¿ Dos iglesias? | En octubre esto sucederá en Roma
- Luis Fernando Escobar
El próximo 7 de octubre, Roma se convertirá en el epicentro de un acontecimiento sin precedentes en la historia reciente de la Iglesia Católica. Mientras en el Vaticano se convoca a obispos de todo el mundo para debatir en el marco sinodal sobre el futuro de la pastoral familiar, a escasos metros el ala fiel de la tradición se reunirá de emergencia. El objetivo: defender el dogma mariano de la corredención de Nuestra Señora, un título que el Vaticano ha intentado silenciar en los últimos tiempos.
Este escenario plantea una interrogante fundamental para los fieles: ¿nos encontramos ante una hegemonía progresista transitoria o ante la resistencia definitiva de la fe bimilenaria?
El pulso por el dogma mariano: La conferencia María Nunquam Satis
Entre el 7 y el 8 de octubre, el Instituto Patrístico Augustiniano de Roma acogerá la conferencia internacional «María Nunquam Satis» (De María nunca se seguirá suficiente). Este encuentro de prelados e intelectuales surge en un clima de máxima tensión, meses después de que el Dicasterio para la Doctrina de la Fe publicara la nota Mater Populi Fidelis, en la cual se calificaba de «siempre inoportuno» el uso del título de María Corredentora.
Ante esta directiva, las respuestas desde sectores tradicionales no se han hecho esperar. El cardenal Raymond Burke respondió con contundencia desde los Países Bajos, afirmando:
«La Santísima Virgen María es Corredentora, es decir, participa de manera única en la obra salvífica de nuestro Señor».
Para disipar cualquier malinterpretación por parte de los sectores progresistas, el purpurado aclaró de inmediato que esto no implica defecto alguno en el sacrificio de Cristo, quien es perfecto y fuente de gracia divina y vida eterna. El debate de fondo, por tanto, no radica en si María coopera en la salvación —un hecho indiscutible para la doctrina católica—, sino en el intento de diluir o censurar sus prerrogativas para evitar incomodar al mundo moderno y facilitar diálogos interconfesionales.
Para la tradición, la postura es clara: si bien Cristo es el único Redentor, el «sí» libre de la Virgen en la Encarnación y su presencia al pie del Calvario la vinculan a la redención de un modo que ninguna otra criatura puede igualar. Las suspicacias apuntan a que este silenciamiento busca congraciarse con reformas de corte luterano y alinearse con directrices de la Agenda 2030 hacia una Iglesia universal despojada de sus particularidades dogmáticas.
Sínodo, Amoris Laetitia y la presión globalista
De forma concomitante, del 7 al 14 de octubre, el Vaticano celebrará un encuentro sinodal con jefes de iglesias orientales y presidentes de conferencias episcopales con motivo del décimo aniversario de la exhortación apostólica Amoris Laetitia.
Es aquí donde colisionan dos visiones de la Iglesia:
El sector tradicional, que busca blindar las verdades eternas y un enfoque estrictamente teocéntrico.
La línea progresista, que impulsa un enfoque predominantemente antropocéntrico y sinodal.
Bajo el lema de «escuchar las realidades de la familia de hoy», diversos analistas advierten sobre el riesgo de asimilar exigencias del mundo contemporáneo. En este punto intervienen presiones externas de organismos internacionales como la ONU, que buscan que las instituciones religiosas asimilen fórmulas interconfesionales impregnadas de ideología de género, ecologismo radical y un igualitarismo religioso generalizado.
La historia eclesiástica demuestra que las corrientes que se apartan de la doctrina bimilenaria para amoldarse al espíritu de cada siglo suelen naufragar en el vacío, mientras que la fidelidad al magisterio tradicional prevalece.
Conclusión: Hacia una jornada histórica
Las jornadas concluirán el 14 de octubre con una Santa Misa en la Plaza de San Pedro. El panorama revelará de forma patente la coexistencia de dos concepciones opuestas de la Iglesia: una jerárquica y firmemente anclada en la fe de siempre, y otra abierta a la hibridación con las estructuras del mundo actual.
Participa en el debate
Queremos conocer tu postura ante estos acontecimientos cruciales para la cristiandad. Déjanos tus impresiones en los comentarios:
¿Cree que el avance de las corrientes sinodales y el abandono de los títulos tradicionales marianos representa una ruptura peligrosa con la verdadera fe de la Iglesia?
¿Existe un designio deliberado para desplazar a la Virgen María y acomodar a la Iglesia a una religión global sin fricciones polémicas?
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¿Una religión universal? | Análisis de la escandalosa nota doctrinal de la Santa Sede
- Juan Esteban López
¿Qué es lo que está pasando en Roma? Pareciera que desde lo más alto de la jerarquía eclesiástica estuviera comenzando una apostasía de nuestra fe católica. Sabemos que tenemos la promesa de nuestro Señor de que las puertas del infierno no prevalecerán contra la Santa Iglesia, pero eso no significa que la institución esté exenta de crisis, como ya muchas veces se ha visto a lo largo de la historia.
Recientemente ha salido a la luz una nota doctrinal de la Santa Sede que ha dejado perplejo a gran parte del mundo católico. Ante este documento, que reivindica el indiferentismo religioso, el Centro Cultural Cruzada —como organización civil conformada por católicos en defensa de la tradición, la familia y la propiedad— se ve en la imperiosa necesidad de pronunciarse.
Nuestra postura: El equilibrio frente a la autoridad
El Centro Cultural Cruzada reconoce al Santo Padre como legítimo sucesor de San Pedro. Sin embargo, esto no implica que debamos seguir ciegamente todas sus afirmaciones:
Una auténtica devoción al papado no consiste en la «papolatría» moderna.
Consiste en pedirle al Papa que cumpla su misión: confirmar a sus hermanos en la fe basándose en el magisterio perenne, no en inventar doctrinas nuevas.
Análisis de la Nota Doctrinal: «Un camino de esperanza»
El documento en cuestión se titula: «Un camino de esperanza: 60 años de diálogo y fraternidad interreligiosa a la luz de la declaración conciliar Nostra aetate». Su contenido plantea profundas contradicciones doctrinales:
El trasfondo del Concilio Vaticano II: Es fundamental recordar que este concilio fue de carácter pastoral, no dogmático. Esto significa que los fieles católicos, sacerdotes y obispos podemos tener reservas legítimas frente a él sin dejar de ser católicos. Las declaraciones ambiguas sobre la libertad religiosa en su momento generaron gran confusión, y confiamos en que la Providencia permita en el futuro su revisión o anulación.
El peligro de la «fraternidad universal»: La nota doctrinal impulsa el concepto de una fraternidad global entre todas las creencias. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿es posible la fraternidad entre la verdad y el error? La doctrina católica enseña que “Omnes dii gentium daemonia” (todos los dioses de los paganos son demonios). Pretender una comunión entre el cristianismo y el paganismo resulta teológicamente irreconciliable y huele peligrosamente a los cimientos de una religión universal.
El «Diálogo» como herramienta dialéctica
El documento insiste en que la misión evangelizadora ya no debe enfocarse exclusivamente en anunciar a Cristo, sino en el diálogo con otras tradiciones religiosas. Es crucial distinguir dos enfoques:
El sentido tradicional: En la escolástica católica, el diálogo contraponía la verdad (la Iglesia) frente al error para hacer ver al interlocutor dónde se encuentra la verdadera fe.
El sentido moderno (dialéctica hegeliana): En la práctica actual, este diálogo se utiliza como un término transbordado para buscar «puntos en común» entre todas las religiones, diluyendo la verdad absoluta de Jesucristo en favor de una síntesis sincretista.
Una visión antropocéntrica y la negación de la religión mundial
En sus apartados más avanzados, la nota doctrinal propone como «criterio de discernimiento universal» la acogida del necesitado y los textos sagrados de distintas religiones, reduciendo la misión de la Iglesia a una labor meramente humanitaria.
