Ocho años del más grande fraude en la historia de Colombia

Por Eugenio Trujillo | Villegas 3/10/2024


El 2 de octubre de 2016, hace exactamente ocho años, el pueblo colombiano fue objeto del más grande fraude de nuestra historia.

El Plebiscito fue el epílogo del proceso de paz de Santos con las FARC, para que los colombianos aceptaran o rechazaran el Acuerdo Final. Si éste no resultaba aprobado, sencillamente se cancelaba el proceso de paz y la totalidad de sus decisiones quedaban anuladas.

El gobierno realizó una propaganda colosal por todos los medios de comunicación, financiada con recursos públicos, para convencer a los electores de votar por el SÍ.

Simultáneamente, se prohibió a los medios conceder descuentos a la pauta publicitaria a favor del NO, lo cual fue una flagrante violación al principio de libertad de opinión. Cuando Tradición y Acción quiso publicar unos avisos de página entera en varios periódicos sobre las consecuencias nefastas del Acuerdo, su precio fue duplicado o triplicado, pues esas fueron las reglas del Plebiscito impuestas por el gobierno.

Además, todos los canales de TV, sus noticieros, las emisoras de radio y los periódicos fueron incondicionales propagandistas del SÍ, pues desde el inicio del proceso hacían propaganda sin límites a favor de la supuesta paz.

¡Pero hubo algo todavía más grave! Desacreditaron ante el País y ante el mundo a los partidarios del NO, acusándolos falsamente de ser enemigos de la paz y partidarios de la guerra. Pero contra todas las expectativas ganó el NO y el Acuerdo fue rechazado.

Santos y su camarilla de negociadores quedaron desconcertados. Pero esa derrota se convirtió en victoria dos días después, porque el presidente convocó al jefe único de la oposición, que era Álvaro Uribe, a los jefes de los partidos políticos, a los dignatarios del Congreso de la República y a los magistrados de las Altas Cortes. Entre todos acordaron proclamar que Colombia quería la paz, por lo cual había que aprobar el Acuerdo. Según ellos, de lo contrario las FARC desatarían un baño de sangre que era necesario evitar.

Entonces, sin la menor vergüenza, entre todos se robaron el resultado del Plebiscito, haciendo aprobar el Acuerdo en el Congreso de la República, para que después la Corte Constitucional lo declarara legítimo.

Poco después el expresidente Uribe escogió a Iván Duque como su candidato a la presidencia para suceder a Santos. Hicieron juntos la campaña presidencial prometiendo derogar el Acuerdo, desmontar la JEP e implementar de nuevo la exitosa política de “seguridad democrática”, que tuvo excelentes resultados durante la presidencia de Uribe. Lo cual no pasó de ser una fanfarronada para conseguir votos, pues apenas asumió la presidencia hizo lo contrario a lo prometido en la campaña electoral.

En consecuencia, lo que Colombia rechazó en el Plebiscito se convirtió en el manual de demolición del País, que destruye todo lo que funciona bien para reemplazarlo por entelequias marxistas que nos conducen al caos. Todo lo que Santos consideraba calumnias contra el proceso de paz, resultaron ser la más absoluta verdad. Pero hoy, después de ocho años, es evidente que la implementación del Acuerdo no consiguió ninguna paz para Colombia.

¡La realidad es exactamente lo contrario! Elbaño de sangre anunciado hace ocho años lo estamos viviendo ahora, pues las FARC no se desmovilizaron y continuaron la lucha armada; mantienen numerosos frentes de guerra, pero ahora se llaman disidencias; no entregaron su fortuna criminal producida por el narcotráfico, el secuestro, la extorsión y la minería ilegal; aumentaron los cultivos de coca de 50.000 a 300.000 hectáreas; no repararon a ninguna de las víctimas; no entregaron las armas; y continuaron sus andanzas criminales como la extorsión, el secuestro y el terrorismo.

Lo más escandaloso es que los crímenes de las FARC quedaron en la más absoluta impunidad. Después de seis años de funcionamiento de la JEP, el espurio tribunal que se creó para juzgarlos, no ha condenado a ningún guerrillero a un solo día de cárcel. En cambio, ha procesado y encarcelado a decenas de miembros de las FFAA y de Policía, y ahora anunció que hará lo mismo con 39 generales de la República.

Esa es la paz que nos vendió el mercader de la traición, que engañó al país y al mundo. Otorgando contratos de exploración petrolera a Equinor, la empresa petrolera de Noruega, se compró el premio Nobel de Paz. Quien fuera la presidente de esa empresa cuando se hizo el negocio, la señora Kaci Kullman Five, pasó a presidir el Comité que le otorgó el Nobel.

En síntesis, desde el primer día del Acuerdo nadie ha visto ninguna intención de paz por parte de las FARC. Pero lo que sí hemos visto hasta la saciedad son los grotescos privilegios que recibieron los guerrilleros desde entonces. Además de la más abyecta impunidad, se pasean victoriosos por toda Colombia, financiados, protegidos y transportados en vehículos blindados del Estado.

Muy pocos previeron y advirtieron esta catástrofe, pues la mayoría de los dirigentes empresariales, políticos y religiosos solo tuvieron aplausos para esta tragedia anunciada. Tradición y Acción fue la única entidad que denunció los hechos y proclamó la verdad, pero no fue escuchada. En realidad, el proceso de paz fue la entrega del país a sus enemigos.

En pocos días publicaré un libro con todas las advertencias que se hicieron a lo largo del proceso, publicadas en los principales periódicos del País entre 2012 y 2016. Será la más extraordinaria memoria histórica que se haya escrito sobre la tragedia actual de Colombia, que la está conduciendo hacia la debacle.

Información sacada de:

https://lalinternaazul2.wordpress.com/2024/10/07/ocho-anos-del-mas-grande-fraude-en-la-historia-de-colombia/

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