Apelo a los obispos silenciosos

Por Eugenio Trujillo Villegas | 6/06/2025

Los obispos son los sucesores legítimos de los apóstoles. Sobre ellos recae el mandato expreso de Nuestro Señor Jesucristo de apacentar las ovejas, de protegerlas de los lobos y de enseñarles la verdad, la ortodoxia y la práctica de la verdadera fe.

Eso es lo que han hecho los obispos a lo largo de veinte siglos, aunque el cumplimiento de ese deber sagrado les haya acarreado persecuciones, cárcel y muerte, pues muchos han sido mártires.

El Pastor debe defender las ovejas de los lobos

El obispo está obligado a orientar a sus fieles. Puede hacerlo por medio de Cartas Pastorales o pronunciamientos públicos, individuales o colectivos, destinados a proclamar la doctrina verdadera y enfrentar los errores del momento. Esto es lo que la Iglesia ha hecho siempre, en todas las épocas, en todas las circunstancias, con voz clara y fuerte para que el mundo escuche.

Sin embargo, en estos días aciagos, es lamentable constatar que los obispos de Colombia guardan sepulcral silencio ante la magnitud de la demolición que presenciamos. El marxismo cultural que inunda el mundo ha hecho grandes estragos en nuestra sociedad, que son tan evidentes que ni es necesario mencionarlos.

Pero, peor que eso, vivimos una situación de desgobierno y de indignidad en la ejecución del mandato presidencial, que es el más grave de los problemas actuales del país. Se pretende imponer un conjunto de reformas sociales descabelladas que amenazan con destruir las instituciones, pero ante ello los obispos guardan silencio.

Tenemos un presidente ilegítimo, elegido mediante fraude, sumergido en las profundidades viciosas de las drogas, ausente de los problemas que él tiene obligación de resolver, y rodeado de la más escabrosa corte de corruptos y sátrapas que alguna vez pudo imaginarse que podrían ocupar los más altos cargos del gobierno. Además, se pelean a muerte entre ellos.

No hay un elefante en la casa presidencial, sino una manada

Hace 30 años, ante una situación parecida pero menos grave, el arzobispo de Bogotá, cardenal Pedro Rubiano, acuñó una expresión que nunca se borrará de la memoria de los colombianos, afirmando que el presidente de la época tenía un elefante dentro de su casa y no se había dado cuenta.

Pues bien, el presidente de ahora no tiene un elefante en su casa, sino una manada. Y sus locuras marxistas están desmantelando la nación, llevándola al caos y a la violación de todas las normas constitucionales.

Ante esta amenaza para el País, para la Iglesia y para Colombia: ¿La Conferencia Episcopal no tiene nada qué decir? ¿No hay orientación alguna hacia aquellos que tienen fe y confían en ellos como Pastores?

Pues parece que no. La respuesta del Episcopado es el silencio, mientras que Colombia se deshace como nación y se va configurando en el horizonte un panorama de guerra civil, porque el gobierno le prohíbe expresamente a las Fuerzas Armadas que defiendan las instituciones amenazadas. Simultáneamente, protege a todos los gropos terroristas y subversivos, que actúan con absoluta impunidad en todo el territorio nacional.

En medio de esta tragedia, me atrevo a preguntar: ¿Alguien escuchó la voz de algún obispo de Colombia para defender las instituciones amenazadas? ¿O a las víctimas de la guerrilla marxista que han sido asesinadas, secuestradas y extorsionadas? ¿O a las decenas de miles de personas obligadas a abandonar sus territorios y propiedades ante las amenazas de muerte de los grupos terroristas?

Es lamentable tener que afirmar que no hemos escuchado nada, o casi nada. Sin embargo, lo que sí hemos escuchado con absoluta claridad, es que esos mismos obispos están listos para participar en cuanta mesa de negociación se organiza para hablar con los grupos terroristas, sin que se resuelva nada.

Y también escuchamos que por los días de la pasada Semana Santa, el vocero de la Conferencia Episcopal le pidió al Senado de la República que debían aprobar las reformas sociales promovidas por el gobierno para así alcanzar la paz. O sea, que se apruebe la reforma de la salud, para que la gente se muera en las calles. Y que se apruebe la reforma laboral, para que se pierdan 500.000 o 1.000.000 de empleos. ¡Para eso sí tienen voz los obispos de Colombia! ¡Para eso sí se pronuncian con claridad!

Mientras el país acompaña impasible la demolición del Estado de Derecho, y las más importantes instituciones del Estado abandonan cobardemente sus deberes constitucionales, el Gobierno prepara la implantación de una dictadura a través de la imposición de la Consulta Popular. Ante esto, los obispos duermen profundamente y no parecen darse cuenta de lo que acontece.

Deberían recordar que su obligación es defender las ovejas de los lobos hambrientos. Que su voz debería despertar al pueblo fiel, que está siendo llevado a la destrucción. Que la implantación del comunismo, que es la meta final del actual gobierno, implica también la persecución y destrucción de la Iglesia.

Implacable persecución del comunismo a los católicos

Si todavía no lo creen, y piensan que esto son exageraciones sin fundamento, deberían leer las noticas que llegan de Nicaragua, en donde el dictador Ortega prohibió el culto católico, proscribió las órdenes religiosas y encarceló a varios obispos, religiosos y monjas. Y eso que esa revolución sandinista que se realizó hace 30 años en nombre de la Teología de la Liberación, se hizo gracias al apoyo incondicional de esos mismos obispos, sacerdotes y monjas.

Son hechos vergonzosos que ya están escritos en la historia y que nadie podrá decir que no acontecieron. Pero que se pueden estar repitiendo en Colombia, cuando los Pastores se abrazan con los lobos dizque para conseguir la paz, pero lamentablemente lo que obtienen es guerra, esclavitud y destrucción.

Información sacada de:

https://lalinternaazul2.wordpress.com/2025/06/07/apelo-a-los-obispos-silenciosos/

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