El fin supremo de la Iglesia: La Iglesia tiene innumerables obras de caridad, pero su fin principal es la salvación de las almas mediante la fe y el bautismo en la Santísima Trinidad. Reducirla a una ONG humanitaria vacía su razón de ser.
La contradicción interna: En el punto 53, el texto afirma: «En realidad, no se trata de fundar una gran religión mundial…». Como dice un popular refrán: si tiene rayas de tigre, ruge como un tigre y tiene ojos de tigre… es un tigre. Por más que nieguen la intención de crear una religión universal, los principios de indiferentismo religioso que promueven conducen inexorablemente a ella.
El respaldo del Magisterio Tradicional y las condenas papales
Para mantener firme la brújula de nuestra fe, es indispensable recordar las enseñanzas de los grandes papas del pasado que condenaron tajantemente estos errores:
Papa Gregorio XVI (Mirari Vos, 1832): Condenó el indiferentismo como una opinión perversa que hace creer que la salvación puede lograrse en cualquier profesión de fe, advirtiendo que quienes así piensan perecerán eternamente si abandonan la fe católica entera e inviolable.
Papa Pío IX (Syllabus / Quanta Cura, 1864): Reafirmó la condena a la idea de que el hombre es libre de abrazar cualquier religión o de que la salvación eterna se alcanza bajo cualquier culto.
Conclusión
Estamos presenciando los pasos firmes hacia una religión universal disfrazada bajo el eslogan de la «fraternidad universal». Ante este desconcierto, los católicos fieles debemos mantenernos firmes en la Tradición.
Oremos fervientemente para que la Santísima Virgen María y el Espíritu Santo concedan al Santo Padre la sabiduría y la fortaleza necesarias para guiar la barca de San Pedro a puerto seguro y defender la pureza de la fe católica.
¿Qué opina usted sobre esta nota doctrinal? Déjenos su comentario abajo y participe de este debate en defensa de la Santa Iglesia.
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¡Obedezcan! : ¿Un Católico esta obligado a aceptar todo?
- Luis Fernando Escobar
En los últimos tiempos, la publicación de ciertos textos eclesiásticos, notas doctrinales y declaraciones provenientes del Vaticano ha generado profundas reservas y confusión en millones de bautizados alrededor del mundo. Frente a la legítima preocupación de los fieles católicos, la respuesta de algunos sectores jerárquicos suele ser inmediata: «Obedezcan sin cuestionar, o estarán fuera de la Iglesia».
Sin embargo, a la luz del Código de Derecho Canónico y de la Tradición milenaria, surge una pregunta ineludible: ¿es esta presión desmedida teológica y jurídicamente correcta?
1. El contexto de la inquietud actual y el riesgo del relativismo
La publicación de recientes notas doctrinales —como aquellas que conmemoran aniversarios de documentos del Concilio Vaticano II como Nostra Aetate— ha suscitado un vivo debate. Diversos sectores señalan con preocupación la presencia de expresiones que parecen diluir el mandato evangélico de hacer discípulos a todas las naciones, aproximándose peligrosamente al sincretismo o al relativismo religioso.
Esto entra en tensión con el Magisterio tradicional perenne y con las enseñanzas de los grandes Doctores de la Iglesia, quienes siempre defendieron la unicidad de la Iglesia católica como medio necesario para la salvación.
2. Los verdaderos límites de la obediencia y el Derecho Canónico
Si bien la comunión con el Sucesor de Pedro es un pilar fundamental de la fe católica, la teología distingue claramente los grados de autoridad y asentimiento que requiere cada documento eclesiástico:
No todos los escritos emitidos por un Dicasterio gozan de infalibilidad.
Existen materias opinables, de índole pastoral o disciplinaria, que no constituyen dogmas de fe irreformables.
El respaldo del Canon 212 § 3
La legislación de la Iglesia protege activamente la corresponsabilidad y la participación madura de los laicos. El Canon 212 § 3 del Código de Derecho Canónico establece con claridad:
«Tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestar a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres, la reverencia hacia los Pastores, y habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas.»
Esto demuestra que la observación constructiva y el discernimiento basado en la fe no son actos de rebeldía, sino derechos legítimos siempre que se mantenga el respeto a la jerarquía y a la doctrina inmutable.
3. Fidelidad a la Tradición frente a los desafíos contemporáneos
A lo largo de la historia, las crisis internas y las tensiones doctrinales han puesto a prueba a los fieles. Hoy en día, la influencia de corrientes ideológicas seculares dentro de ciertas estructuras eclesiales genera documentos que a menudo parecen diluir verdades largamente asentadas sobre la moral y el depósito de la fe.
Frente a este panorama, la brújula definitiva sigue siendo la Sagrada Tradición y el Magisterio de siempre. La Constitución Dogmática Dei Verbum corrobora que la Tradición apostólica posee un carácter vinculante e inmutable en su núcleo esencial.
Conclusión
Una de las grandes paradojas del momento actual es que, mientras se promueve un diálogo abierto hacia el mundo moderno y otras confesiones, en ocasiones se cierren los espacios de escucha interna mediante exigencias de sumisión absoluta en materias opinables.
Inspirados en los principios del catolicismo, es necesario reafirmar la absoluta fidelidad a la fe de siempre y la debida reverencia a las autoridades legítimas; pero recordando siempre que la obediencia cristiana nunca anula el deber de conciencia ni el derecho de custodiar fielmente el depósito de la fe.
¿Consideras que los canales de diálogo interno entre los fieles y la jerarquía eclesial son suficientes en la actualidad?
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¿Qué sucede cuando la izquierda se mueve demasiado rápido y demasiado pronto
- John Horvat
Como no está en el poder, la izquierda estadounidense parece tener todas las ventajas en las próximas elecciones de mitad de período, culpando a la derecha por el aumento del costo de vida, la inestabilidad global y otros problemas. Los medios liberales ya están a la ofensiva, destacando incesantemente todos los problemas. Sin embargo, no se observa ningún impulso por parte de ninguna de las dos facciones. De hecho, el Partido Demócrata goza de un apoyo menor que el Partido Republicano entre los votantes indecisos, quienes en última instancia determinarán los resultados de las próximas elecciones, tanto ahora como en 2028.
RADICALIZACIÓN DE LA IZQUIERDA
Algunos han definido la lucha dentro del Partido Demócrata como una guerra civil que llega precisamente en el momento equivocado. El problema radica en la radicalización de la izquierda, como lo demuestra el ascenso de los Socialistas Demócratas de América (DSA). Sus candidatos se presentan como demócratas y ganan las primarias en distritos electorales seguros contra los candidatos del establishment demócrata. Una vez en el cargo, los nuevos candidatos socialistas están dispuestos a cambiar la dinámica del panorama político.
Los estrategas prodemocráticos imaginan el peligro de una reacción contra candidatos radicales que podría poner en riesgo al partido. La etiqueta de «socialista» sigue siendo un anatema para innumerables estadounidenses que ven con razón esta ideología dañina como el camino a la ruina. Sin embargo, los socialistas del DSA están subiendo la apuesta, insistiendo en que su visión distorsionada y «despierta» de la sociedad es la única esperanza para Estados Unidos.
De hecho, la mayoría de los progresistas se mantienen firmes en sus posiciones «despiertas» sobre el aborto inducido, la inmigración ilegal masiva, el crimen impune, los «derechos» transgénero, el ambientalismo apocalíptico y otras cuestiones. Consideran que estos temas no son negociables, ya que son parte integral de su ideología.
El ala dominante del Partido Demócrata es, a su vez, algo más moderada. Si bien comparte los objetivos de la izquierda, cuestiona los plazos, el alcance y la velocidad de los cambios propuestos. Se trata más bien de decir «no ahora» y «no en tanta medida». Para lograr la victoria, estos miembros más moderados piden a los radicales que suavicen el tono de su mensaje y adopten un lenguaje ambiguo que todos puedan aceptar. Exigen de ellos cierta deshonestidad, coincidiendo con opiniones contrarias a sus verdaderas convicciones. Muchos radicales se sienten sacrificados.
