Trump y el dilema de un nuevo orden mundial | 7 Días en Revista

Trump y el dilema de un nuevo orden mundial | 7 Días en Revista

¿Un orden pro Occidente cristiano?

La figura de Donald Trump plantea una dicotomía difícil de ignorar. Por un lado, su vida personal ha sido ampliamente cuestionada desde el punto de vista moral; por otro, su gobierno y su proyecto político son interpretados por muchos como un intento de restauración del Occidente cristiano frente al avance de una revolución cultural, moral y social que se expresa en fenómenos como la cultura woke, la Agenda 2030 y la aspiración a un nuevo orden mundial de carácter socialista.

Desde esta perspectiva, más que analizar quién es Trump como individuo, resulta clave observar qué representa. Para sus defensores, simboliza una reacción global —tardía pero necesaria— frente a la imposición de modelos ideológicos que relativizan la verdad, sustituyéndola por la voluntad popular y los llamados “derechos humanos” entendidos como expresión de pasiones desordenadas: el liberalismo sexual sin límites, la envidia como principio de organización social o el ateísmo como norma cultural.

Ruptura con el orden internacional vigente

En apenas un año, Trump habría contribuido a modificar de manera profunda el panorama internacional. Su política exterior se caracteriza por el desconocimiento de organismos multilaterales como la ONU y la OMS, y por el retiro de Estados Unidos de decenas de instituciones internacionales que, según esta visión crítica, buscaban imponer una dictadura ideológica y una suerte de religión universal desligada de la verdad objetiva.

Esta ruptura se extiende también al sistema económico y jurídico internacional. Trump cuestiona el modelo del GATT y de la Organización Mundial del Comercio, y pone en tela de juicio el orden internacional basado en una concepción liberal de la democracia. A su vez, rechaza la Corte Penal Internacional, reafirmando el papel central de las soberanías nacionales.

El objetivo declarado sería reformular el llamado “derecho internacional” y restablecer principios considerados perennes, capaces de devolver al mundo un orden frente al caos contemporáneo.

Seguridad hemisférica y liderazgo estadounidense

En este nuevo escenario, Estados Unidos impulsa una reorganización de la seguridad regional. La convocatoria a una cumbre militar panamericana, prevista para el 11 de febrero, busca alinear doctrinas y capacidades de los 34 países del continente bajo el liderazgo estadounidense. No se trata de un encuentro simbólico, sino de una definición estratégica frente al colapso del eje Venezuela–Cuba, la presión del crimen transnacional y la creciente presencia de actores extrahemisféricos como China, Rusia e Irán.

El mensaje es claro: cooperación sí, ambigüedades no. El tablero regional ha cambiado y cada nación deberá decidir si se suma al nuevo esquema o queda al margen.

La gran disyuntiva

Existen medidas del proyecto trumpista que generan expectativas y aplausos: el cerco a las dictaduras de Venezuela y Cuba, la lucha contra el narcotráfico, la presión sobre el régimen iraní y la promesa de restablecer el orden frente al avance del terrorismo y el crimen organizado.

Sin embargo, surge una pregunta de fondo: ¿a qué costo? En foros internacionales como Davos se ha hablado incluso de la necesidad de una dictadura para restablecer el orden. La tradición tomista reconoce que, en situaciones extremas, una autoridad fuerte puede ser legítima, pero solo si es temporal y orientada a devolver el poder a una institucionalidad corregida.

¿Será este nuevo orden impulsado por Estados Unidos un medio transitorio o un sistema permanente? Si triunfa, solo podría justificarse si se apoya en principios perennes y religiosos. Si fracasa, el riesgo es aún mayor: una izquierda fortalecida podría imponer una dictadura más dura y global, reivindicando el fracaso como excusa para profundizar su agenda.

Implicaciones para Colombia

Colombia no sería ajena a un eventual fracaso de este proyecto. Amplios sectores del país esperan un respaldo firme de Estados Unidos para enfrentar el narcotráfico, el terrorismo y la consolidación de territorios controlados por grupos armados como las FARC y el ELN. A ello se suma la amenaza de una migración de actores criminales desde Venezuela.

También se reclama una observación internacional rigurosa de los procesos electorales, que garantice transparencia y evite fraudes que podrían hundir al país en una crisis institucional de largo plazo.

Disminuye el porcentaje de católicos en Iberoamérica

Un reciente estudio del Pew Research Center, publicado el 21 de enero de 2025 y basado en más de 6.200 entrevistas realizadas en 2024, revela una caída significativa del catolicismo en Iberoamérica. Aunque sigue siendo la religión mayoritaria, su presencia se ha reducido entre 9 y 19 puntos porcentuales en la última década.

Colombia encabeza esta disminución, con una pérdida cercana al 19 % de su población católica. En paralelo, crece el grupo de personas no afiliadas religiosamente —los llamados nones— que incluye ateos, agnósticos y quienes no se identifican con ninguna confesión específica.

Causas de la crisis de fe

Entre las causas señaladas destacan:

  • La influencia de la Teología de la Liberación, considerada por sus críticos como una vía de penetración del comunismo en varios países de la región.

  • La condescendencia frente a la cultura woke, visible en ciertas pastorales y discursos ambiguos.

  • La falta de testimonio y santidad en amplios sectores de la jerarquía eclesiástica, lo que habría contribuido a una apostasía silenciosa.

Este panorama contrasta con expresiones públicas de fe como la March for Life en Washington, donde numerosos movimientos —incluida la TFP— han manifestado un fuerte sentido religioso, con abundantes imágenes de la Virgen María y un testimonio explícitamente cristiano.

Un llamado a recuperar el sentido sobrenatural

El retorno al orden occidental y cristiano solo será posible si se inspira en principios perennes y en un sentido sobrenatural auténtico. El caos actual —marcado por la irreligión y la corrupción— exige una conversión profunda, tanto personal como social.

Las profecías de Nuestra Señora de Fátima recuerdan que los errores se extenderán por el mundo, provocando persecuciones y sufrimientos, pero también anuncian una promesa final: el triunfo de su Inmaculado Corazón.

Llamado final

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