de éstas acabando mi vida. Y agradecerle también porque hasta ahora siempre ha tenido de mí tanta piedad y misericordia.

Acabar con un Padrenuestro».

El secreto que transmitió la Virgen en Fátima a los tres pastorcitos el 13 de julio de 1917 comienza por una visión terrorífica del Infierno que recuerda la composición de lugar ignaciana. Un infierno que les muestra como un lugar que no está vacío, sino lleno de almas condenadas: «Un gran mar de fuego que parecía estar bajo la tierra. Los demonios y las almas estaban sumergidos en aquel fuego. Se veían como brazos transparentes y negros o pardos, figuras humanas que flotaban en el incendio».

Según escribe Sor Lucía, de no haber sido porque la Virgen les prometió que los llevaría al Cielo, los videntes habrían muerto de la impresión y del susto. La palabras de la Virgen eran tristes y severas: «Habéis visto el Infierno, donde caen las almas de los pobres pecadores. Para salvarlos, Dios quiere instaurar en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado». Un año antes, el ángel de Fátima había enseñado esta oración a los tres pastorcitos: «Jesús mío, perdona nuestras culpas, sálvanos del fuego del Infierno y lleva al Cielo todas las almas, especialmente las más necesitadas de tu misericordia».

Es conocido el milagro del padre Antonio Baldinucci SJ  (1665-1717), recordado en su decreto de beatificación. El 12 de abril de 1706, el padre Baldinucci predicó en el pueblo de Giulianello, en las proximidades de Cori. Dijo a sus oyentes. «¿Sabéis, pueblo mío, cómo caen las almas al Infierno? Como las hojas se desprenden de este árbol.» En cuanto pronunció estas palabras, del árbol bajo el que se encontraba y al que señalaba con sus manos (un olmo) cayeron tantas hojas que parecía que nevaba. Según los testigos, la caída de las hojas duró tanto tiempo que se habrían podido rezar cuatro credos. No era otoño, sino primavera, y ni una sola hoja cayó de los olmos cercanos. Fue tan impresionante la escena que muchos se convirtieron y cambiaron de vida.

«Temblar ante la idea del Infierno es una gran gracia concedida por Dios», afirma el beato Columba Marmión (1858-1923).El miedo al Infierno ha salvado innumerables almas. Negar el Infierno daría una idea deformada de Dios, que aunque misericordioso no sería justo. La venerable Luisa Margarita Claret de la Touche (1868-1915)dirige al Señor las siguientes palabras: «Ciertamente, si no existiese el Infierno, faltarían tres joyas espléndidas a la corona de tus perfecciones: la justicia, la autoridad y la dignidad».

Sor Josefa Menéndez 1890-1923), religiosa del Sagrado Corazón, vio muchas almas de sacerdotes en el Infierno, y la beata Sor Faustina Kowalska (1905-1938), que vivió la extraordinaria experiencia de descender acompañada por un ángel a los abismos infernales, cuenta cómo la impresionó que la mayor parte de las almas que padecían en el Infierno eran de personas que no habían creído en la existencia de éste o tal vez que, si lo extendemos a nuestros días, pensaban que estaba vacío.

La información fue sacada de:

https://adelantelafe.com/el-infierno-existe-y-no-esta-vacio

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