Así, por ejemplo, Thomas Edsall, del New York Times, insta a los demócratas leales a apoyar puntos «razonables» para incluir en el programa del partido sobre temas clave como la inmigración, el crimen y el transgenerismo. Invita al partido a «someterse a una especie de intervención quirúrgica brutal», a hacer «una renuncia pública» a sus cargas ideológicas e incluso a realizar un «exorcismo ideológico» de su programa de izquierda.
Su mensaje parece significar que lo que los demócratas tienen que hacer, si realmente quieren ganar, es dejar de ser demócratas. Tienen que ocultar o posponer aún más su revolución. Sólo prevalecerán si mantienen una retórica no ideológica, un contenido ligero y un debate centrado.
DEMÓCRATAS MODERADOS A LA DERECHA DEL EPISCOPADO
Algunas de las propuestas de Edsall son francamente impactantes, ya que contrastan marcadamente con lo que durante mucho tiempo ha sido el programa de la izquierda. Esto no puede dejar de causar una comprensible consternación entre los demócratas radicales, que se sienten traicionados. Así, las propuestas de Edsall exigen la renuncia a las fronteras abiertas y el compromiso con la aplicación estricta de las leyes sobre inmigración clandestina y la expulsión de inmigrantes «no autorizados» que cometan delitos.
Exigen que se persiga con firmeza a los acusados de delitos violentos, que se restablezcan algunos requisitos para conceder la libertad provisional y que se impongan más cadenas perpetuas. Incluso están a favor de la pena de muerte decidida por un jurado en los estados donde todavía está prevista. Esto significa una posición que colocaría a los demócratas mucho más a la derecha que los obispos católicos estadounidenses.
En cuanto a la cuestión transgénero, se pide a los demócratas que admitan que hay dos sexos: masculino y femenino. Las personas pueden reivindicar la identidad del sexo opuesto; sin embargo, no se debe permitir que dicha reivindicación altere la realidad de su sexo biológico. En los casos en que esto resulte injusto, los equipos deportivos deberían poder excluir a quienes pretendan identificarse con el sexo opuesto. Los tratamientos de afirmación de género deberían prohibirse para todos los menores de 18 años — continúan las propuestas de Edsall — ya que estudios convincentes revelan el grave daño que surgen de ellos.
EVITA LA IMAGEN DE «UN POCO LOCO»
Otras recomendaciones piden apoyar el libre mercado y rechazar el socialismo. Estas propuestas reflejan algunas ideas de sentido común de aquellos dentro del partido que se han dado cuenta de que el enfoque «despierto» no funciona. Los demócratas moderados, defensores de la «tercera vía», están promoviendo este tipo de cambios, ya que quieren deshacerse de la imagen «medio loca» del partido. El deseo irracional de mantener una ortodoxia ideológica rígida con respecto a los pronombres, por ejemplo, a menudo hace que los demócratas que usan «ellos/ellas» «parezcan incómodos y carentes de empatía». Los fantasmas de los activistas del movimiento «desfinanciando a la policía» durante los disturbios de Black Lives Matter (BLM) de 2020 todavía flotan en el aire.
Muchos otros estrategas demócratas se hacen eco de las propuestas de Thomas Edsall. Personas como James Carville han argumentado durante mucho tiempo que la agenda «despierta» es crear una élite académica separada de la clase trabajadora. Su mensaje dice que el ritmo de los acontecimientos es demasiado rápido. Necesita ir más despacio. Michael Sean Winters, un periodista jacobino que colabora con el National Catholic Reporter, también insta a la moderación en la larga marcha hacia el poder. Sus artículos están llenos de consejos dirigidos al Partido Demócrata, que aboga por el aborto y que considera una extensión del movimiento de justicia social de la Iglesia.
Winters cree que los demócratas deben aportar algo de sentido común a las guerras culturales si quieren avanzar. «Incluso si los demócratas hicieran bien el plan económico, todavía tendrían que distanciarse del extremismo cultural que han abrazado en los últimos años»
DESASTRE ELECTORAL
Las posiciones «absurdas», diseñadas para mostrar la propia virtud, dan fuerza a la izquierda radical, pero resultaron desastrosas en las urnas. Como señaló Ezra Klein del New York Times en un ensayo reciente:
«Los demócratas adoptaron una postura más intransigente sobre la inmigración y perdieron el apoyo de los votantes hispanos. Se han desplazado hacia la izquierda en materia de armas, préstamos estudiantiles y cambio climático, perdiendo terreno entre los votantes jóvenes. Se desplazaron hacia la izquierda en cuestiones raciales, perdiendo terreno entre los votantes afroamericanos. Se desplazaron hacia la izquierda en materia de educación, perdiendo terreno entre los votantes asiático-americanos. Se desplazaron hacia la izquierda en cuestiones económicas, perdiendo terreno entre los votantes de la clase trabajadora».
EL TRIUNFO DE LAS MALAS IDEAS
Sin embargo, el problema de los demócratas no es la forma en que presentan sus ideas liberales. Son las mismas ideas las que alejan a los votantes, que aún no están preparados para adoptar un programa que inspire miedo. Su filosofía liberal exige un proceso en constante evolución hacia una creciente ausencia de frenos. Con el paso de los años, esta marcha hacia la izquierda ha subvertido gradualmente los frenos saludables representados por la moral, los lazos familiares, las normas comunitarias y las obligaciones religiosas.
La tendencia liberal a satisfacer pasiones desenfrenadas exige constantemente más concesiones, hasta el punto de que ni siquiera se puede tolerar el sentido común en materia de identidad sexual. La izquierda se mueve demasiado rápido y demasiado pronto. Peor aún, la izquierda no puede poner la marcha atrás. La pasta de dientes no se puede volver a colocar en el tubo.
UN DILEMA
La izquierda se enfrenta pues a un dilema. Ni los radicales ni los moderados ponen en tela de juicio los principios fundamentales de igualdad que los animan. Sólo están en desacuerdo sobre los métodos y los plazos.
La izquierda radical necesita el dinamismo de este proceso destructivo y desenfrenado para dinamizar a sus activistas y numerosos partidarios. Al mismo tiempo, el establishment demócrata necesita una moderación «razonable» para atraer al centro, que con razón está asustado por los fanáticos «jacobinos».
Para ganar, los demócratas necesitan tanto energía como moderación. Sin embargo, cada facción tiende a sofocar a la otra. Y no es posible satisfacer ambas cosas. El vano intento de realizar un «exorcismo ideológico» en el partido resultará existencial, obligando a la izquierda a abandonar su identidad radical.
La derecha también se enfrenta a un dilema similar. La única salida para Estados Unidos es el retorno a los principios, la moral y el orden cristianos.
¿Es Vladimir Putin un defensor del cristianismo?
- Edwin Benson
El 27 de mayo de 2026, la Rusia de Vladimir Putin firmó un «acuerdo de cooperación militar y de seguridad» con los líderes talibanes de Afganistán. Al menos en dos sentidos, ésta parece una alianza muy improbable. Sin embargo, la ironía a menudo acompaña a la desesperación.
Dos ironías significativas
La primera ironía es que el ex coronel de la KGB en el Palacio del Kremlin se opuso a los talibanes durante la invasión soviética de Afganistán que duró una década (1979-1989). De hecho, los talibanes surgieron inicialmente para resistir a los soviéticos. El firmante afgano, el ministro de Defensa Mohammad Yaqoob, es hijo del fundador talibán, el mulá Muhammad Omar.
De hecho, el mulá Omar no sólo luchó contra los soviéticos, sino que también dio refugio a Osama Bin Laden después de los ataques del 11 de septiembre al World Trade Center de Nueva York. Ese acto provocó la invasión estadounidense de Afganistán en octubre de 2001.
