El Papa comienza un nuevo ciclo de catequesis sobre «El Espíritu y la Esposa»

Por Redaccioninfovaticana | 29/05/2024

El Papa Francisco ha iniciado un nuevo ciclo de catequesis que versa sobre «El Espíritu y la Esposa». En esta primera catequesis, el Papa ha hablado sobre «El Espíritu Santo guía al Pueblo de Dios al encuentro con Jesús, nuestra esperanza».

Durante la catequesis, el Papa explica que «el Espíritu de Dios se nos presenta como la potencia misteriosa que hace pasar al mundo de su estado inicial desordenado, vacío y tenebroso, a su estado ordenado y armonioso».

Francisco afirmó que «alrededor de nosotros podemos decir que hay un caos externo, un caos social, un caos político: pensemos en las guerras, pensemos en tantos niños y niñas que no tienen qué comer, en tantas injusticias sociales, este es el caos externo. Pero también hay un caos interno: dentro de cada uno de nosotros».

Para solucionarlo, el Pontífice pide que hagamos «un buen trabajo para convertir nuestra confusión interior en una claridad del Espíritu Santo: es el poder de Dios quien hace esto, y nosotros abrimos el corazón para que Él pueda hacerlo».

Les ofrecemos la catequesis completa pronunciada por el Papa Francisco:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy, con esta catequesis, comenzamos un ciclo de reflexiones cuyo tema es “El Espíritu y la Esposa – la Esposa es la Iglesia –. El Espíritu Santo guía al pueblo de Dios al encuentro con Jesús, nuestra esperanza”. Recorreremos este camino atravesando las tres grandes etapas de la historia de la salvación: el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento y el tiempo de la Iglesia. Siempre manteniendo la mirada fija en Jesús, que es nuestra esperanza.

En estas primeras catequesis sobre el Espíritu en el Antiguo Testamento no haremos “arqueología bíblica”. Descubriremos, en cambio, que lo que se nos da como promesa en el Antiguo Testamento se realiza plenamente en Cristo. Será como seguir el camino del sol desde el amanecer hasta el mediodía.

Comenzamos con los primeros dos versículos de toda la Biblia: «En el principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra estaba desordenada y vacía, las tinieblas cubrían la faz del abismo, y el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas» (Gén 1,1-2). El Espíritu de Dios se nos presenta como la potencia misteriosa que hace pasar al mundo de su estado inicial desordenado, vacío y tenebroso, a su estado ordenado y armonioso. Porque el Espíritu hace la armonía, la armonía en la vida, la armonía en el mundo. En otras palabras, es Aquel que hace pasar del caos al cosmos, es decir, de la confusión a algo bello y ordenado. Este es, de hecho, el significado de la palabra griega kosmos, así como de la palabra latina mundus, es decir, algo bello, ordenado, limpio, armonioso, porque el Espíritu es la armonía.

Esta mención aún vaga de la acción del Espíritu en la creación se precisa en el resto de la revelación. En un salmo leemos: «Por la palabra del Señor fueron hechos los cielos; por el soplo de su boca, todas sus huestes» (Sal 33,6); y aún: «Envías tu espíritu, son creados, y renuevas la faz de la tierra» (Sal 104,30).

Esta línea de desarrollo se vuelve clarísima en el Nuevo Testamento, que describe la intervención del Espíritu Santo en la nueva creación, utilizando precisamente las imágenes que se leen respecto al origen del mundo: la paloma que en el bautismo de Jesús se cierne sobre las aguas del Jordán (cfr Mt 3,16); Jesús que, en el Cenáculo, sopla sobre los discípulos y dice: «Recibid el Espíritu Santo» (Jn 20,22), como al principio Dios había soplado su aliento sobre Adán (cfr Gén 2,7).

El apóstol Pablo introduce un elemento nuevo en esta relación entre el Espíritu Santo y la creación. Habla de un universo que “gime y sufre como en los dolores de parto” (cfr Rom 8,22). Sufre a causa del hombre que lo ha sometido a la “esclavitud de la corrupción” (cfr vv. 20-21). Es una realidad que nos concierne de cerca y dramáticamente. El Apóstol ve la causa del sufrimiento de la creación en la corrupción y en el pecado de la humanidad que la ha arrastrado en su alienación de Dios. Esto sigue siendo cierto hoy como entonces. Vemos la devastación que de la creación ha hecho y continúa haciendo la humanidad, especialmente aquella parte de ella que tiene mayores capacidades de explotación de sus recursos.

San Francisco de Asís nos indica una vía de salida, hermosa, para volver a la armonía del Espíritu: la vía de la contemplación y la alabanza. Él quería que de las criaturas se elevara un cántico de alabanza al Creador. Recordemos: «Laudato si’, mi Signore…», el cántico de Francisco de Asís.

Un salmo (18,2) dice así: «Los cielos narran la gloria de Dios», pero necesitan del hombre y de la mujer para dar voz a este grito mudo. Y en el “Santo” de la Misa repetimos cada vez: «Los cielos y la tierra están llenos de tu gloria». Están, por así decirlo, “preñados” de ella, pero necesitan las manos de una buena partera para dar a luz esta alabanza. Nuestra vocación en el mundo, recuerda aún Pablo, es ser «alabanza de su gloria» (Ef 1,12). Se trata de anteponer la alegría de contemplar a la de poseer. Y nadie ha gozado de las criaturas más que Francisco de Asís, que no quiso poseer ninguna.

Hermanos y hermanas, el Espíritu Santo, que al principio transformó el caos en cosmos, está trabajando para llevar a cabo esta transformación en cada persona. A través del profeta Ezequiel Dios promete: «Os daré un corazón nuevo; pondré dentro de vosotros un Espíritu nuevo… Pondré mi Espíritu dentro de vosotros» (Ez 36,26-27). Porque nuestro corazón se asemeja a ese abismo desierto y tenebroso de los primeros versículos del Génesis. En él se agitan sentimientos y deseos opuestos: los de la carne y los del espíritu. Todos somos, en cierto sentido, ese “reino dividido en sí mismo” del que habla Jesús en el Evangelio (cfr Mc 3,24). Alrededor de nosotros podemos decir que hay un caos externo, un caos social, un caos político: pensemos en las guerras, pensemos en tantos niños y niñas que no tienen qué comer, en tantas injusticias sociales, este es el caos externo. Pero también hay un caos interno: dentro de cada uno de nosotros. ¡No se puede sanar el primero, si no se comienza por sanar el segundo! Hermanos y hermanas, hagamos un buen trabajo para convertir nuestra confusión interior en una claridad del Espíritu Santo: es el poder de Dios quien hace esto, y nosotros abrimos el corazón para que Él pueda hacerlo.

Que esta reflexión despierte en nosotros el deseo de experimentar al Espíritu creador. Desde hace más de un milenio, la Iglesia nos pone en los labios el grito para pedirlo: «¡Veni creator Spiritus!», ¡Ven Espíritu creador! Visita nuestras mentes. Llena de gracia celestial los corazones que has creado». Pidamos al Espíritu Santo que venga a nosotros y nos haga personas nuevas, con la novedad del Espíritu. Gracias.

Información sacada de:

https://infovaticana.com/2024/05/29/el-papa-comienza-un-nuevo-ciclo-de-catequesis-sobre-el-espiritu-y-la-esposa/

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