Por Centro Cultural Cruzada | 26/02/25

Nos permitimos publicar aquí un artículo del Profesor Plinio Correa de Oliveira escrito para la Revista “O Legionario” de Sao Paulo Brasil.
El Dr Plinio analizaba el nazismo y el progresismo que confundían al público católico en esas décadas del 1930 y 1940 presentando una opción diferente a la que queremos, esta es, la Civilización Cristiana y el orden católico.
Vemos muchas analogías entre la corrientes nazis y las comunistas, con las de Trump y Putín.
En la época del artículos los “enemigos – amigos” eran el nazismo y el comunismo, que llegaron a firmar el famoso Acuerdo Ribentrop Molotov.¿Se estará repitiendo la historia? La historia lo dirá, todavía es prematuro una opinión definitiva, dejamos aquí este artículo para crear sanas suspicacias para que no nos encuentren desprevenidos.
Se va configurando un nuevo orden

Plinio Corrêa de Oliveira, intelectual y líder católico tradicionalista brasileño, fue una figura destacada en la defensa de los principios cristianos y en la oposición a ideologías que consideraba contrarias a la civilización cristiana, incluyendo el nazismo. Aunque es más conocido por su lucha anticomunista y por fundar la Sociedad Brasileña de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad (TFP), su postura antinazi también formó parte integral de su visión ideológica, especialmente durante los años de la Segunda Guerra Mundial.
Corrêa de Oliveira veía el nazismo como una manifestación del paganismo y una amenaza directa a los valores cristianos y al orden moral. En sus escritos y artículos, publicados principalmente en el semanario Legionário —del que fue director entre 1935 y 1947—, denunció el régimen de Hitler como una forma de barbarie moderna. Para él, el nazismo no era solo un movimiento político, sino una «anti-idea» que encarnaba la rebelión contra la fe católica y la tradición. En un artículo de diciembre de 1943 en Legionário, titulado «7 Días en Revista», comparó a Hitler con Atila, el líder huno, afirmando que el nazismo representaba una mentalidad destructiva que persistiría incluso después de la derrota militar del Tercer Reich, por ejemplo, en actitudes como la hostilidad hacia la vida.
Durante la guerra, analizó la relación ambigua entre el nazismo y el comunismo, a los que consideraba «hermanos enemigos» unidos por su odio a la civilización cristiana. Observó cómo, en ciertos momentos, los nazis parecían facilitar el avance soviético en Europa del Este, lo que interpretó como una traición que entregaba el continente al bolchevismo. Esta perspectiva se reflejó en sus escritos de 1944, donde advirtió que la caída del nazismo no debía cegarnos ante la amenaza persistente del comunismo, que él veía como el próximo gran desafío.

Su lucha antinazi no fue solo teórica. Como líder católico, abogó por una resistencia espiritual y cultural frente a las ideologías totalitarias. En Brasil, un país que eventualmente se unió a los Aliados en 1942, Corrêa de Oliveira defendió que la participación en la guerra solo tendría sentido si se hacía «con la cruz en la mano», es decir, desde una perspectiva profundamente cristiana. Rechazó tanto el fascismo como el progresismo que emergía en la propaganda aliada, manteniendo una postura independiente basada en su fe.
En resumen, la lucha antinazi de Plinio Corrêa de Oliveira se expresó principalmente a través de su pluma y su liderazgo intelectual. Vio en el nazismo una encarnación de la decadencia moral y espiritual, y lo combatió como parte de su misión más amplia de preservar la civilización cristiana frente a las fuerzas revolucionarias de su tiempo. Su enfoque, aunque menos documentado que su anticomunismo, fue coherente con su visión contrarrevolucionaria y su compromiso con la Iglesia Católica.