El segundo giro, lejos de ser sutil, es que Vladimir Putin a menudo se presentó como el principal defensor mundial del cristianismo. También en marzo de 2022, The Washington Post publicó un artículo titulado «El vínculo que explica por qué algunos miembros de la derecha cristiana apoyan la guerra de Putin». La autora, la profesora Bethany Moreton, planteó la hipótesis de que «muchos en la derecha estadounidense ven a Rusia como un aliado en las guerras culturales», señalando una «alianza de conservadores culturales en Estados Unidos y Rusia [que] también ha abrazado los prejuicios raciales y étnicos».
Una historia de adaptación al Islam
La nueva alianza de Putin con el Islam radical, junto con su represión de las iglesias católicas ucranianas en el territorio ocupado, socava su imagen forjada como defensor del cristianismo. Sin embargo, la idea de que se trata de un cambio de política carece de fundamento. En 2015, The Economist publicó Faith in Convenience («Fe en conveniencia»), un artículo que exploraba la larga relación de Putin con el Islam.
Quizás la declaración más reveladora a este respecto sea la afirmación de Putin, hecha en un vídeo en ruso, de que «algunos analistas del cristianismo dicen que la ortodoxia rusa está en muchos aspectos más cerca del Islam que de los católicos». Esta observación no se repitió ampliamente entre quienes querían promover a Putin como baluarte del cristianismo dominante.
Esa no fue la única vez que Putin expresó su apoyo al Islam. En octubre de 2013, Putin visitó la ciudad mayoritariamente musulmana de Ufa, en Rusia Central, para celebrar el 225o aniversario de la creación por parte de la emperatriz Catalina de una «autoridad espiritual» establecida para inspirar lealtad a Rusia entre sus súbditos musulmanes. Como parte de la celebración, Putin compartió su opinión de que «el Islam es un elemento notable de la composición cultural de Rusia, una parte integral y orgánica de nuestra historia». Esas no son las palabras de un hombre que tuvo la esperanza de convertir su nación al cristianismo.
Dos años después, Putin presidió la reapertura de la Mezquita Central de Moscú. En esa ocasión, observó: «Los líderes de opinión musulmanes siempre contribuyen al desarrollo de la paz y el sentido común contra el extremismo en Rusia.» Sentados a su lado en el estrado estaban el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y el presidente palestino, Mahmoud Abbas.
Los detalles del acuerdo
Sin embargo, suavizar las relaciones con una facción religiosa que representa más del diez por ciento de la propia población de Putin es una cosa. Establecer una cuasi alianza con terroristas al otro lado de la frontera sur es otra cosa completamente distinta. Esto es especialmente cierto dado que el grupo terrorista talibán surgió como resultado de la invasión soviética, llevada a cabo por los antiguos superiores de Putin.
Un artículo reciente en TheWall Street Journal, «La alianza «cristiana» de Putin con los talibanes», escrito por Bernard-Henri Lévy, ilustra bien este punto. El subtítulo es especialmente conmovedor: «Sus propagandistas e idiotas útiles lo caracterizaron como el salvador de un Occidente decadente y en decadencia» La conclusión es bastante simple: Putin abandonó cualquier pretensión de ser un defensor del cristianismo cuando firmó el acuerdo con los talibanes.
Los términos del acuerdo incluyen el entrenamiento de tropas y la reparación y mantenimiento de los sistemas de armas de fabricación rusa que ya forman parte del arsenal de Afganistán, incluidos helicópteros y otros aviones. Los rusos también entrenarán «una fuerza de élite de 8.000 hombres» y proporcionarán activos de inteligencia a los afganos. «En resumen», concluye el Dr. Lévy, «los talibanes mantendrán el orden a lo largo de las fronteras meridionales de la Gran Rusia y librarán —o pretenderán librar— una guerra contra grupos rivales como el Estado Islámico de la provincia de Khorasan; a cambio, los antiguos soviéticos se comprometen a preservar el gobierno islámico en Kabul.»
¿Una alianza Rusia-Afganistán?
Fox News menciona un conjunto de motivaciones siniestras detrás del Pacto Putin-Talibán. «Rusia y el gobierno talibán en Afganistán han firmado un pacto de cooperación militar, consolidando una alianza que fortalece aún más la influencia de Moscú en Asia Central.»
Rusia lleva mucho tiempo lanzando miradas envidiosas hacia su vecino del sur, siempre con un éxito limitado. A lo largo del siglo XIX, Rusia luchó con el Imperio Británico (propietario de la India, al sur de Afganistán) por el control de la región. Esta lucha nunca llegó a una guerra por el propio Afganistán, pero ambas potencias se enfrentaron en una serie de «intervenciones militares» más pequeñas. Después de la Revolución bolchevique, la nueva URSS firmó un Tratado de Amistad que duró, al menos en principio, hasta la caída de un gobierno respaldado por la URSS en 1979. Este otoño inspiró la desastrosa invasión soviética que tuvo lugar más tarde ese mismo año.
Ahora, un Putin desesperado busca algún lugar, en cualquier lugar, donde pueda parecer un verdadero protagonista en el escenario mundial. Su desastrosa invasión de Ucrania lo convirtió en una figura internacional ridícula. Tal vez, estableciendo relaciones amistosas con los talibanes, pueda convencer a sus electores de que ha logrado lo que los zares y los bolcheviques no han logrado. Es una apuesta desesperada, plagada de peligros para la región circundante, pero es la única oportunidad que tiene.
Los Destinos Supremos del Hombre
- Roberto de Mattei
La reunión anunciada entre el Papa León XIV, los jefes de las Iglesias católicas orientales sui iuris y los presidentes de las Conferencias Episcopales se celebrará en el Vaticano del 7 al 14 de octubre de 2026. El evento nació con el objetivo de «proceder, en escucha mutua, a un discernimiento sinodal sobre los pasos a seguir para proclamar hoy el Evangelio a las familias, a la luz de Amoris laetitia y teniendo en cuenta lo que se está logrando en las Iglesias locales».
Para preparar los trabajos de la asamblea, el 6 de julio la Secretaría General del Sínodo de los Obispos y del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida publicó un Camino Temático, enviado a las iglesias locales. El cuarto punto del texto, titulado «En las dificultades de la vida: acompañamiento y apoyo. Caminar con familias en situaciones complejas», retoma, con estas palabras, el tema central del capítulo ocho de la exhortación postsinodal Amoris laetitia: «¿Qué medidas se han adoptado para apoyar a quienes viven en situaciones de fragilidad o dificultades? ¿Qué resistencia surge? ¿Cómo podemos construir comunidades cristianas en las que quienes han experimentado sufrimiento, abandono, separación y divorcio puedan sentirse verdaderamente escuchados, involucrados y corresponsables? ¿Qué experiencias concretas muestran ya hoy el rostro de una Iglesia cada vez más capaz de proximidad, discernimiento, acompañamiento y valorización, ayudando a las personas y a las familias a recuperar la confianza, a reconocerse como parte de la comunidad y a experimentar la misericordia de Dios?».
Según la exhortación Amoris laetitia del 19 de marzo de 2016, ante el sufrimiento de quienes viven un matrimonio fallido, la Iglesia debe comprometerse a nivel pastoral, presentándose como un hogar acogedor y misericordioso. Pero ¿hasta dónde puede llegar esta bienvenida? ¿Es posible admitir en los sacramentos a quienes viven permanentemente en una situación objetiva de pecado grave, como la de las personas divorciadas y vueltas a casar, sin contradecir la ley natural y divina?
Amoris laetitia parece responder positivamente a esta pregunta cuando afirma que no. 301, que «ya no es posible decir que todos aquellos que se encuentran en alguna situación llamada “irregular” viven en un estado de pecado mortal, carentes de gracia santificadora». En el n.o 305 añade: «Por condicionamiento o atenuantes, es posible que, dentro de una situación objetiva de pecado – que no sea subjetivamente culpable o que no sea plenamente culpable – se pueda vivir en la gracia de Dios, se pueda amar, y también se puede crecer en la vida de gracia y caridad, recibiendo para ello la ayuda de la Iglesia».
