EL VALOR DE LA VIDA UN DEBATE ETICO Y MORAL

Por Mons. José Mauricio Vélez García Obispo Auxiliar Arquidiócesis de Medellín | Periódico Misión #117 4/2025

Desde tiempos inmemoriales, la vida ha sido considerada un don sagrado, un derecho inalienable que debe ser en todas sus formas. En este contexto, el aborto sigue siendo un tema de profundo debate en el mundo, donde se enfrentan visiones éticas, religiosas, científicas y legales sobre la dignidad del ser humano desde la concepción.
Para la Iglesia católica, el aborto constituye un atentado contra la vida inocente e indefensa, y respalda esta postura con el Derecho Canónico, la ciencia y la doctrina cristiana.

La Sagrada Escritura ya proclamaba la sacralidad de la vida desde el vientre materno. En el libro de Jeremías se lee: «Antes de formarte en el seno materno, te conocí; antes de que nacieras, te consagré» (Jer. 1,5). Esta enseñanza ha
sido reafirmada a lo largo de la historia por la Iglesia, que establece en el Catecismo de la Iglesia Católica, en su numeral 2270: «La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la».

No se trata únicamente de una cuestión moralmente reprochable, sino también de la negación del derecho a la vida del no nacido.

Desde el punto de vista canónico, la normativa es clara. El Código de Derecho Canónico, en su canon 1397, dispone en su numeral 2º que quien procure un aborto, si este se produce, incurre en exco

munión latae sententiae, es decir, automática. Esta sanción resalta la gravedad del acto y busca llamar a la a quienes
han participado en él. No obstante, la Iglesia, como madre misericordiosa, ofrece caminos de reconciliación mediante el sacramento de la confesión a quienes se arrepientan sinceramente.

El debate sobre el aborto en Colombia ha tomado una nueva dimensión con la Resolución 051 del 12 de enero de 2023, expedida por el Ministerio de Salud.

Esta normativa no solo regula la práctica del aborto dentro de los lineamientos de la Corte Constitucional, sino que amplía sus alcances de manera preocupante.

La despenalización del aborto hasta la semana 24 de gestación, establecida en principio para casos extremos en la sentencia C-355 de 2006, se ve ahora complementada por disposiciones que facilitan su acceso sin restricciones
significativas.

Uno de los aspectos que más llaman la atención de esta regulación, es la posibilidad de que menores de 14 años accedan al aborto sin el consentimiento de sus padres o tutores.

El Ministerio de Salud argumenta que el término «mujeres» abarca a todas las personas capaces de gestar,
incluyendo adolescentes y niñas.

Sin embargo, este enfoque ignora la madurez psicológica necesaria para tomar una decisión tan trascendental.

A los 14 años, una persona aún no posee el discernimiento ni los criterios suficientes para valorar todas las de una elección de tal magnitud.

El aborto es, ante todo, un problema de justicia social y moral, por lo que trasciende el ámbito legal o de salud pública. Mientras algunos lo presentan como un “derecho” basado en la autonomía y la igualdad, la realidad es que implica la eliminación de una vida humana. La ciencia ha demostrado que desde la concepción existe un ADN único e irrepetible, lo que confirma la humanidad del no nacido. Negar este hecho supone desconocer la verdad biológica y
ética.

La solución a los embarazos no planificados no puede ser la eliminación de la vida. En lugar de promover el aborto como una salida, es imperativo fortalecer las redes de apoyo familiar, la educación en valores y la responsabilidad afectiva. Como sociedad, se debe garantizar que las mujeres en situación de vulnerabilidad reciban la ayuda necesaria para enfrentar la maternidad con dignidad y esperanza.

El aborto deja una huella profunda en la conciencia de quienes lo practican. Muchas mujeres experimentan un vacío emocional y el peso de la culpa tras haber tomado esta decisión. La verdadera justicia radica en proteger tanto a la
madre como al hijo, asegurando que el miedo y la presión social no las conduzcan a decisiones irreversibles.

Ante este panorama, es necesario un llamado a la reflexión y a la defensa firme del derecho a la vida. Como cristianos y ciudadanos, debemos trabajar en la construcción de una cultura que valore y respete la vida desde su concepción hasta su muerte natural. Que cada acción y cada oración sean testimonio de amor y defensa de los más indefensos. La batalla por la justicia y la verdad continúa, y cada vida salvada representa una victoria en favor de la humanidad.

Información sacada de:

https://arqmedellin.co/prensa/mision-117/

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