El adiós del último Aureliano
- Eugenio Trujillo
En sus confusas y frecuentes peroratas, el expresidente Petro, con los ojos enrojecidos por efectos de la droga y el alcohol, afirmaba que él era el último de los aurelianos.
Hacía referencia al realismo mágico de Macondo, donde la estirpe numerosa de Aureliano Buendía gobernaba en medio de las extravagancias fantásticas de un mundo imaginario.
La familia Buendía, en la cual casi todos los hombres se llamaban Aureliano, expresaba sus locuras en forma similar a como lo hacía Petro, quien se creía el espadachín del universo, mitómano salvador de las naciones y líder galáctico que llegó al poder para salvar a Colombia de los ricos y conducirla a la gloria.
¡Sin embargo, qué lejos estaba de cumplir sus fantasías! El Aureliano que padecimos pasó los cuatro años de su mandato anunciando delirantes promesas, pero no cumplió ninguna. Su única y fantástica realización como presidente de Colombia fue la destrucción de todo lo que funcionaba en el País.
La catástrofe no fue mayor porque es un vago desordenado que no consigue hacer realidad ni una sola de sus locuras. Todos los anuncios de Petro se quedaban en retórica, sin cumplimiento alguno y en planes grandilocuentes que ni siquiera avanzaron el primer paso. Además, todo su equipo de gobierno se dedicó a robar, de tal forma que con esa pandilla criminal era imposible hacer cualquier cosa.
El último Aureliano nació con cola de puerco
Como vago empedernido e ignorante absoluto de todas las materias y oficios, se consideraba el genio incomprendido que conocía todas las soluciones. Se enorgullecía de ser el último Aureliano, pero al parecer nadie le dijo que ese personaje nació con cola de puerco y que poco después se lo comieron las hormigas. Con esta tragedia horrorosa se cerró el ciclo de una estirpe que se convirtió en leyenda gracias a la imaginación desbordada del realismo mágico.
Este detalle me lo recordó un amigo de Brasil, que me escribió a propósito de mi artículo anterior, en el cual describía la “olla” de podredumbre en la que se transformó la Casa de Nariño, residencia honrosa de los presidentes de Colombia, que fue convertida por Petro en un lupanar de orgías, desfalcos y brujería satánica.
No deja de tener un tinte profético el episodio escabroso de las hormigas, pues eso es exactamente lo que le va a acontecer al último Aureliano. No me refiero a las hormigas reales, sino a que ellas simbolizan la colosal cantidad de procesos judiciales que se abrirán contra Petro y su gobierno por todas las corruptelas y delitos de su administración.
Cada proceso, cada investigación y cada demanda penal contra él será como una hormiga asesina, y serán tantos, que parecerán una horda que va a devorar a un personaje que se pasó el tiempo de su presidencia delinquiendo y destruyendo el País.
El nuevo gobierno de Abelardo de la Espriella tiene la responsabilidad histórica de investigar cada uno de los desfalcos y rapiñas de esta pandilla criminal que dejó desmantelado al Estado. Colombia tiene que averiguar cómo se robaron el dinero del presupuesto de la nación durante cuatro años, quiénes fueron los responsables, a dónde se llevaron esos recursos inmensos, para recuperarlos y devolverlos a las instituciones saqueadas.
Además, es urgente conocer las complicidades de Petro con las estructuras criminales de los grupos terroristas. En el horror de la llamada “paz total” muchos terroristas salieron de las cárceles y fueron nombrados gestores de paz. Los jefes de los grupos terroristas vivían como reyes porque ninguna autoridad los perseguía, mientras negociaban con coca, mataban y secuestraban inocentes, se apoderaban de regiones enteras y sembraban el terror entre la población campesina en medio de la más absoluta impunidad.
Este periodo oscuro de nuestra historia bien podría denominarse “Cien años de pillaje”, aunque apenas duró cuatro años. Y cada investigación, cada proceso, cada incautación de recursos robados, será como una hormiga que muerde al desdichado Aureliano, que tendrá que pagar ante la justicia por todo el mal que le hizo a Colombia.
Los organismos de control se cruzaron de brazos
Cuando se conozca la verdad, será necesario determinar por qué los organismos de control del Estado no actuaron en absoluto. La Contraloría debe revisar todas las cuentas que paga el Estado para impedir la corrupción, pero no se conoce una sola medida durante el gobierno de Petro para detener el saqueo de las arcas públicas.
Sólo en los meses previos a las elecciones presidenciales se firmaron 800.000 contratos de prestación de servicios, por 31 billones de pesos ($10.000 millones de dólares). Y en los cuatro años de Petro la deuda externa aumentó en $100.000 millones de dólares, sin que nadie sepa dónde se invirtieron, pues no se construyó ninguna obra importante. ¿Qué responsabilidad tiene la Contraloría, que no hizo absolutamente nada para combatir la corrupción del petrismo?
La Procuraduría tampoco hizo investigación alguna a los miles de funcionarios comprometidos con las corruptelas del Gobierno. Y menos aún la Fiscalía de bolsillo. Las tres instituciones de control del Estado se cruzaron de brazos sin hacer nada ante la voracidad de la corrupción, con una que otra excepción, como es el caso de los robos millonarios de La Guajira, a donde nunca llegó un litro de agua a las poblaciones sedientas. Hasta ahora, las investigaciones realizadas, incluyendo la captura de los ministros involucrados con el desfalco a la UNGRD, han sido realizadas por la Corte Suprema de Justicia.
Ahora que van a avanzar las investigaciones veremos con certeza que la realidad va a superar la ficción. Todos los hechos de corrupción deben ser conocidos y los responsables deben ser castigados con cárcel, y no en prisiones domiciliarias, que en realidad son mansiones adquiridas con los dineros robados. Esa será la garantía para que este horror que vivimos no se repita jamás, y las generaciones futuras entiendan que elegir guerrilleros en la presidencia de la República es un error fatal que multiplica el subdesarrollo y la pobreza.
Colombia estará atenta a las investigaciones, que sin duda se extenderán por medio mundo, porque las mafias comunistas que saquearon a Colombia hacen parte de las grandes multinacionales del crimen.
Fuente: la linterna azul