Es cierto que la teología moral católica siempre ha distinguido entre la gravedad objetiva de un acto y la plena imputabilidad subjetiva de quien lo realiza. La ignorancia, el miedo, la violencia, los hábitos empedernidos y otros condicionamientos pueden disminuir la responsabilidad personal. Pero el problema planteado por Amoris laetitia no se refiere sólo al juicio sobre la conciencia individual, que en última instancia pertenece a Dios. Se trata de la posibilidad de transformar una valoración prudencial del confesor en una práctica eclesial que permita el acceso a la Eucaristía a quienes públicamente continúan viviendo en condiciones contrarias a un mandamiento divino, sin intención de abandonarlo.
Por este motivo, en 2016 cuatro cardenales –Raymond Leo Burke, Walter Brandmüller, Carlo Caffarra y Joachim Meisner– entregaron al Papa Francisco cinco dubia, preguntando, entre otras cosas, si, después de Amoris laetitia n. 301, todavía era posible afirmar que «una persona que vive habitualmente en contradicción con un mandamiento de la ley de Dios, como el que prohíbe el adulterio (cf. Mt 19,3-9), se encuentra en una situación objetiva de pecado grave habitual». Ni esta pregunta ni la otra dubia formulada por los cardenales han recibido nunca respuesta.
¿La reunión de octubre promovida por León XIV reiterará los errores y ambigüedades de Amoris Laetitia, o buscará reinterpretar el documento del Papa Francisco en sentido ortodoxo, reafirmando que quienes se encuentran en una situación objetiva de grave pecado no pueden recibir la Eucaristía sin arrepentimiento, absolución sacramental y el propósito de cambiar sus vidas?
Como observa Don Claude Barthe en su reciente y lúcido artículo (https://www.resnovae.fr/revenir-au-magistere/)“ este encuentro podría representar una oportunidad providencial para que algunos pastores valientes destaquen el considerable daño causado por la exhortación apostólica postsinodal Amoris laetitia a la moral natural y católica y, en consecuencia, a la salvación de las almas”. De hecho, ninguna práctica pastoral puede ser auténticamente católica si contradice, incluso indirectamente, la verdad doctrinal que se supone debe hacer visible.
Sin embargo, el problema subyacente radica aguas arriba y no aguas abajo. La razón profunda de tantos fracasos matrimoniales, con el consiguiente desarrollo de situaciones de dificultad, sufrimiento y pecado, reside en la pérdida del sentido del matrimonio y, más generalmente, en el oscurecimiento de la ley natural y divina. Más arriba aún está la ausencia, por parte de muchos pastores de la Iglesia, de una predicación coherente y sistemática que recuerde al hombre el fin de su vida y sus destinos supremos.
La Iglesia no es simplemente un refugio en el que quienes tienen desafíos espirituales o psicológicos pueden recuperar el equilibrio viviendo con sus hermanos y hermanas. Ella es ciertamente una madre que acoge y cura las heridas, pero es ante todo la institución divina fundada por Jesucristo para guardar la verdad, administrar los sacramentos y ofrecer a los hombres las herramientas necesarias para la salvación eterna. Su tarea no es asegurar una serenidad puramente terrenal, sino conducir las almas hacia Dios. Si olvida esta finalidad sobrenatural, el acompañamiento pastoral se reduce también a una forma de asistencia psicológica o social.
Nuestros destinos no se agotan por la vida terrenal. Hay una vida futura en la que uno tendrá la perfecta sanción de los méritos y deméritos de todos. Como enseña Santo Tomás de Aquino, tan pronto como el alma se separa del cuerpo, un rayo de luz lo penetra profundamente y, «iluminado por esta luz por sus propios méritos o deméritos, el alma sale como de sí misma al lugar de su eternidad, similar a aquellos cuerpos ligeros o pesados, que ascienden o descienden donde su movimiento debe terminar» (Summa Theologiae, Suppl., q. 69, a. 2).
El cielo, la indescriptible plenitud de la felicidad en la posesión eterna de Dios, y el infierno, la eterna privación de Dios y la inmensa presencia de todo mal, son nuestros destinos supremos. Recordar esta verdad significa mirar la realidad con los ojos de la fe. Y esa es la tarea de la Iglesia.
La desesperación que aguarda en la eternidad a quienes mueren impenitentes, después de haber transgredido gravemente la ley divina, es infinitamente más terrible que el sufrimiento fugaz de quienes en la tierra luchan por respetar esta ley. La respuesta a la crisis familiar no es adaptar la ley de Dios a las debilidades humanas, sino restaurar a los hombres la confianza en el poder de la gracia, de que cualquier cosa puede, incluso lo que parece humanamente imposible. Éstas son las palabras de vida y de esperanza que está permitido esperar de una asamblea eclesial dedicada a la proclamación del Evangelio.
Los Engaños que Preparan la Guerra
- Roberto de Mattei
La historia ofrece numerosos ejemplos de guerras preparadas a través de noticias manipuladas y agresiones simuladas: operaciones que hoy definiríamos como “guerra híbrida”. En 1939, tras el desafortunado Pacto Molotov-Ribbentrop, se produjeron dos incidentes importantes: el ataque nazi a la emisora de radio alemana de Gleiwitz, atribuido a Polonia, y el bombardeo ruso de la aldea soviética de Mainila, atribuido a Finlandia. En ambos casos, el atacante construyó una versión de los hechos que le permitió presentarse como víctima.
El 23 de agosto de 1939, en Moscú, los ministros de Asuntos Exteriores Vyacheslav Molotov y Joachim von Ribbentrop firmaron, en presencia de Stalin, el Pacto de No Agresión entre la Unión Soviética y la Alemania nacionalsocialista. Un protocolo secreto delimitó sus respectivas esferas de interés en Europa del Este, previendo la partición del territorio polaco y colocando a Finlandia en la esfera soviética. El acuerdo facilitó así una agresión posterior: Hitler podía atacar Polonia sin temor a la intervención soviética en su contra; Stalin podía ejercer su propia presión sobre Finlandia contando con la aquiescencia alemana.
En la tarde del 31 de agosto de 1939, pocas horas antes de la invasión de Polonia, un pequeño grupo de agentes del servicio de seguridad de las SS entró en la emisora de radio de Gleiwitz, una ciudad de la Alta Silesia entonces perteneciente a Alemania, hoy Gliwice, Polonia. A la cabeza estaba Alfred Naujocks, encargado por Reinhard Heydrich de simular una incursión polaca.
Los hombres ocuparon el lugar y transmitieron un breve mensaje en polaco, con contenido hostil a Alemania. Dispararon algunos tiros y abandonaron la estación. La acción debía aparecer como un ataque de un grupo de insurgentes o saboteadores polacos a una instalación alemana. En la declaración jurada dada en noviembre de 1945 y adquirida en los juicios de Núremberg, Naujocks explicó que Heydrich quería obtener pruebas concretas de los presuntos ataques polacos, utilizables por la propaganda extranjera y la prensa. Su relato documentó así la relación directa entre la preparación del incidente y la construcción de la justificación pública de la guerra. (Deposición de Alfred Naujocks).
La puesta en escena también incluyó una víctima humana. El cuerpo de Franciszek Honiok, un alto silesio conocido por sus simpatías polacas, fue dejado en la estación y arrestado por la Gestapo y asesinado para proporcionar pruebas falsas de la incursión. Un hombre asesinado se convirtió así en un elemento de la representación: el presunto atacante que cayó en el lugar del ataque. Gleiwitz perteneció a una serie de provocaciones organizadas a lo largo de la frontera, destinadas a fortalecer la imagen de una Alemania sometida a la intolerable violencia polaca (https://www.historyhit.com/gleiwitz-incident-explained/?utm_source=chatgpt.com). Al amanecer del 1 de septiembre°, la Wehrmacht invadió Polonia. La velocidad y amplitud de la ofensiva demostraron que la operación militar había sido preparada antes del incidente. El 17 de septiembre, el Ejército Rojo también entró en Polonia desde el este: la partición acordada entre los regímenes nazi y comunista comenzaba a resultar en la ocupación del país.
