La “Olla de Nariño”: epicentro de la degradación de Colombia
- Eugenio Trujillo
El realismo mágico es un estilo literario creado en el siglo pasado, en el cual los hechos más insólitos e imposibles según la lógica y el sentido común, se convierten en episodios comunes de la vida cotidiana.
Hasta ahora, esa forma particular de narrar algunos hechos ha sido exclusiva de la literatura y del cine, que tienen la libertad de inventar historias y convertirlas en relatos míticos que llegan hasta los confines de la imaginación.
El realismo mágico es una fantasía del pensamiento, que tanto puede ser muy divertida como espantosamente trágica.
El realismo mágico se convierte en realidad
Lo que no había pasado es que hechos reales hayan superado los más estrambóticos delirios de la ficción y del realismo mágico. Pero lo que parecía imposible se volvió realidad, y tiene como protagonista a quien se autodenomina el “último de los aurelianos”, en referencia a Aureliano Buendía, el protagonista de una buena novela escrita por una pésima persona. Quien se auto proclama así, no puede ser otro que Gustavo Petro.
Los hechos delirantes acontecen alrededor de la Casa de Nariño, donde residen los presidentes de Colombia. Este elegante palacio, que ha sido sede del gobierno y residencia de los presidentes desde hace un siglo, en los últimos cuatro años se ha convertido en la “olla” más pestilente de Colombia.
“Olla”, es un término con el que se designa en Colombia al sector más degradado de una ciudad. Es lo peor, lo más bajo, lo más abyecto, donde se dan cita los habitantes de la calle, los viciosos, los drogadictos, las prostitutas, los ladrones, los atracadores y todos los que representan el lumpen social.
La “olla” es la casa de todos ellos, su centro de operaciones, el lugar donde viven felices haciendo daño a la sociedad y al Estado de Derecho que ellos desprecian.
Pues bien, aunque parezca inverosímil, la casa presidencial se ha convertido exactamente en eso. Con el agravante absurdo de que todas las instituciones que deberían controlar, vigilar, evitar, investigar e impedir que se cometan delitos en cualquier lugar del País, han cerrado los ojos para no ver las atrocidades ocurridas en ese recinto durante el presente gobierno.
Apenas conocemos la punta del iceberg
Lo que conocemos hasta ahora es apenas la punta del iceberg, lo cual ya es suficiente para encender las estelas de perplejidad que iluminarán el cielo de la Patria por varios siglos. Las generaciones futuras se preguntarán cómo fue posible que pasara lo que hoy los colombianos vemos con despreocupación incomprensible.
Allí llegaron unas maletas llenas de dinero que desaparecieron misteriosamente, que después generaron unas investigaciones ilegales que terminaron con el asesinato de un coronel de la Policía que sabía la verdad, pero el gobierno dijo que se había suicidado.
Desde allí se ordenó el saqueo de la Unidad de Gestión de Riesgo, de la cual se robaron varios billones de pesos por orden de los ministros de Hacienda y del Interior, que ahora están presos. También, de allí salieron las órdenes para desfalcar la Dirección Nacional de Inteligencia, cuyo presupuesto se esfumó, donde los directivos eran guerrilleros del M-19 y el principal de ellos está prófugo en Nicaragua.
Allí se planeó la destrucción de Ecopetrol, la principal empresa de Colombia. Desde allí salieron otras maletas con dinero para comprar a los presidentes del Senado y la Cámara, para aprobar los proyectos del gobierno en el Congreso.
Allí se negoció la impunidad para el hijo y el hermano del presidente, acusados de graves delitos electorales, y de robarse grandes sumas de dineros mafiosos, que dizque eran para la campaña presidencial. Allí vivía la ex primera dama rodeada de un séquito de ladrones dedicados a cobrar millonarias coimas, mientras ella viajaba por el mundo con ínfulas de reina millonaria.
Desde allí se hicieron los nombramientos de decenas de funcionarios públicos incompetentes e ignorantes, que no sabían absolutamente nada de las responsabilidades que iban a asumir, y que terminaron sembrando el caos y la corrupción en todas las dependencias del Estado.
Allí se ordenó el asesinato del candidato presidencial Miguel Uribe, cuya investigación no avanza, a no ser para descubrir los menos importantes eslabones del magnicidio. Allí se establecieron las comunicaciones con los jefes de las organizaciones terroristas de las FARC, el ELN y el Cartel del Golfo, que han estado protegidos desde la presidencia de la República. Desde allí se anunció el fatídico “chu, chu, chu”, con el cual se desmanteló uno de los mejores sistemas de salud del mundo, para matar a millones de personas que ahora no tienen asistencia médica.
Más recientemente, se ha conocido también que era el epicentro de las orgías del presidente con jovencitas desvergonzadas, que aprovechaban las relaciones del poder para hacer negocios multimillonarios con las más importantes entidades del Estado. Tal como lo anunció Petro en un Consejo de ministros televisado a todo el país, las mujeres que consiguen conectar su clítorix con el cerebro son exitosas, y vaya que algunas de ellas lo demostraron en forma exponencial, ante el silencio cobarde de las feministas que guardaron silencio.
Finalmente, en la “olla” se practicaban habitualmente cultos de brujería satánica, con los cuales se pedía la protección del demonio a todas las tramas que desde allí se planificaban, y se revestía con poderes ocultos a los funcionarios que las ejecutaban, como los trajes blancos que Petro usa con frecuencia.
La maldad de la izquierda marxista
Tendremos que esperar la llegada del nuevo gobierno para que esta noche oscura que padecemos sea iluminada con los reflectores de la verdad y se conozcan los hechos, se esclarezca la verdad y se castigue a los culpables. Tenemos que confirmar si todo esto corresponde a un articulado plan criminal, en el cual alguien tiene que haber dado las órdenes para consumar la demolición del País. El mundo y la Historia tienen que conocer la maldad que la izquierda marxista es capaz de practicar cuando llega al poder.
Será una lección para nunca olvidar. Que nunca más a los colombianos se les ocurra pensar que es buena idea elegir a un guerrillero, borracho, drogadicto, vicioso, ladrón, corrompido e inmoral como presidente de la República. Y que rodearse de personas iguales o peores que él para gobernar, no solo es mala idea, sino que constituye una de las aberraciones más grandes de nuestra historia, que es necesario proclamar y mostrar ante el mundo, para que esta aciaga noche no se repita jamás, porque las tinieblas se apoderaron de Colombia durante cuatro años.