Menos de tres meses después, una provocación fronteriza ofreció a Moscú el pretexto para atacar Finlandia. En otoño de 1939, Stalin había exigido concesiones territoriales en el istmo de Carelia y una base naval en Hanko, presentándolas como necesarias para la seguridad de Leningrado. El gobierno finlandés, temiendo que esas demandas socavaran su independencia, no aceptó las condiciones soviéticas.
El 26 de noviembre, Moscú anunció que siete proyectiles de artillería, procedentes de territorio finlandés, habían alcanzado unidades soviéticas cerca de Mainila, causando cuatro muertos y nueve heridos. Molotov exige la retirada de las tropas finlandesas. Helsinki rechazó la acusación: según auditorías finlandesas, sus baterías estaban demasiado lejos para llegar al pueblo. También propuso una investigación conjunta y una retirada mutua de fuerzas. Moscú rechazó la propuesta. El 28 de noviembre denunció el pacto de no agresión soviético-finlandés; el día 29 rompió relaciones diplomáticas.
La propaganda acompañó la escalada. Pravda e Izvestija presentaron el episodio como una provocación de los líderes finlandeses y publicaron declaraciones de trabajadores y soldados exigiendo una respuesta contundente. El 30 de noviembre, el Ejército Rojo cruzó la frontera y la fuerza aérea soviética bombardeó Helsinki. La Guerra de Invierno estaba comenzando. El estudio de Kati Parppei muestra cómo el episodio se transformó en una herramienta para movilizar y legitimar el ataque (https://www.arei-journal.pl/articles/display/69?utm_source=chatgpt.com).
En 1939 fue necesario organizar una agresión simulada, preparar pistas falsas y confiar a la propaganda la tarea de imponer una versión oficial. Hoy en día, la guerra híbrida ofrece una extraordinaria variedad de medios tecnológicos para lograr objetivos políticos y militares análogos mediante engaños y mentiras. De hecho, la guerra híbrida combina presión militar, ciberataques, sabotaje, chantaje económico y operaciones de desinformación. Su campo de acción incluye la infraestructura material y la percepción de los acontecimientos. La inteligencia artificial permite producir textos en muchos idiomas, imitar registros periodísticos, crear imágenes plausibles y sintetizar rumores. Imágenes manipuladas podrían mostrar a una autoridad política anunciando una movilización que nunca se decidió;Una grabación falsa podría darle a un comandante una orden que nunca le fue dada. Durante una crisis internacional, incluso un engaño reconocido después de unas horas puede haber alimentado ya el pánico, provocado reacciones diplomáticas o comprometido decisiones urgentes.
El informe conjunto Microsoft–OpenAI del 14 de febrero de 2024 documenta el uso de modelos de lenguaje por parte de Forest Blizzard, también conocido como APT28 o Fancy Bear, que Microsoft vincula con la inteligencia militar rusa y la Unidad GRU 26165. La investigación del periodista Bijin José sobre The Indian Express “espionaje ruso, monitoreo de disidentes y ciberataques con inteligencia artificial: lo que dice el informe de Anthropic” presenta casos de Rusia que utiliza inteligencia artificial para espionaje, control de disidentes, fraude y propaganda. Un precedente documentado es la operación de influencia rusa Doppelganger. En mayo de 2024, OpenAI informó que personas vinculadas a la operación habían utilizado sus plantillas para generar comentarios en varios idiomas, incluido el italiano, traducir y editar artículos y preparar contenido para su difusión en las redes sociales (Informe OpenAI).
El peligro crece cuando la falsificación acompaña a un hecho real. Un corte de electricidad, un incendio o un accidente de tren pueden causarse y explotarse ingeniosamente para difundir explicaciones inventadas, atribuir responsabilidades sin pruebas y sugerir que el gobierno está ocultando la verdad. No es necesario que el activista haya provocado el incidente: puede hacerse cargo de su interpretación.
Es en este marco que, más de ochenta años después de la conclusión de la Segunda Guerra Mundial,Polonia y los países bálticos, ya víctimas del nacionalsocialismo y el comunismo, están volviendo a vivir bajo la presión del poder ruso. La Cortina de Hierro que dividió a Europa después de 1945 ha caído, pero la guerra contra Ucrania ha devuelto la amenaza militar a las fronteras orientales de la Unión Europea y la OTAN. Los drones y los ataques de Moscú a sus fronteras se multiplican, aumentando cada día la posibilidad de provocaciones y mentiras que hacen que la escalada sea irreversible e ingobernable. La desinformación produce incertidumbre, el engaño comprime el tiempo del juicio y hoy existe el riesgo de que los hombres pierdan el control de sus decisiones incluso antes de perder el control de sus armas. 1939 debería enseñarnos algo.
La liberación de Viena y la fiesta del nombre de María
- Roberto de Mattei
Al amanecer del 12 de septiembre de 1683, desde lo alto del Kahlenberg, la mirada se extendía sobre la ciudad de Viena, envuelta en humo. Durante casi dos meses, la capital del Imperio estuvo bajo el control del ejército otomano. Los muros, sacudidos por las minas, estaban ahora a punto de ceder; los defensores, diezmados por el hambre, las enfermedades y los combates, se preparaban para la última resistencia. Más allá de las murallas se extendía, inmenso, el campamento del gran visir Kara Mustafa, con sus tiendas, sus estandartes y una multitud de soldados que habían llegado hasta el corazón de Europa.
La caída de Viena parecía inminente. Y con Viena se habría abierto al Islam el camino hacia Alemania y Europa Central.
El avance turco había comenzado en la primavera de 1683. Kara Mustafa había reunido un ejército masivo y, avanzando a través de Hungría, había llegado a Viena el 14 de julio. El emperador Leopoldo I había abandonado la capital y confió su defensa al conde Ernst Rüdiger von Starhemberg. Entre ellos había unos miles de hombres, a los que se unieron voluntarios y ciudadanos. Durante semanas, los vieneses repelieron asaltos, extinguieron incendios, repararon brechas y cavaron túneles subterráneos para interceptar minas enemigas.
Sin embargo, cada día el círculo se estrechaba. A principios de septiembre, las fortificaciones quedaron reducidas a ruinas y las tropas otomanas habían penetrado las obras exteriores. La ciudad ahora luchaba con la certeza de que el próximo asalto podría ser el último.
En Roma, el Papa Inocencio XI, Benedetto Odescalchi, siguió los acontecimientos con angustia. Durante mucho tiempo había buscado corregir las divisiones entre los príncipes cristianos y promover una alianza contra el poder otomano. Había apoyado financieramente la guerra y favorecido el acuerdo entre el emperador y el rey de Polonia Juan III Sobieski. Pero la movilización militar estuvo acompañada de una intensa movilización espiritual. Se celebraron oraciones durante toda la cristiandad y el Pontífice confió a la Santísima Virgen María la salvación de Viena.
El capuchino Marco d’Aviano, enviado papal y ardiente predicador, viajó por las cortes europeas, instando a los soberanos a superar las rivalidades y la desconfianza. Su misión no era sólo diplomática. Sabía que, antes de poner ejércitos en el campo de batalla, había que recordar a los combatientes el motivo más elevado de su lucha.
El rey de Polonia respondió al llamamiento. Juan Sobieski fue un gobernante valiente, ya famoso por sus victorias contra los turcos, pero sobre todo fue un hombre de profunda devoción mariana. Antes de partir realizó una peregrinación al santuario de Nuestra Señora de Częstochowa. Dejó su reino expuesto al peligro para correr en defensa de Viena, consciente de que el futuro del cristianismo europeo dependía del destino de la ciudad.
El ejército de socorro reunió contingentes polacos, austriacos, bávaros, sajones y otros alemanes. Diferentes idiomas, tradiciones e intereses se reunieron bajo una misma bandera. El mando supremo recayó en Sobieski, mientras Carlos de Lorena dirigía las fuerzas imperiales. Después de una marcha difícil, los aliados cruzaron el Danubio y alcanzaron las alturas que dominaban Viena.
En la noche del 11 al 12 de septiembre, en las laderas del Kahlenberg, miles de hombres esperaban en silencio. Debajo de ellos brillaban los fuegos exterminados del campamento otomano. Antes de la batalla, el padre Marco d’Aviano celebró misa e invocó la protección de la Virgen. Sobieski asistió al Santo Sacrificio y una vez más confió a María el resultado del día.
La batalla comenzó en las primeras horas de la mañana. Las tropas imperiales avanzaron por el flanco izquierdo, capturando a costa de intensos combates las aldeas fortificadas que protegían el campamento turco. En el centro y a la derecha, los contingentes polacos descendieron lentamente de las alturas. Kara Mustafa, convencido hasta el final de que podía capturar Viena, no pudo concentrar todas sus fuerzas contra el ejército de socorro. A medida que los jenízaros continuaron presionando las murallas, el despliegue otomano comenzó a flaquear.
Hacia la tarde llegó el momento decisivo. Desde las laderas del Kahlenberg, miles de caballeros estallaron con sables en mano hacia la llanura, mientras los húsares alados polacos, liderados por Sobieski, cargaban contra el centro de la línea enemiga. El rugido de los cascos, el destello de las lanzas y el silbido de las distintivas alas unidas a la armadura produjeron un efecto abrumador. Las líneas otomanas se rompieron; el campamento de Kara Mustafa fue invadido y el pánico se convirtió en huida.
Desde las murallas, los vieneses vieron cómo el ejército que los había sitiado se disolvía ante sus ojos. Después de semanas de angustia, la ciudad quedó libre.
Al entrar en el campamento del gran visir, Sobieski dirigió a su esposa una frase destinada a pasar a la historia. Modificando las palabras de César, escribió: «Venimus, vidimus, Deus vicit»: hemos venido, hemos visto, Dios ha vencido. No atribuyó el éxito a su propia capacidad, ni a la fuerza de los ejércitos, sino a la intervención de la Divina Providencia. Pero el gran arquitecto de la liberación de Viena, con Sobieski, había sido el Papa Inocencio XI, a quien Pío XII beatificó el 7 de octubre de 1956, recordando su papel providencial.
La liberación de Viena marcó un punto de inflexión histórico. La expansión otomana en Europa se detuvo y en los años siguientes los ejércitos imperiales recuperaron gran parte de Hungría.
Para perpetuar la memoria de la gran victoria, Inocencio XI extendió a la Iglesia universal la fiesta del Santísimo Nombre de María, ya celebrada en algunas regiones. El aniversario se fijó inicialmente en el domingo incluido en la octava de la Natividad de la Virgen y luego fue establecido por San Pío X el 12 de septiembre, aniversario de la liberación de Viena.
El Nombre de María quedó así vinculado a una de las horas más dramáticas de la historia europea. Había resonado en las oraciones de Roma, en los santuarios de Polonia, en las murallas sitiadas y en las alturas del Kahlenberg. Había sido pronunciado por los combatientes antes del enfrentamiento y por los vencedores después de la batalla.
Celebrar el Santísimo Nombre de María significa recordar que, en momentos en que las fuerzas humanas parecen insuficientes y todo parece perdido, la historia nunca escapa al gobierno de la Providencia. Viena estaba ahora cerca del otoño, pero fue precisamente en la hora más oscura cuando llegó la liberación. Por encima del tumulto de las armas y el colapso de los imperios sigue estando el nombre de la Madre de Dios: un nombre de esperanza, misericordia y victoria.
La Desesperación de Nuestro Tiempo
- Roberto de Mattei
Hace pocos días saltó a los titulares la noticia de que en la región italiana del Véneto se había aprobado una ley que tenía por objeto regular el suicidio asistido a nivel regional. Se trata de la cuarta región que aprueba una legislación en ese sentido, pero es la primera que tiene un gobierno de centroderecha. Por eso, la noticia adquiere un significado político y cultural que trasciende los límites regionales. Demuestra que el principio de autodeterminación absoluta está penetrando ya en formaciones políticas que, al menos nominalmente, deberían proclamar la defensa de la vida, la familia y el orden natural.
El suicidio asistido consiste en la búsqueda deliberada de la muerte por parte de quien, no creyendo tener más motivos para vivir, pide a la salud pública que le ayude a poner fin a su existencia. Por tanto, no se trata de una decisión meramente privada. En el momento en que interviene la legislación, el suicidio deja de considerarse una tragedia que se debe impedir y es una posibilidad reconocida por las autoridades regionales o estatales. Esta opción es presentada por los medios de comunicación como el ejercicio de un derecho y un noble acto de determinación que la ley no debe prohibir ni el juicio moral censurar. Se habla de libertad, dignidad, decisión consciente y derecho,
evitando cuidadosamente recordar que en toda solicitud de suicidio hay antes que una voluntad de morir, un grito desesperado de dolor.
Si se describe la muerte voluntaria como una decisión valiente y digna, el mensaje que llega al público es devastador. El anciano que se siente de más, el enfermo que teme ser abandonado o el discapacitado que consciente del costo económico y psicológico de la asistencia que recibe, pueden convencerse de que morir es un gesto de generosidad hacia sus familiares o la solución más decorosa a su dolencia.
Esto pone de relieve una profunda contradicción. Cuando un desesperado intenta quitarse la vida, la sociedad moviliza a médicos y psicólogos y a las fuerzas del orden para salvarlo. En cambio, cuando esa misma voluntad se expresa en unas condiciones clínicas determinadas y se le da cauce mediante un procedimiento legal, la cosa se celebra como una manifestación de libertad. En un caso se afirma que hay que defender la vida de la desesperación del momento; en el otro, se acepta la misma desesperación como fundamento de un derecho.
Durante los mismos días en que se aprobaba esa ley regional sobre el suicidio asistido las primeras páginas de los diarios recogieron noticias de atroces crímenes cometidos dentro del propio núcleo familiar: padres que asesinan a sus seres queridos, madres que matan a sus hijos, hombres que ultiman a su esposa o su pareja y acto seguido se quitan la vida. Desde luego hay una diferencia moral y jurídica entre quien mata a sus familiares y quien pide que lo ayuden a morir. Con todo, en el origen de ambos fenómenos puede reconocerse un mismo sentimiento de desesperación.
La desesperación es la falta de toda esperanza. Es una de las consecuencias más graves del materialismo que domina la sociedad contemporánea. El materialismo no consiste sólo en el apego al dinero o los bienes materiales. En un sentido más radical, es un concepto de la realidad que reduce al hombre a su mera dimensión biológica, económica y psicológica. Desde esta perspectiva, el valor de la vida depende de factores como el placer que se busca, la autonomía que se consiente o el éxito que se disfruta. Cuando faltan esas condiciones, falta igualmente una razón para vivir. En los casos más terribles, quien ha perdido toda esperanza no se limita a quitarse la vida; trata de eliminar también a quien considera parte del propio destino. La familia, que debería ser el ámbito de la seguridad y el amor, se convierte en teatro de una extrema voluntad de dominio: «Si mi vida ya no tiene sentido, tampoco la vuestra debe continuar». Es una inversión diabólica del amor, que ya no procura el bien del otro sino dominarlo y aniquilarlo.
La sociedad contemporánea promete la felicidad por medio del bienestar, el placer, el éxito y la ausencia de todo límite. Y es precisamente esa falsa promesa la que abona el terreno a la desesperación. Si a alguien se le ha enseñado a creer que felicidad es sinónimo de satisfacción de los deseos personales, no estará preparado para afrontar enfermedades, pérdidas, abandonos y derrotas. Si la realidad material se considera el horizonte de la propia existencia, resulta imposible encontrarle sentido a la vida. Una civilización que promete al hombre autonomía y satisfacción de todo deseo pero lo priva de Dios y de la esperanza en la vida eterna, lo deja indefenso ante el dolor y la muerte. La desesperación es, pues, mucho más que un estado psicológico individual; es la enfermedad espiritual y social de nuestro tiempo. Esta grave dolencia no se cura con remedios jurídicos ni políticos. Por encima de todo hay que devolverle al hombre la verdadera esperanza, que es la sobrenatural y nunca ha defraudado a nadie. Pero para restituirle la esperanza al hombre primero hay que reintegrarle la fe, que es requisito y fundamento de la esperanza.
¿Y cuál fe, sino es la fe en Dios, Creador y Señor de la historia; en Jesucristo, Redentor y Salvador de la humanidad; en su Cruz, que ha vencido al pecado; y en su Resurrección, que ha derrotado a la muerte?
Quien abraza la inmensa y consoladora perspectiva de la fe sabe que no es un fruto del azar ni un ser destinado a la nada, sino una criatura de Dios amada por Él y llamada a la vida eterna. La esperanza, que es hija de la fe, consiste en la certeza de que la vida no termina dentro de los estrechos límites de la existencia terrenal y el hombre está llamado a poseer bienes eternos aunque le parezca que todo se derrumba a su alrededor.
La esperanza cristiana no reduce la dureza de las pruebas. Sin embargo, enseña que cuando el sufrimiento se acepta y ofrece siempre es provechoso, que ninguna de nuestras lágrimas escapa a la mirada de Dios y que la Providencia puede sacar un bien mayor de las más espesas tinieblas. Cuando a los ojos del hombre todo parece perdido, el horizonte de la eternidad permanece abierto. Ese horizonte impide que la desesperación tenga la última palabra.
Una vez más, el coronel Plazas Vega es absuelto por la justicia
- Eugenio Trujillo
La noticia fue ampliamente conocida la semana pasada, cuando la Corte Federal del Distrito Sur de La Florida, en EEUU, absolvió por unanimidad al coronel Luis Alfonso Plazas Vega. Este héroe de la Patria estaba acusado injustamente por haber causado los muertos y desaparecidos del asalto terrorista del M-19 al Palacio de Justicia, ocurrido en 1985.
Aunque los hechos son ampliamente conocidos en Colombia y en el mundo, la tragedia personal y familiar del coronel Plazas Vega es ignorada por la mayoría de las personas.
Durante 40 años, que corresponden a la mitad de su vida, ha enfrentado todo tipo de causas judiciales promovidas por el M-19 y la izquierda marxista, acusándolo de los crímenes que cometió el M-19, mientras que los autores de la masacre de la justicia, en la cual fueron asesinados 13 magistrados de la Corte Suprema de Justicia y cerca de 90 personas más, se autoproclaman héroes por haber cometido esos crímenes de lesa humanidad.
El M-19 ha gozado de la más absoluta impunidad
Los integrantes de la cúpula del M-19 que organizaron el asalto al Palacio de Justicia han vivido en medio de la más atroz e inaudita impunidad, pues nunca pagaron un día de cárcel por esos hechos. Ocuparon los más importantes cargos del Estado, pues fueron congresistas, embajadores y hasta ministros. Además, Petro y sus secuaces llegaron a la alcaldía de Bogotá en 2012 y a la presidencia de la República en 2022. Gobernaron a Colombia durante los últimos cuatro años desmantelando el Estado, implantando la más impresionante corrupción, robándose todo lo que pudieron y fortaleciendo a todos los grupos criminales, terroristas y narcotraficantes.
Pero los únicos acusados y encarcelados por esos hechos fueron precisamente los salvadores de la Patria, los que defendieron con honor y heroísmo la democracia y las instituciones. Es el caso del general Jesús Amando Arias Cabrales, quien era el comandante de la Brigada 13 de Bogotá y estuvo al comando de la operación, y del coronel Plazas Vega, comandante de la Escuela de Caballería en Bogotá, quien dirigió el rescate del Palacio de Justicia.
El general Arias Cabrales debe regresar a la libertad
El general Arias Cabrales, a sus 90 años de edad, paga una condena de 35 años de cárcel en una guarnición militar en Bogotá. El expresidente Petro, en un acto de venganza e ignominia, lo despojó cobardemente de sus condecoraciones y honores militares en 2024. El coronel Plazas Vega fue condenado a 25 años de cárcel, de los cuales pagó ocho en una guarnición militar hasta que fue absuelto en 2016 por la Corte Suprema de Justicia.
Fue precisamente allí, cuando estaba preso, cuando lo conocí y nos hicimos buenos amigos, y me sumé a la batalla por su defensa con decenas de escritos, entrevistas y labores periodísticas que he realizado durante todo este tiempo. Por eso, ahora que nuevamente ha sido declarado inocente por un tribunal de justicia de la mayor importancia e imparcialidad, le envío mis más sinceras felicitaciones.
El triunfo del coronel Plazas Vega es la prevalencia de la verdad sobre la mentira inventada por el M-19, de la justicia contra la infamia, y del honor contra la vergüenza. Pasaron 40 años de una persecución infame y es de esperar que así como un inocente ha sido absuelto una vez más, ahora los culpables sean condenados.
Pues bien, en su saña por encarcelar a los salvadores de la Patria, después de ser absuelto en Colombia, el coronel Plazas Vega fue acusado en los EEUU por abogados pagados por colectivos marxistas asociados al M-19 y a la familia del magistrado auxiliar Carlos Horacio Urán, quien murió asesinado por los terroristas en el Palacio de justicia. Y el Tribunal Federal del Estado de la Florida lo acaba de declarar INOCENTE de los cuatro crímenes por los cuales fue acusado, por absoluta unanimidad del jurado integrado por 10 personas.
El más poderoso bufete de abogados de los EEUU fue derrotado
Es de anotar que la demanda de la familia Urán fue conducida por la oficina de abogados más poderosa y grande de los EEUU, con sede en Los Ángeles. Wilson, Sonsini, Williams y Rosatti, es un bufete que cuenta con más de mil abogados a su servicio. El juicio fue conducido por 10 de estos abogados que se trasladaron a La Florida durante varias semanas, con todos los gastos pagados, facturando sus honorarios por cada hora de trabajo, como se acostumbra en ese país.
¿Quién pagó todos esos gastos legales? ¿De dónde salió el dinero para financiar ese proceso infame contra el coronel Plazas Vega?
Es evidente que todo ello es producto de una articulación internacional de la izquierda marxista, que lleva 40 años cambiando la realidad de lo ocurrido, para presentarlo como una masacre producida por el Ejército de Colombia.
Lo que tratan de cubrir con ese manto de mentira es que el asalto del M-19 fue financiado por el terrorista Pablo Escobar para impedir la extradición de los narcos y guerrilleros a los EEUU, para quemar sus expedientes criminales que reposaban en el Palacio de Justicia, para dar un golpe de estado contra el gobierno del presidente Belisario Betancur, tomarse el poder por las armas e imponer en Colombia una dictadura comunista.
El M-19 seguía el ejemplo de los sandinistas de Nicaragua
Eso mismo fue lo que habían hecho unos pocos meses antes los terroristas del Ejército Sandinista en Nicaragua, comandados por Daniel Ortega y dirigidos por Fidel Castro, que se tomaron por las armas el Congreso de Managua, derrocaron la dictadura de Somoza, se tomaron el poder, y hasta hoy lo conservan bajo la tiranía de Ortega, después de 40 años.
Ellos querían repetir esta historia en Colombia, pero el heroísmo del Ejército y de sus comandantes lo impidió. Y Colombia se salvó gracias a ellos, por lo cual es necesario rectificar el camino, devolver a la libertad al general Arias Cabrales, y contar la historia con la verdad, desenmascarando las mentiras que se construyeron durante este tiempo, siguiendo al pie de la petra una narrativa marxista.
¡Una vez más la luz brilla sobre las tinieblas, la verdad prevalece sobre la mentira, y la justicia se impone ante la infamia! Esperamos que esto perdure para siempre y Colombia entienda que el triunfo de Abelardo de la Espriella debe convertirse en una política de Estado para las próximas generaciones y no apenas para los próximos cuatro años. ¡La paz no se conseguirá jamás claudicando ante los criminales!
